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ABC MIÉRCOLES 16 2 2005 23 La coalición chií vencedora en las elecciones de Irak propone a Ibrahim el- Yaafari como primer ministro Uribe y Chávez cierran la peor crisis bilateral de las últimas dos décadas entre Colombia y Venezuela En un tablero de ajedrez en el que el movimiento de una pieza, por nimio que sea, afecta al desarrollo de la partida, el asesinato de Hariri puede desestabilizar toda la zona Torre come alfil en Oriente Próximo TEXTO JUAN CIERCO. CORRESPONSAL AFP ayer con fuerzas renovadas la dimisión del aparato de poder y la retirada total de las fuerzas sirias antes de las elecciones legislativas previstas para la próxima primavera. En numerosas localidades libanesas se celebraron manifestaciones para denunciar el asesinato y acusar a Siria. Aunque no se registraron incidentes graves, en Sidón, ciudad natal de Hariri, varios manifestantes furiosos agredieron a un grupo de obreros sirios, según la Policía. Investigación internacional Las fuerzas de la oposición, al igual que numerosos gobiernos, entre ellos los de España, Francia, Alemania y Estados Unidos, pidieron una investigación internacional del atentado. El Ejecutivo libanés, a través del titular de Interior, rechazó esta posibilidad por considerarla inaceptable, ya que los servicios de investigación recurrirán, si lo consideran necesario, a expertos de países neutrales En la misma lí- nea se situaron Arabia Saudí y otros países árabes, que consideran esta petición ofensiva para la independencia del Líbano La mayor parte de la prensa local consideraba ayer que el atentado sume al País del Cedro en un periodo de profunda incertidumbre. Hariri murió como un mártir y el Líbano se ha sumido en la tormenta titulaba As Safir. Para el opositor An Nahar, el infierno ha prendido de nuevo de Beirut Al Mustaqbal, perteneciente a Hariri, afirmaba que murió como un mártir por el Líbano y recogía en su portada las acusaciones de la oposición contra Siria y el poder libanés. En Nueva York, el Consejo de Seguridad de la ONU condenó el ataque terrorista y expresó su preocupación por la posibilidad de que Líbano sufra una mayor desestabilización En un comunicado, recordó además la resolución 1.559, de octubre de 2004, en la que pedía la retirada de todas las fuerzas sirias de Líbano. JERUSALÉN. El tablero de ajedrez que es Oriente Próximo, con sus millones de combinaciones para desmoralizar e impacientar al más concentrado de los jugadores, se tambalea una vez más. El asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri en Beirut afectará, y cómo, el futuro inmediato del País del Cedro, tutelado por Siria. Pero no sólo. El atentado tendrá sin duda su particular e inestable repercusión en toda la región, tan frágil, tan cogida siempre con alfileres que un estornudo en El Cairo provoca un catarro en Beirut y una gripe en Teherán. Si eso pasa con un estornudo, imagínense con un coche bomba cargado con 300 kilogramos de explosivos que acaba con la vida de un ex primer ministro libanés, opuesto en sus últimos devaneos políticos, no antes, a la presencia militar siria en su país, mientras Damasco desoye las exigencias de la comunidad internacional (resolución 1.559 del Consejo de Seguridad de la ONU) para retirar sus tropas y se siente en el centro de todas las dianas. El momento elegido, como suelen hacer los enemigos de la paz, el peor de los posibles. Las elecciones en Palestina e Irak y la cumbre de Sharm el- Sheij entre el eje del bien árabe y su eterno enemigo, Ariel Sharón, habían levantado el ánimo. La chispa beirutí puede provocar un nuevo estallido regional. Ahí están, por ejemplo, las acusaciones cruzadas sobre la responsabilidad del atentado. Casi todos los dedos señalan a Damasco, que niega la mayor y apunta a Tel Aviv; que devuelve la pelota a Siria con rebote anterior en Irán; que no duda en acusar a las organizaciones sionistas y norteamericanas; que exigen la salida de las tropas sirias del Líbano; que se resiste sin demasiado éxito a recorrer el camino de regreso a su pasado más tétrico... La partida está ya muy avanzada. Las blancas tienen una posición ventajosa pero las negras se han atrincherado en una defensa numantina difícil de superar. La torre blanca se acaba de comer el alfil negro en Beirut pero el rey y la dama están protegidos y dispuestos a dar guerra. Hizbolá, Hamás y el Yihad Islámico, con el apoyo en la distancia de Damasco y Teherán, apuestan por una estrategia nada coincidente con los nuevos aires que se respiran en la zona. Los temores a que el siguiente en la lista de bajas prematuras y violentas sea el nuevo presidente palestino, Mahmud Abbas, no son infundados. Las ambiciones nucleares iraníes están al fondo. La democratización forzada de regímenes autocráticos (Egipto, Arabia Saudí) no satisface a todos. El terrorismo de corte islamista se alimenta a sí mismo. El conflicto palestino- israelí está tan lejos como la paz entre Siria e Israel. La venta de misiles rusos a Damasco está confirmada. Demasiados movimientos en las privilegiadas cabezas de unos jugadores que no pueden analizar todas las combinaciones. Y todas, cada una de ellas, se entrecruzan. Sobre todo en este particular tablero de Oriente Próximo.