Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 14 2 2005 Opinión 5 Regresa para quedarse Su Santidad el Papa reapareció ayer en el ventanal de San Pedro. Tras los nueve días que permaneció hospitalizado, Juan Pablo II aprovechó su vuelta a la actividad oficial para disipar las dudas sobre una hipotética renuncia, alimentada ayer mismo por un cardenal brasileño que así lo pedía. El Sumo Pontífice está dispuesto a seguir siendo el timón de la Iglesia. Preparados para lo de siempre El mismo día que Arnaldo Otegi, ex convicto por secuestro y líder de un partido ilegalizado, presentaba la candidatura fantasma con la que pretende concurrir a las elecciones del País Vasco, se conocían detalles de lo que escondía el miembro de ETA detenido recientemente en Basauri: rifle de mira telescópica, escopeta, detonadores, temporizadores y, lo que es más inquietante, información detallada sobre políticos y miembros de las Fuerzas de Seguridad como posibles objetivos. Parece claro que lo de una hipotética tregua o no está listo o se trata de un engañifa más. Holgada mayoría Ayer se dieron a conocer los resultados de las elecciones en Irak. Se confirma la holgada mayoría conseguida por los chiíes, comunidad liderada por el jeque Sistani, y los buenos resultados obtenidos por los kurdos. La otra cara de la moneda la representan los suníes, que dejan el poder después de ochenta años. La integración de esta comunidad sigue siendo una prioridad. CITAS ARDIENTES J. FÉLIX MACHUCA EFE Yo estuve allí Desde la madrugada, el incendio del edificio Windsor se convirtió en un inesperado polo de atracción para centenares de madrileños y visitantes de la ciudad, que se aproximaron a las inmediaciones del lugar de los hechos para retratarse cuando aún humeaba el esqueleto del rascacielos. El corte al tráfico de las calles adyacentes facilitó la llegada de los curiosos que disponían de toda la calzada para buscar el mejor ángulo desde el que tomar la instantánea que dejaría para la posteridad doméstica el famoso yo estuve allí RDÍA el edificio Windsor en una especie de apoteosis del fuego, Roma en la Castellana, Valencia en Azca, Nueva York, lagarto, lagarto, en los miedos intratables de los primeros sobresaltos de la noticia. Ardía el Windsor como si viniera del infierno y a sus ropas y su pelo le hubiese dado brea el mismísimo demonio. Ardía tan profesionalmente que el fuego lo destruía con rigurosa aplicación sin que ninguna de sus estructuras repeliera, con un mohín de desagrado o implorando un poco de agua, un final de ciclo tan ardiente. Sucumbió Windsor, sin llegar a la treintena, en plena juventud y en el epicentro financiero madrileño, donde no sólo arde el dinero y la bolsa dibuja sierras más visitadas que las del Guadarrama. También arden edificios que aspiran a estrecharle la mano al cielo y se derrumban torres tan altas como la abatida. Convertido, involuntariamente, en el faro esplendoroso de la convulsa noche madrileña, el Windsor alumbró, durante toda la madrugada, el rumbo caótico de los navegantes en tierra que, avisados por tan devastadora luminaria, entendieron que allí abajo, a los pies de la antorcha gigante, había espectáculo. Y gratis. Ardía la torre y había que verla, como el que sigue un final de etapa de una vuelta ciclista o el que no quiere perderse un encierro de los Sanfermines. Arde el Windsor y no hay que pagar entradas. Podremos perdernos la boda de Ronaldo. Y nunca llegaremos a ser admitidos, por insolventes, en el club de los petroleros. Pero para ver arder la torre no te reclaman ni invitaciones vips ni te exigen siete pozos en el desierto. Vas allí, te cuelgas al colega del brazo, te adosas la digital, el móvil recién cargado y a ver si hay suerte y podemos sentarnos en banco de pista, pegado a la banda donde las cintas y las vallas marcan el territorio de la zona catastrófica. Con ese kit de primeras urgencias chismosas se encajaron ayer bajo las amenazante e incendiarias entrañas del Windsor muchos curiosos que quisieron inmortalizar el momento. No se trataba de la pasarela de entrada a los Oscar de Hollywood. No. Se trataba de un incendio brutal, pero el espectáculo te invitaba a asomarte al peligro para fotografiar al coloso en llamas como si fuera Paul Newman en su plenitud. La dimensión del espectáculo ha calado tan fuerte en nosotros que, con tanto gusto como inconciencia, se vive al borde de lo imposible. Fotografiaron el momento, pasaron SMS a los rezagados y tuvieron la cita más ardiente de la noche que, afortunadamente, no fue tan fatal como la del Windsor. A