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62 Tribuna MARTES 15 2 2005 ABC M ARRUECOS. Un nombre, una palabra mágica, un talismán que evoca imágenes de alminares y palmeras, del humo de las espingardas y el olor acre de la pólvora cuando la corren a caballo, de chilabas y caftanes, pero también de calles estrechas en las medinas, de patios andaluces y gentes amables y hospitalarias. Aún recuerdo el día en que pisé por primera vez la tierra marroquí hace ya casi un tercio de siglo. Entré a ella por esa puerta al mundo que ha sido siempre Tánger para recorrerla luego, en una excursión deslumbradora, por Ksar- el Kebir, Meknès, Fez, la capital de los merinidas, Rabat y Casablanca, hasta llegar a Marrakech con el Atlas a sus espaldas. Desde entonces he vuelto a ese país singular un año tras otro, atravesándolo de punta a punta, con paradas en los pueblos para confraternizar con sus habitantes, y comprar sus especias o sus artesanías previo un regateo cordial. He podido observar así su evolución gradual y el gran salto adelante que se ha producido en el último lustro, paso firme hacia el futuro sin mandar al desván su atractivo pasado. Mis recuerdos se han agolpado en la memoria al ser noticia que los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía, viajaron a Rabat recientemente para encontrarse con Mohamed VI y la Princesa Lalla Salma, en una visita más de las muchas que han ido jalonando su ya por ventura largo reinado. Me atrevo a decir que nadie más apropiado que nuestro Rey para un diálogo abierto con el jefe actual de la dinastía alauita a la cual le han unido siempre vínculos casi familiares. Nadie, por otra parte, conoce mejor los problemas entre los dos países, a veces difíciles pero nunca insolubles, producto natural de la mera convivencia a ambos lados del Estrecho. A veces, con actitudes impacientes aunque nacidas de los buenos deseos, se exige de nuestro vecino del sur cambios radicales y además instantáneos, con olvido de que la sociedad marroquí es muy compleja. Su estructura, no ofrece tan sólo los ingredientes comunes a las demás, como por ejemplo la estratificación en clases, sino que en ella se da también una heterogeneidad étnica fácilmente apreciable y la consiguiente pluralidad cultural. Por otra parte, es un pueblo viejo- -como el nuestro- -donde las costumbres y las UN PAÍS EN MARCHA RAFAEL DE MENDIZÁBAL ALLENDE de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación Nada más tranquilizador para todos que el Gobierno de Rabat se alineara desde un principio en las filas de quienes luchan contra el terrorismo tradiciones arraigaron con fuerza y condicionan la andadura. Ahora bien, no obstante haber clavado allí el Islam sus banderas hace trece siglos, nunca se negó albergue a otros hombres de distintas procedencias, por lo general desarraigadas de sus patrias. Desde los tiempos del homo erectus Marruecos ha sido puente entre dos continentes, como sabe bien España. A pesar de esa complejidad, el proceso de actualización desde que el país recobrara su plena independencia en 1956, gracias al abuelo del actual Monarca, ha sido constante, unas veces con más lentitud que otras. Confieso, entre paréntesis, que no me gusta la voz occidentalizar por peyorativa en algún sentido, de lo oriental cuyas virtudes para mí son muchas. Prefiero hablar de actualización para dar nombre a la asunción de valores universales en nuestros días y no tanto la imitación de modos de vida ajenos o la incorporación de avances tecnológicos. La conquista de las libertades y de los derechos humanos, el juego completo de garantías que conlleva un sistema democrático gracias a la división de poderes y al carácter electivo y renovable periódicamente de los cargos públicos, me parecen las creaciones exportables de lo occidental Para el reto que lanzó el 11- S, Marruecos y Al- Andalus, de consuno, tenían ya la respuesta desde el siglo XII: Mohamed ibn Rushd, Averroes, un juez cordobés que vivió a caballo del Estrecho, y moriría como juez en Marrakech, siendo el trasmisor de la Filosofía griega a Europa, de la cual había de ser uno de sus artífices, privado de los Califas almohades a la vez que perseguido por los ulemas. Su legado, distinguiendo la Revelación y la Ciencia para separar la Religión del Estado, es una muestra de que la convivencia de dos culturas con tanta fuerza como las nuestras fue y sigue siendo viable. A partir de 1999, año en el cual fue entronizado Mohamed VI, su reino ha emprendido un camino cuyo norte no es sino la modernización profunda de la configuración social y, por tanto, de su reflejo institucional. Tengo para mí que el factor trascendente para actualizar cualquier país reside en la mujer, que a su vez, como madre, es la educadora natural y primaria de las generaciones venideras. El papel que ocupe y juegue en una sociedad determinada nos dirá inmediatamente cómo sea ésta. No cabe negar la importancia, de avances tan significativos como la regulación de los partidos políticos, evitando su carácter confesional o que se haya tipificado como delito la tortura policial. Nada más tranquilizador para todos que el Gobierno de Rabat se alineara desde un principio, clara y rotundamente, en las filas de quienes luchan contra el terrorismo, venga de donde viniere así como contra el cultivo y tráfico de drogas. No deja de sorprender por insólito, pero ejemplar, que el joven Rey, haya tenido la valentía de encarar el pasado en su aspecto más sombrío, para reconocer y reparar en lo posible los errores cometidos y escuchar a las víctimas de los abusos, creando la Comisión Equidad y Reconciliación, a cargo de un veterano preso político, Driss Benkriss. Y sólo alabanza merece que la Gendarmería marroquí se apreste a poner coto, desde sus costas, a la emigración masiva que intenta alcanzar la Unión Europea. Ahora bien, insisto en que todo ello carecería a la larga de solidez si no tuviera una raíz más honda, que paso a exponer. Aun cuando Marruecos fuera ya, en efecto, uno de los países musulmanes más avanzados en el respeto a la condición femenina, y donde ellas han disfrutado siempre de una gran libertad de movimientos, sobre todo en los grandes centros urbanos, ocupando puestos difíciles en los altos niveles políticos, quedaba todavía un gran trecho por andar. El paso adelante, que la libera reconociendo de tal guisa su dignidad, lo ha dado el nuevo Código de Familia, en cuya virtud se eleva de 15 a 18 años la edad para contraer nupcias, sin que la novia necesite para ello la tutela de varón alguno de la familia, se dificulta la poligamia, el divorcio declarado judicialmente sustituye al repudio unilateral de la esposa por el marido y el régimen familiar deja de ser una dictadura de éste para dar paso a una diarquía o consulado de ambos cónyuges. En este punto conviene hacer un alto en el camino para refrescar la memoria de algunos impacientes. En nuestro país, la patria potestad compartida fue establecida en 1977 y el divorcio algo después, siendo hasta entonces el matrimonio indisoluble, por imposición de criterios confesionales. Sin embargo, con ser el meollo de lo conseguido muy importante, me parecen significativos algunos de sus aspectos extrínsecos que, a mi entender, ponen de manifiesto tanto el decidido propósito modernizador del Monarca, como la prudencia y la habilidad con la cual viene lidiando los problemas. En primer lugar, he de subrayar como algo muy positivo la unanimidad obtenida en el Parlamento por el Código, a cuyo favor pues votaron también los diputados de la oposición y, entre ellos, los islamistas del Partido Desarrollo y Justicia, unanimidad que también consiguió en la segunda Cámara, la de Consejeros. Poco más de un trimestre había sido suficiente para convertir en ley el proyecto, anunciado por el Rey el 10 de octubre de 2003. Bien es verdad que él mismo había dado ejemplo el día de su boda con una inteligente universitaria, símbolo y prototipo de la nueva mujer marroquí. OY madrileña, seguro. Porque nací en Madrid. Pero lo que no tengo claro es mi nacionalidad. No estamos locos... sabemos lo que queremos Ketama suena en casa y, aunque lo mío son los boleros, escucho atentamente la letra de esta canción que suena desde el cuarto de uno de mis hijos y me parece sentir que lo que dicen encaja perfectamente con la situación actual de mi país. ¿No estamos locos? La verdad es que podemos llegar a estarlo si no votamos que sí al Referéndum Europeo. Y lo malo es que con tantas peleas de unos y de otros, los días pasan y cuando llegue el momento de votar, no vamos a tener ni S ¿SOY ESPAÑOLA? CUCA GARCÍA DE VINUESA GARDOQUI Escritora idea de qué debemos hacer. Nací española a mucha honra y ahora tengo que esconderme para defender mi identidad. Y es que, antes que europea, lo siento, soy española. Aún conservo aquellos mapas del colegio que tenía que rellenar con colorines y cuya nota era importantísima para aprobar el curso. Pintar mi país costaba una noche en vela. Me divertía colo- rear cada región y mis apellidos del Norte y del Sur me animaban a recordar mi procedencia y a retener en mi mente el lugar exacto donde se encontraba Sevilla o Bilbao. De punta a punta de mi país veía corretear a mis abuelos y entonces me era mucho más fácil marcar cada ciudad en su sitio y cada montaña con su diferente relieve y color. ¿Y ahora qué? Pues eso. Ahora se rompen mis mapas y mis esquemas, y como si de los Reyes Magos se tratase, tampoco es verdad que somos un país. Ahora somos unos enemigos de los otros. No nos quieren. O sea los de arriba. No quiero entrar en política pero sin querer me he metido. ¿Qué está pasando? ¿Ibarretxe es español? Quisiera que alguien me explicase de dónde es Ibarretxe. Porque mi madre y mi abuelo son de Bilbao y quiero saber si me han engañado los míos. ¿Mi abuelo no era español? ¿Mi madre tampoco? ¿Y mi otra abuela que nació en Reus? Tengo un lío en mi cabeza terrible y quiero que alguien me lo aclare. Y los de Madrid: ¿De dónde somos?