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ABC LUNES 14 2 2005 Nacional 15 INCENDIO EN EL CORAZÓN FINANCIERO DE MADRID UN DÍA DE TENSIÓN Y ANGUSTIA La noticia del incendio corrió como la pólvora en la noche de Madrid y miles de personas acudieron a lo largo de todo el día a las inmediaciones del AZCA para contemplar al monstruo: el humeante esqueleto del edificio Windsor convertido en espectáculo Una inquietante madrugada junto a un rascacielos envuelto en llamas TEXTO: ALMUDENA MARTÍNEZ- FORNÉS Y LAURA L. CARO MADRID. Dormir cerca de un rascacielos envuelto en llamas, con los destellos y las pavesas azotando los cristales de las ventanas y bajo el temor a que el fuego se propague a los edificios del entorno, requiere unos nervios de acero y una gran confianza en los equipos de bomberos. Pero a ello tuvieron que acostumbrarse la madrugada de ayer las miles de personas que viven en las inmediaciones del AZCA. Al espectáculo de color y olor a quemado, se sumaba la orquesta de sirenas y helicópteros, sólo superada por las fuertes explosiones que producían los fragmentos de fachada incandescente al estamparse contra el suelo y que sonaban como si todo el edificio Windsor se hubiera derrumbado. Para entonces, la noticia del incendio había corrido como la pólvora por la noche de Madrid y miles de personas empezaron a acumularse en las calles del entorno del AZCA para presenciar, atónitas, el increíble espectáculo de la destrucción. Grupos de amigos que habían estado cenando en los numerosos restaurantes del entorno buscaban puntos desde los que contemplar mejor el fascinante edificio en llamas. También los jóvenes abandonaron los bares de copas para ser testigos de cómo se quemaba el octavo edificio más alto de la capital. Mira, se va a caer apuntaba uno. Esta niña, Paula, aparece junto al dibujo que realizó ayer por la mañana del incendio del edificio Windsor EFE Un improvisado paseo peatonal A medida que aumentaba el público, crecía también el cordón de seguridad. Pasadas las dos de la madrugada, la Policía cortó al tráfico el tramo más próximo a AZCA de la Castellana, que se convirtió en un improvisado paseo peatonal. Cuando los más trasnochadores abandonaron la zona, hartos quizá de tanto fuego y humo, llegaron los más madrugadores, pertrechados de cámaras y vídeos y ansiosos de sacarse una fotografía ante los 106 metros de rascacielos. Ya fuera en llamas, rodeado de humo o, más tarde ya, completamente calcinado, el edificio Windsor se convirtió ayer, sin lugar a dudas, en el inmueble más fotografiado de Madrid. Pero que salga el Windsor ¿eh? indicaba un joven a otro que le apuntaba con el objetivo. Había turistas, inmigrantes, vecinos de la zona y madrileños llegados desde los barrios más remotos. Nadie quiso perderse el asombroso espectáculo, incluido espontáneamente ayer en el circuito turístico. ¿Queda muy lejos de aquí la plaza de las Cortes? preguntaba un matrimonio recién llegado de fuera que había iniciado su tour por el Windsor en llamas. Familias enteras, a pie, en bicicleta, Ana María Batanero pinta en su taller de la Castellana con el incendio al fondo en patines o en patinete, quisieron aprovechar ese improvisado día sin coches bajo un sol casi primaveral. No importaba que no funcionara el metro ni el tren de cercanías, ni que los autobuses hubieran sido desviados, pues todos encontraron alguna forma de llegar a su destino. Tampoco importaba que el servicio de emergencias 112 estuviera recomen- EFE dando a los vecinos de la zona, a través del teléfono particular, que no salieran a la calle y que mantuvieran las ventanas cerradas para evitar el humo. Venimos por curiosidad decía una señora que se había desplazado desde lejos haciendo, como todos, caso omiso a las recomendaciones. El hecho de que no se hubiera registrado una sola víctima en el incendio -sólo cinco bomberos tuvieron que ser asistidos por intoxicación- -hizo que la jornada tuviera un aire casi festivo y la zona, habitualmente muy tranquila en las mañanas de domingo, ofrecía ayer una imagen mucho más concurrida y animada que de costumbre. Sobre todo, los jardines de AZCA, normalmente solitarios cuando las oficinas y los centros comerciales están cerrados. Parece un día de fútbol comentaba uno de los curiosos. Sólo faltan los puestos ambulantes apostillaba otro. Pero a muchos vecinos del barrio sí les dolió ver cómo desaparecía aquel edificio emblemático, que en su día supuso una de las primeras muestras de modernidad en aquella zona de la ciudad. Algunos de los residentes recordaban ayer, mientras contemplaban el humeante paisaje neoyorquino del complejo AZCA, cuando éste era sólo un descampado en el que un pastor solía pasear a sus ovejas y, ocasionalmente, se instalaba un circo itinerante. Temíamos un incendio Muchas veces nos habíamos planteado qué pasaría si se registraba un incendio en uno de los rascacielos, ya que sabemos que las escalas de los bom (Pasa a la página siguiente)