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60 Cultura MARTES 15 2 2005 ABC CLÁSICA Ibermúsica Mahler: Sinfonía 6 Stravinski: Petruchka Chaikovski: Sinfonía 6 Intérpretes: Real Orquesta del Concertgebouw. Director: Mariss Jansons. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid TEATRO El retrato de Dorian Gray Autor: Oscar Wilde. Adaptación: Fernando Savater. Dirección: María Ruiz. Escenografía: Alfonso Barajas. Vestuario: Javier Artiñano. Música: José Nieto. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Intérpretes: José Luis Pellicena, Juan Carlos Naya, Mariano Alameda, Abigail Tomey, Pilar San José, Daniel Ortiz y Esperanza Alonso, entre otros. Lugar: Centro Cultural de la Villa. Madrid. NUEVAS FORMAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE l maestro Evgueni Mravinski cambió, desde la tribuna de su Filarmónica de San Petersburgo, la forma de entender a Chaikovski. Hizo bandera de sus tres últimas sinfonías y ofreció a Occidente la posibilidad de convertir las apasionadas oscilaciones emocionales en algo serio noble y severo en la forma. Vino a purificar lo que aquí se entendía sobrepasado y creó escuela. Por ejemplo, el director Mariss Janssons le cita en su biografía, y le recuerda en las entrevistas, aunque, tal vez sea lo más importante que rememora su Chaikovski planteando una Patética fuera de todo sicologismo, tensa en el desarrollo y exuberante en la sonoridad. Acaba de dirigir la obra a la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, de la que ahora es titular, dejando en el aire todo eso. Y también gestos propios para provocar una cierta ansiedad en el caminar y un engordamiento de la textura. Fue una versión infrecuente, lejos de ser sentida como el habitual baño de almas Janssons pudo extrañar con su Patética fornida hasta hacer que la orquesta holandesa pecara de falta de excelencia en algún momento, especialmente en el primer movimiento, pero ese estilo trasladado a la Petruchka de Stravinski sirvió para mostrar todo lo que de modernidad es capaz de encerrarse en la partitura. Ligera de tempo (marca de la casa) vivaz, algo exagerada de volumen y, en consonancia, grotesca y socarrona. Huyendo de lo atildado, Petruchka se desnudó de cualquier romanticismo, se convirtió en una marioneta descarnada, movida por una orquesta en la que importaba más la superposición de planos que el empaste y, aún, la búsqueda de sonoridades de tanta personalidad como las que acompañaron la aparición de su espectro. El día anterior, Janssons y la Orquesta del Concergebouw habían ofrecido la Sexta sinfonía de Mahler en una versión suficientemente energética como para poder hacer gala de toda su brillantez instrumental. Janssons deja sonar a su orquesta hasta alcanzar lo apabullante, para de inmediato ser capaz de entresacar de ella sonidos muy personales. El Andante de la sinfonía fue la mejor demostración. Muy cuidado en la recreación, cálido, vibrante y nada artificioso. A Janssons, como al viejo Mravinski, hay que agradecerle que trate de hacer entender la música de otro modo. E EL ESPEJO DEL ALMA JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN scar Wilde escribió El retrato de Dorian Gray en un periodo de pujante actividad creativa, aunque lo hizo un poco forzado, pues, pese a que no le apetecía centrarse en una obra larga en prosa, su necesidad de dinero lo llevó a aceptar el encargo de la revista estadounidense Lippincott s Monthly Magazine que solía publicar como suplemento novelas inéditas de escritores de cierto relieve. Se cuenta que su entusiasmo fue creciendo según avanzaba en el texto, tanto que lo concluyó en apenas dos semanas; la revista lo publicó a mediados de 1890 y un año después apareció como libro, que, para deleite del formidable y vanidoso polemista, provocó considerable controversia, amén de procurarle prestigio literario. El retrato de Dorian Gray es una novela de extraña intensidad morbosa, que mezcla los apuntes sociales y los elementos fantásticos, y cuya fascinación ha originado numerosas adaptaciones escénicas y varias cinematográficas, entre ellas la más sobresaliente es, sin duda, la dirigida en 1945 por Albert Lewin. Wilde amalgamó en su obra asuntos tan atractivos como el mito de la eterna juventud, el de la seducción del mal y el de la dualidad moral de la naturaleza humana, que lo emparenta de algún modo con El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde que el gran Robert Louis Stevenson había publicado en 1886. La idea de que el protagonista permanezca joven y her- O Mariano Alameda, José Luis Pellicena y Abigail Tomey, en un ensayo moso mientras los efectos de sus abyecciones y del paso del tiempo se proyectan sobre su retrato pintado, convertido en su contraimagen moral, es de enorme originalidad y gran eficacia plástica. Fernando Savater ha realizado una versión pulcra y muy ajustada, con notable labor de poda, que se ve con agrado y conserva aceptablemente el hilo narrativo, aunque, a mi juicio, no ter- EFE TEATRO A lo más oscuro amanece Autora, directora e intérprete: Leticia Santafé. Lugar: Teatro de las Aguas. Madrid. RITOS DE PASO J. I. G. G. on canciones infantiles, gestos, objetos y frases que, repetidas en contextos diferentes, adquieren un sesgo irónico e inquietante, construye Leticia Santafé un precioso itinerario de ritos de paso, una sucesión de brillantes piedrecitas atesoradas en la memoria y que, una tras de otra, configuran el perfil de un camino que va de la infancia a la madurez, con un capítu- C lo invadido de tierna poesía que explora el milagro de la maternidad. Un trabajo cuidado, mimado con obsesión de miniaturista y rigor de delineante, en el que cada elemento se apoya en el de al lado y juntos forman un edificio de celebración y, al tiempo, matizada reflexión sobre el paso del tiempo. Leticia Santafé, estupenda y sugestiva suscitadora de imágenes, demuestra la solidez de su oficio de actriz con una bien trabada tracería de movimientos, códigos gestuales en los que se advierte la disciplina de la danza y las técnicas del mimo y la suma de elementos diversos, desde un completo arsenal de recursos de expresión corporal a alguna referencia al kathakali. A lo más oscuro amanece es un hermoso pequeño espectáculo, sensible y verdadero, lleno de la certidumbre de las sencillas cosas profundas. mine de funcionar del todo por cierta falta de tensión dramática. La dirección de María Ruiz resuelve con brío hermosas escenas, como la del abandono de Sibyl Vane, la violenta del asesinato de Basil Hallward o la materialización en una amplia pantalla del proceso de deterioro del rostro pintado, y es más convencional en otras. En el plano interpretativo, el Dorian Gray de Mariano Alameda, bien de planta y tono, mejora considerablemente tras el entreacto, cuando debe enfrentarse a mayores tensiones; José Luis Pellicena, como lord Henry, realiza un trabajo empapado de británico y aristocrático distanciamiento; convencen el pintor encarnado con equilibrio por Juan Carlos Naya y los dos personajes femeninos a cargo de la sensible Abigail Tomey, y sobresale el convincente James Vane de Daniel Ortiz, un actor de gran fuerza expresiva al que hace pocas semanas pude destacar por su versatilidad en un montaje alternativo. Javier Artiñano firma los bonitos figurines, en los que, tal vez por acentuar la sensación del paso del tiempo, realiza un exagerado salto cronológico de varias décadas: pues si en la primera parte los personajes visten como criaturas de una novela de Charlotte Brontë, en la segunda, que transcurre dieciocho años después, podrían pasearse sin desentonar por las páginas de El gran Gatsby