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ABC MIÉRCOLES 16 2 2005 La Tercera TRATADO DE CONSTITUCIÓN EUROPEA Y AUTONOMÍAS A integración en la UE, como todo proceso de globalización, supone, también, un proceso de desnacionalización en el que los viejos Estados nacionales ven erosionada su soberanía en los planos político, social, económico y cultural. De acuerdo con el Tratado de Constitución europea, los Estados miembros son los que atribuyen las competencias a la UE para alcanzar sus objetivos comunes, siendo la fuerza de la nación política la que explica la capacidad de éxito de cada Estado miembro en el proceso de construcción europea. De aquí que se pueda hablar de un nacionalismo político, compatible con el Estado descentralizado y que ya no tiene nada que ver, por ejemplo, con ese nacionalismo excluyente de la España centralizada. Pero, a medida que los espacios sociales y económicos se integran y globalizan, los espacios psicológicos y políticos se atomizan hacia todas esas singularidades que tienden a identificar al hombre con su lugar, creencias, cultura y lengua. Así, frente a los efectos de la lejanía que provoca la integración a nivel supranacional o global, el apoyo a lo local funciona como un contrapeso, una compensación, dando lugar a una dialéctica llamada glocalización Con arreglo a esta dialéctica, en las transferencias ascendentes hacia la UE y las descendentes del Estado miembro a nivel regional, el principio lineal de aquí o allí en la localización de competencias debe dejar paso al principio de aquí y allí mediante un proceso de deslocalización- relocalización en el que lo descentralizado se capta como abierto hacia afuera, pues solamente así se puede comprender el todo in situ es decir, donde el proceso ascendente de integración en la UE conduce a dar un nuevo significado al proceso descendente de descentralización. Como dice F. Umbral (El Mundo, 13- I- 05) ...Las naciones grandes, con vocación expansiva, digamos que se despliegan hacia fuera y vuelven del mundo trayendo más mundo como volvía Ulises trayéndose todo el Mediterráneo. En esto nos distinguíamos y nos distinguimos de las naciones pequeñas, que crecen hacia adentro y reinciden siempre sobre lo pequeño sin hacerlo grande; la parroquia, el corral, el huerto, el argot, la diosa, la cabra, el hacha En los procesos de integración, el todo es mayor que la suma de las partes, existiendo un valor añadido que puede alcanzarse mejor a escala de la UE. Como lo que se puede crear es mayor que lo que se puede conquistar, el principio de la competencia y la estrategia de la confrontación tienen que dejar paso al principio de la creación y a las estrategias de cooperación. Lo expresa muy bien Simón Peres La aldea global borra fronteras El Mundo 24- III- 97) ...la temporada de caza, a nivel de experiencia humana, está desapareciendo, lo que se puede crear es más importante que lo que se puede cazar y el futuro ya no es continuación del pasado, sino una consecuencia del propio futuro El que no fuera así debilitaría la estrategia de integración del Estado miembro, que necesita más identidad y poder para valorar el logro de ese valor añadido y la medida en que esos objetivos de la acción pretendida a nivel de la U. E. consiguen alcanzarse de manera eficiente a nivel central, regional y local. L Como lo que se puede crear es mayor que lo que se puede conquistar, el principio de la competencia y la estrategia de la confrontación tienen que dejar paso al principio de la creación y a las estrategias de cooperación El Tratado exigirá adaptaciones ascendentes y descendentes para hacer frente a situaciones más complejas ante el futuro político, económico y territorial de la UE. Se requiere que el Estado miembro tenga capacidad de negociación y poder a nivel europeo para gestionar eficazmente en el marco del principio de atribución de competencias, garantizar la actuación conforme al principio de cooperación leal, controlar que el ejercicio de las competencias se lleve a cabo de acuerdo con los principios de subsidiaridad y proporcionalidad y potenciar los efectos positivos y controlar los negativos de los ámbitos de coordinación y cooperación. El desarrollo del nuevo Tratado exige adaptaciones no sólo en la dirección de más autogobierno de las Autonomías, ya que el Estado miembro, con independencia del ejercicio de sus responsabilidades constitucionales, necesita también nuevas capacidades para hacer frente a situaciones mucho más complejas. Piénsese, por ejemplo, en el caso de que una Ley marco europea deje a las autoridades nacionales la competencia para elegir la forma y los medios para conseguir el resultado, o en la decisión, como Estado miembro, de participar en una cooperación reforzada en el marco de las competencias no exclusivas de la Unión. Sin embargo, la consecución de otros objetivos de la UE, como el de mayor bienestar de los pueblos, puede exigir más descentralización de competencias hacia las CC. AA. El Tratado demanda reformas de los Estatutos de autonomía en la perspectiva de este bienestar de los ciudadanos. Es útil la referencia a la experiencia de un país como Alemania, paradigma de modelo de Estado federal y locomotora de la UE, con su crisis económica y revisando su proceso de descentralización. El complejo y costoso proceso al que se ve sometida la aprobación de una Ley, con la intervención de los dieciséis Länder, aunque sea en asuntos que les atañen marginalmente, obliga a buscar soluciones que impidan el bloqueo y garanticen la consecución de los grandes objetivos del Estado miembro. Estas revisiones no pueden hacerse mirando al pasado, porque derivarían en la aparición de fuerzas centrífugas que impedirían al Estado miembro la consecución de esos grandes objetivos. Los principios de integración y creación de futuro contenidos en el Tratado contrastan con esa dinámica autonómica que pone más énfasis en las identidades y singularidades, totalmente asumidas en el valor Unida en la diversidad Hoy lo que se busca son coincidencias, basadas en el principio de que lo que se puede crear cooperando es más importante que lo que se puede conquistar compitiendo. Además, la utilización del poder autonómico para seguir un proceso de reconstrucción paciente de una sociedad, olvidando que en la integración ésta se resiste a quedar enmarcada en ámbitos reducidos de poder con capacidad para modelarla, va en contra del ejercicio de la libertad del ciudadano, que demanda ámbitos más amplios que los locales. En la dinámica de integración- descentralización, la idea de ciudadano y su libre elección es anterior y superior a la idea de pertenencia a una comunidad y a la de cualquier proyecto nacionalista. El proceso tecnocrático de construcción lineal de clasificación de competencias (exclusivas, compartidas, de apoyo, coordinación o complemento) con su cláusula de flexibilidad y su diversidad de procedimientos, ha conducido a un Tratado tan complejo que requerirá de la ayuda de técnicos expertos en sus respectivos campos para ser transitado. También su redacción respira una cierta terminología autocrática (obrará, combatirá, fomentará, perseguirá, etc. distante de esa ética de la integración y creación en la que los valores emanan de la propia dinámica del sistema y donde la norma, en su función legitimadora del nuevo orden europeo, es función, además de su eficacia técnica, del resultado de debatir proyectos de posibilidades de un futuro visto no sólo como proyección del pasado, sino como creación. El nuevo Tratado supone un avance institucional en la construcción europea, aunque todavía el Gobierno europeo seguirá enmarcado en un entramado técnico- burocrático cuya discrecionalidad continuará estimulando las participaciones directas de las CC. AA. en la UE. Lo importante, en todo caso, es que se produzca una evolución global positiva en todos los ámbitos políticos afectados por el proceso de construcción europea. UBALDO NIETO ALBA Presidente del Tribunal de Cuentas