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20 MARTES 15 2 2005 ABC Internacional El cuerpo de Rafic Hariri es cubierto con una manta AP Un policía libanés gesticula en el lugar del atentado, junto a la Corniche, el paseo marítimo de Beirut El asesinato de Rafic Hariri coloca al Líbano al borde de un abismo dominado por Siria El régimen de Damasco rechaza las acusaciones contra sus servicios de Inteligencia b El ex primer ministro, multimillo- nario y arquitecto de la reconstrucción libanesa tras 15 años de guerra civil, abogaba por la salida de las tropas sirias del País del Cedro JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. El Líbano se metió ayer de nuevo en el túnel más largo y negro de su reciente historia con el asesinato de su ex primer ministro, el millonario suní Rafic Hariri. Un coche bomba con 350 kilogramos de explosivos, colocado en la Corniche, el paseo marítimo de Beirut, selló el billete de su viaje a un pasado por todos conocidos y que casi todos ansiaban olvidar. Como en los peores días de la cruenta guerra civil que hirió de muerte el país durante 15 años (1975- 1990) el corazón de la capital libanesa, allí donde se encuentran la mayoría de sus hoteles de lujo, con el famoso Saint Georges a la cabeza, se convirtió a la una de la tarde de ayer en un infierno. Un enorme cráter en el suelo daba testimonio de la tremenda explosión que tenía como objetivo la caravana de Hariri, recién salido de una sesión del Parlamento que debatió cuestiones de procedimiento respecto de las decisivas elecciones legislativas de esta primavera. Pese a ser todos los coches blindados, el escudo protector apenas protegió nada. Rafic Hariri, de 60 años, y una decena de sus acompañantes y guardaespaldas murieron antes de llegar al hospital. El espectáculo era dantesco. Los daños materiales, incontables. Cuerpos mutilados y calcinados yacían en el suelo. Varios vehículos ardían como teas ante el terror de los testigos y de los muchos transeúntes. da los 4.000 millones de dólares, pasó a emitir imágenes fijas con versículos del Corán de fondo. Ese Beirut que Hariri había ayudado a reconstruir después de la guerra se venía abajo con su muerte de un solo golpe. La alegría de la ciudad abierta al Mediterráneo se cerraba en banda. Los comercios bajaban sus cierres metálicos de seguridad. Los ciudadanos se recogían en sus casas. Beirut volvía a oler a guerra, a muerte, a pólvora, a atentados. El Líbano estaba otra vez al borde Tensión en aumento Beirut viajaba así a su particular pasado y la sonrisa que se apreciaba en la ciudad en los últimos años, pese a las indudables tensiones políticas cada vez más en aumento, se borraba de un plumazo. Nada más confirmarse el fallecimiento de Hariri, su televisión, Future TV uno de los múltiples negocios de un hombre con una fortuna que ron- Un coche bomba con 350 kilos de explosivos, en la Corniche de Beirut, mató a Hariri y a diez de sus acompañantes El presidente sirio, Bashar al- Assad, salía a la palestra para condenar el terrible acto criminal de un abismo lindante con Siria. Precisamente hacia Damasco apuntaban muchos dedos acusadores. Hariri había dimitido como primer ministro libanés el pasado mes de octubre por oponerse a la presencia de las tropas sirias por más tiempo en el país. Muchos de sus partidarios, de los dirigentes de la oposición, de los simpatizantes de esa retirada siria una vez consumada hace ya cinco años la israelí del sur de su territorio, acusaban sin ambages a Damasco, más en concreto a sus servicios de Inteligencia, de estar detrás de un atentado preparado con mimo y ejecutado con profesionalidad en connivencia con el actual Gobierno libanés. Consciente de su tan delicada posición, el presidente sirio, Bashar al- Assad, salía a la palestra para condenar el terrible acto criminal que sólo pretende desestabilizar a nuestros hermanos del Líbano No era la única reacción. Todas, en principio, de condena. Aunque en distintas direcciones. Estados Unidos no apuntaba a nadie en primera persona pero insistía en la necesidad de investigar el atentado y castigar a sus respon-