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8 Opinión MARTES 15 2 2005 ABC El recibimiento Cartas al director Reforma del Estatut He sido durante más de cuarenta años catedrático de la Universidad de Barcelona, tiempo en el cual hemos vivido una cierta paz entre lenguas, perturbada principalmente por la inmersión lingüística y por el uso exclusivo del catalán como lengua vehicular de la enseñanza. No pretendo juzgar, ni mucho menos condenar, el fuero interno de nadie. Pero los indicios- -a través de distintos medios de comunicación- -nos hacen sospechar que los políticos catalanes preparan acciones conducentes a hacer patente cierta intolerancia hacia los castellanoparlantes. En efecto, nos llegan continuamente noticias de que en el nuevo Estatut que se está redactando se pretende incluir la obligación personal de conocer el catalán, lo cual es un hecho plenamente reivindicativo que daña mucho a los catalanes castellanoparlantes, hegemónicos en número, pero no en poder político, en Cataluña. Este hecho supone un salto cualitativo, puesto que en el Estatut actual en ningún lugar se especifican obligaciones en cuanto a la lengua; sólo derechos del ciudadano. Al parecer, se pretende conculcar los derechos lingüísticos de millones de castellanohablantes en este país. A este respecto, recordemos que en la Carta de los Derechos Fundamentales, contenida en la Constitución Europea, se sitúa a la persona en el centro de su actuación. Y así, son todavía más abundantes las voces individuales que reclaman para ambas, el castellano y el catalán, la condición de lenguas propias de Cataluña al ser las más habladas en esta Comunidad Autónoma. Bajo esta luz, el artículo ter- Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es A Tejero no lo recibió en la verja una vicepresidenta del Parlamento Así censura Ignacio Camacho, director de ABC, el trato dado en el Congreso a Ibarretxe el pasado día 1 de febrero. Es decir, por primera vez alguien se atreve a decir, siquiera sea implícitamente, que el pasado martes 1 de febrero de 2005 los diputados españoles votaron si debía prosperar (o no) un golpe de Estado. Al menos, según escribió Peces Barba en Tercera de ABC, el teniente coronel Antonio Tejero, cuando rindió sus fuerzas el 23- F, se acercó a Landelino Lavilla, presidente del Congreso, y, cuadrándose, le espetó: A sus órdenes, señor presidente José Luis Gardón. Madrid. Windsor Se valora con un diez al Ayuntamiento por haber soportado el tremendo incendio del edificio Windsor, calificado como el desastre más rápido y extenso en superficie de la historia de Madrid. Pero de este incendio se podrían sacar conclusiones importantes que todo ayuntamiento debe exigir: El automatismo contra incendios de los edificios inteligentes no funcionó y ello es esencial en un rascacielos. La pronta alerta no se puso en marcha y un estudiante obtuvo las primeras imágenes de dos pisos ardiendo antes de que se personaran los bomberos. El Ayuntamiento de Madrid precisa de este gran incendio para darse cuenta de que las escaleras de bomberos no llegan nada más que al piso 10, mientras que el foco se inició en la planta 21. No se prohíben y se permiten en cambio mobiliarios y materiales de plástico y otros que arden como la yesca, mientras que los materiales aislantes ignífugos son unos verdaderos desconocidos. Se deberán prohibir las estructuras de acero o combinarlas con núcleos sustentantes de hormigón, ya que el desastre en este caso hubiera sido peor. Creo que cuando un fuego se extingue porque no queda nada por arder, no debe ser considerado como un éxito. En este caso, la estructura de hormigón y no de acero fue decisiva. Tardarán meses en derribar a mano una obra tan bien calculada por la ingeniería de los años 60, que son los que en realidad sabían calcular estructuras. J. Javier García- Badell Lapetra. Madrid. cero del actual Estatut, que exige a la Generalitat crear las condiciones que permitan alcanzar plena igualdad en lo que se refiere a los derechos y deberes de los ciudadanos de Cataluña, ha sido torcideramente mal interpretado en muchísimas ocasiones. En la práctica, lo que buscan los políticos catalanes, por ahora, es que el uso social de ambas lenguas sea parecido. Esto sólo se puede conseguir por imposición, a la fuerza, pues el uso social del castellano en Cataluña ya es, espontáneamente, hegemónico; y no hay razón alguna que no implique discriminación para que no continúe así. En Cataluña hay muchas asociaciones que defienden los derechos de los castellanohablantes. Podría citar a la Acción Cultural Miguel de Cervantes, a la Asociación por la Tolerancia, a Profesores por el Bilingüismo. Y también hay muchísimas casas regionales hermanadas con todas las partes de España, y federaciones de las mismas que constituyen el entramado social más denso de este país. Sería conveniente que expusieran sus inquietudes a las más importantes autoridades políticas de España y que organizaran concentraciones de protesta por lo que se pretende hacer. Necesitamos hacer pública nuestra indignación. Luis Garrido Arilla. Barcelona. Perplejidad No puedo por menos que sentir perplejidad ante la noticia de que el Gobierno vasco ha destacado un observador en las sesiones del juicio que se celebra contra integrantes de Jarrai. Uno, que aunque no ha recibido hasta la fecha la Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort, tiene cierta experiencia procesal, sabe que la presencia de los llamados observadores tiene sentido cuando existen dudas acerca de la legitimidad misma del tribunal que se dispone a enjuiciar o del efectivo respeto de las garantías procesales de los encausados. Nada de eso acontece en el supuesto que nos ocupa, por más que el reality show a cargo de los encartados y sus letrados se dirija a demostrar lo contrario. Ello nos lleva a analizar la verdadera razón por la que el Gobierno vasco adopta la decisión de designar un observador. Mi primera tentación es pensar que el desilusionado lendakari quiere quedar bien con sus socios, ésos que mueven el árbol. Sin embargo, tal análisis podría pasar por demasiado frívolo, pues la razón no puede ser tan evidente. Por ello, intento ponerme en la mentalidad de quienes designaron al mirón, y acude a mi pensamiento otro motivo, que todavía me produce más escalofríos que el anterior: al lendakari (permítanme la expresión) se le ha ido la olla. Pero no, porque el lendakari, que no es tonto, habrá consensuado con más de una mente preclara lo del voyeur. Entonces, ¿qué es lo que ocurre? ¿Por qué hay un fisgón en la sala de vistas y nadie- -ni los magistrados- -le dice nada? Creo haber encontrado la respuesta: hemos llegado al oremus, ese momento procesal de la liturgia cristiana en el que muchos fieles se relajan, aliviados, por haber cumplido con el precepto. Lo malo es que el relax ha superado en este asunto los límites de la realidad. Lino Álvarez Echeverría. Madrid.