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82 Economía LUNES 14 2 2005 ABC JUAN VELARDE FUERTES EFECTIVAMENTE, MOMENTUM CATASTROPHICUM l 28 de diciembre de 1918, en la sesión de la Academia Científico, Literaria y Chapelaundiense de Cherribuztango- erreca según el acta que levantó ese gran vasco que fue Pío Baroja, el Secretario de la sociedad, Juan de Itzea, formula un tremendo alegato contra los nacionalistas: ¡Qué obra la de los catalanistas y bizcaitarras! ¡Excitar el odio interregional, fomentar el cabilismo español, ya dormido! ¡Qué pobreza! ¡Qué miseria moral! ¡Qué fondo de plebeyez se necesita para emprender esa obra! Desde esta magnífica intervención barojiana contenida en su ensayo Momentum catastrophicum hasta el espléndido- -en todos lo sentidos- -discurso parlamentario de Mariano Rajoy el 1 de febrero de 2005, la cuestión no ha cesado de empeorar. Conviene encontrar las raíces de algo tan perturbador y que, como vamos a ver, tanto daño causa. Quizás el mejor punto de apoyo nos lo puede ofrecer el profesor Andrés Precedo Ledo en su ensayo La cuestión regional, una dimensión necesaria entre lo local y lo global -que puede leerse en el volumen coordinado por Manuel Valenzuela Rubio, Un mundo por descubrir en el siglo XXI (Real Sociedad Geográfica, 2003) Acepta Precedo las que llama las bases que componen el concepto de región de acuerdo con la Conferencia de Poderes Locales y Regionales de Europa, celebrada en 1970: La región está formada por tres elementos: el espacio territorial o territorio, el grupo o comunidad y la identidad o conciencia regional A partir de dichos elementos, la región se puede definir como una unidad territorial dentro de un Estado y situada administrativamente entre el ámbito estatal y el local. Sus características básicas son la homogeneidad histórica, cultural, geográfica o económica, que configura un espacio E para la acción con miras a la consecución de fines o intereses comunes a cada uno de estos territorios, pero también al conjunto de la organización regional resultante. La definición derivada de nación, en sí misma lleva, en este caso, implícita una declaración del regionalismo como principio organizador de los Estados. La Constitución de 1978 pretendió cabalmente eso. Atenuaba el mensaje liberal que había conducido en España a la división provincial del moderado Javier de Burgos, porque otro mensaje, en cierto grado muy favorable al Antiguo Régimen, que en España se concretó en el tradicionalismo, impulsó- -lo mismo ocurrió con el legitimismo en Francia- la idea de región. La perfecta concreción de eso en España se da en Navarra. La muy notable producción intelectual de Jaime Ignacio del Burgo ilustra esto último a la perfección. Véase, sin ir más lejos, su recente ensayo La reforma de la Constitución. La disposición transitoria cuarta y Navarra (Ediciones Académicas, 2004) El regionalismo no es el nacionalismo. Éste viene a ser una concreta respuesta política a la cuestión regional, o si se quiere, a la identidad regional, que introduce la novedad de un radical elemento de insolidaridad respecto al resto de la nación. Automáticamente, en el pecado lleva el nacionalismo la penitencia. La insolidaridad crea mercados pequeños, bien al plantear exclusivismos lingüísticos, o administrativos, o ventajas únicamente para los nacidos en ese ámbito, o para sus procesos productivos. El resultado ya lo expuso con toda precisión un gran economista, Allyn A. Young, en su artículo escrito muy poco antes de morir, Increasing returns and economic progress aparecido en The Economic Journal en 1928, a partir del enlace establecido por Adam Smith entre divi- sión del trabajo y extensión del mercado. Cuando Myrdal aclaró que ese era el primer paso para un proceso de causación acumulativa negativa que pasó a denominarse efecto Mateo por aquello del Evangelio de éste, que señala que al que no tuviere, aun lo poco que tiene le será quitado quedó claro que todo nacionalismo, si triunfa, lleva sobre sí, como una especie de marca de Caín el empobrecimiento. Hertz, hace medio siglo, lo estudió para la pléyade de países danubianos que nacieron a costa de cuatro grandes imperios- -el alemán, el austriaco, el turco y el ruso- -tras la I Guerra Mundial. En España vemos aparecer ya síntomas. En Cataluña se comienzan a adivinar en el n 49- 50 de la Revista económica de Catalunya noviembre 2004. Y en el País Vasco, al generar ese nacionalismo, como suele, terrorismo, el impacto, como prueban los trabajos de Mikel Buesa, tenía que evidenciar por fuerza, ya serios problemas. Ahora mismo tenemos otro contraste empírico. Julio Alcaide Inchausti, quizás el mejor estudioso de la estadística macroeconómica española, y un magnífico conocedor de su proyección regional, acaba de publicar un trabajo muy aleccionador Demografía y economía del País Vasco 1950- 2002 (Instituto de Estudios Económicos, 2004) En él se ofrecen, ya de embocadura, cinco noticias muy significativas, al estudiar el peso relativo del País Vasco en el conjunto español. En primer lugar se observa cómo sólo la población ha mejorado respecto al conjunto de España, pasando de representar el 3,7 español en 1950 al 5 registrado en 2002, pero ello pasando por un cénit en 1980, en cuyo año la población vasca llegó a suponer el 5,8 de la población española residente La segunda nota es que el empleo industrial se ha mantenido igual en el País Vasco y en España, en el 8,4 tanto en 1950 como en 2002 pero eso sí, después de alcanzar el 10,2 del empleo industrial del conjunto español en 1970 La tercera es la de la renta familiar bruta disponible, que perdió entre 1950 y 2002, el 7,7 de su peso relativo, pasando de representar el 6,2 en 1950 al 5,7 en 2002. La mejor posición relativa la alcanzó en 1965 (7,1 y la más baja tuvo lugar en 1995 (5,7 La cuarta es muy importante: el PIB a precios de mercado perdió en el periodo analizado el 13 pasando de significar el 6,7 de España en 1950 a sólo el 5,8 en el 2002. La posición más favorable para el País Vasco... se registró en 1970 Finalmente el valor añadido bruto del sector industrial perdió entre 1950 y 2002 el 21,4 pues pasó de representar el 11,5 de la producción industrial española en 1950 a descender al 9,1 en 2002 Otro gran vasco, Unamuno en su conferencia en El Sitio, en Bilbao, en 1908, adivinó que en esa consecuencia inexorable del nacionalismo- -sus avances políticos generan retrocesos económicos, decadencia en suma- residía el drama de Sabino Arana en sus últimos tiempos: Había evolucionado por dentro- -pues no era, al fin, un pedrusco como tantos de los que le siguieron- Había entrevisto otros horizontes había comprendido la inconsistencia de puntos esenciales de su primitivo credo pero se encontraba atado a un prestigio y a una autoridad que se había creado pues se observaba, por otra parte, rodeado de infelices, de niños grandes y de beocios en quienes toda doctrina enrigidece