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14 Nacional REFERÉNDUM EUROPEO RATIFICACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN EUROPEA EDURNE URIARTE MARTES 15 2 2005 ABC DIPLOMACIA Y DEFENSA LA EUROPA DE LOS MÍTINES otaré un sí convencido en el referéndum del domingo, y, sin embargo, no dejo de sentir cierta irritación ante esta Europa distorsionada y en versión infantil que están representando los líderes políticos en sus mítines. La UE es un instrumento de progreso y estabilidad para cada uno de sus miembros y, sin duda alguna, para España, y el Tratado, un avance más. En un mundo de choque de fronteras e identidades, la UE es incluso un pequeño milagro de entendimiento cultural y político. Pero hay muchas cosas que Europa no es ni será en décadas y no se puede pretender arrastrar a los ciudadanos al referéndum con virtudes inventadas y con fantasías sobre los poderes de Europa que parecen sacadas de un cuento de hadas. Sobre todo, la UE ni ha sustituido ni sustituirá en mucho tiempo, ¿quizá nunca? la primacía de los Estados miembros. Y si existe desinterés por las consultas europeas es porque la sociedad tiene muy presente esa realidad. Quienes deciden son los Estados y los intereses, nacionales, de sus ciudadanos. La voluntad de Europa es la voluntad de la suma de los estados, y eso, cuando suman. Si la gente utiliza las elecciones europeas como voto de castigo al partido de gobierno o si tiene tentaciones de hacer lo mismo con las consultas sobre el Tratado es porque sabe que el auténtico poder, el que determina sus vidas, está todavía dentro de su estado. No hay que buscar más explicaciones sobre la desidia ante el referéndum. Europa no podrá resolvernos, por ejemplo, el futuro del plan Ibarretxe. Europa ni siquiera lo frenará, porque en éste como en tantos asuntos fundamentales, se limitará a aceptar lo que diga España. Y ETA seguirá siendo un problema español y no europeo que, no lo olvidemos, se internacionalizó con el 11- S y no con las iniciativas de la UE. Y si Europa ha desarrollado una capacidad de acción muy limitada en su interior, sus limitaciones son aún mayores en el exterior. Por lo mismo, porque Europa no es un Estado, aunque muchos la invoquen como si lo fuera. Su supuesta contribución a la democracia y a la paz mundial, que es uno de los argumentos preferidos del presidente del Gobierno, es una de las mayores simplificaciones mitineras que escuchamos. Europa carece de voz propia y tiene una influencia muy limitada en el escenario internacional porque ni siquiera sabe lo que quiere hacer bajo el nombre de Europa. Los Estados europeos divergen sobre el significado de la contribución a la democracia y a la paz. No olvidemos Irak. La posición de Zapatero es una, pero las de Europa son varias. Para la paz y para otros objetivos importantes, Europa es, como mucho, un deseo. Pero, dicho todo eso, coincido con una parte de los mítines: es un deseo por el que merece la pena apostar. Un ministro en busca de la política exterior común de la Unión La misión más complicada es poner de acuerdo a los 25 países miembros, que representan a 450 millones de habitantes y forman la primera potencia comercial del mundo ENRIQUE SERBETO. CORRESPONSAL V BRUSELAS. Siempre se ha considerado que Europa es un gigante económico y una miniatura militar, de lo que algunos concluyen que desde el punto de vista de influencia diplomática somos poco más que un microbio. Un personaje clave en este asunto es el español Javier Solana, que es actualmente el alto representante para la política exterior y de seguridad comunes y que pese a sus reconocidas capacidades no ha podido ir mucho más allá de lo que le han permitido las circunstancias, al constatar que lo que no existe todavía es una política exterior común. En algunos asuntos recurrentes de la agenda de la política internacional, como el conflicto de Oriente medio, Europa encuentra enseguida una posición uniforme y sólida. Pero cuando se trata de intervenir para intentar resolverlo, entonces resulta mucho más difícil hacer valer el peso de un conjunto de países que representan a 450 millones de habitantes y forman la primera potencia comercial del mundo. Y cuando lo que sucede es algo como la guerra de Irak, sencillamente el conjunto europeo se resquebraja como sucedió el año pasado, y en vez de conseguir una posición común se produce una confrontación que acaba bloqueando cualquier acción, ya sea conjunta o individual. Sencillamente Europa se difumina en la política exterior. El propio Solana intervino discretamente en el diseño de los detalles de la Constitución que describen la ambición europea de tener una presencia sólida en el exterior. Las gestiones de la Convención han diseñado el cargo de ministro de Asuntos Exteriores, que será al mismo tiempo el vicepresidente de la Comisión (la institución que defiende el interés comunitario) y presidirá los Consejos de ministros de Asuntos Exteriores, donde los países miembros hacen lo posible por poner de acuerdo sus políticas. Solana saluda a Ana Patricia Botín antes de intervenir ayer en Madrid en una jornada sobre la Constitución Europea rios que dependen de la Dirección General de Relaciones Exteriores (DG RELEX) -que por cierto también está a cargo de un español, Eneko Landáburu- -encargados de gestionar los presupuestos en cooperación exterior y a la política comercial, prácticamente las dos mayores competencias que tiene. Ahora habrá auténticas embajadas y verdaderos diplomáticos, que representarán a la Unión en el mun- EFE Embajadas europeas Además de este cargo de doble sombrero que interviene en dos de las tres instituciones básicas de la Unión, la Constitución prevé la creación de un servicio diplomático propio que será por fin la representación de Europa en el exterior. Hasta ahora ya existían las embajadas de la Comisión Europea, porque la UE como tal no era un sujeto jurídico que pudiese reclamar el reconocimiento diplomático en el mundo. Hay toda una serie de funciona- Javier Solana no ha podido ir mucho más allá de lo que le han permitido las circunstancias do. Aún no se sabe si se ocuparán de este trabajo los actuales funcionarios del RELEX, si serán diplomáticos cedidos por los países miembros o si se formará a un personal de nuevo cuño, aunque lo más probable es que el resultado será una mezcla de las tres. A su cabeza estará Solana, eso ya lo han pactado los 25 y lo han confirmado por escrito. Con todo este nuevo arsenal avalado por la Constitución, Solana será por fin, como él mismo ha explicado muchas veces, la persona que descuelgue el teléfono cuando el secretario norteamericano de Estado diga ¡vamos a hablar con Europa! Y entonces sólo faltará la misión más complicada: poner de acuerdo a los 25 países miembros en una política común.