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ABC DOMINGO 13 2 2005 97 Deportes Rafael Nadal, molesto por la no renovación de Perlas como uno de los capitanes del equipo de Copa Davis Más ruido que nueces contra Carmona Mucho se había dicho del recibimiento a Carmona en La Romareda, pero el árbitro andaluz ya es un veterano al que estas cosas le afectan poco. La pitada fue grande y también las 12.000 tarjetas rojas que le enseñaron, pero Carmona las solventó con una sonrisa y una barba de varios días que ocultaba cualquier otro gesto de crispación. La fortuna también se puso del lado del colegiado porque el gol inicial en propia puerta del Zaragoza dejó helado al graderío, que ya no pudo reponerse de la sorpresa ni del disgusto. Ni siquiera el error en el fuera de juego del segundo gol o en el claro penalti de Valdés a Cani logró calentar en exceso los ánimos de los aficionados zaragocistas, que pitaron pero sin excesivo convencimiento. El discurrir del partido, con una clara superioridad en el juego y en el marcador del equipo azulgrana, fue aplacando los gritos de las gradas, que dejaron de prestar atención a lo que hacía o dejaba de hacer Carmona para criticar las decisiones propias, como los cambios de Víctor Muñoz o el planteamiento inicial realizado por el entrenador local. Al final, nada, más ruido que nueces para un partido que el claro y rotundo marcador dejó las jugadas conflictivas, que las hubo, en meras anécdotas que salvaron el pellejo de Carmona Méndez. Ronaldinho se eleva por encima de Generelo para rematar de cabeza REUTERS Su propia crispación y la contra del Barça hunden al Zaragoza Lastrados por un desgraciado gol inicial, los maños atacaron sin suerte JOSÉ MANUEL CUÉLLAR En el fútbol suelen suceder cosas así. Tanto protestar por lo de fuera y son luego los de dentro los que te sumergen en la ruina. Apenas un minuto de partido y el Zaragoza se disparó la escopeta en el pie y se voló cuatro dedos. Con el que le quedaba apenas pudo andar, así que se dedicó a echarse encima del rival a ver qué sacaba. Lo que sacó fue un saco de goles que meter en el zurrón. El Barcelona nunca se había visto en otra igual. Nada más empezar Toledo hizo una cesión al debutante Rubén que más que una cesión era una puñalada trapera al pobre chaval. El chico no llegó a atajar el esférico y el tanto subió al marcador mientras que La Romareda se quedaba muda, sin siquiera el triste pretexto de echar la culpa al árbitro, con las ganas que le tenían. Luego, en la reacción loca, desesperada y suicida del Zaragoza, la grada tuvo razones para hacerlo pues el segundo tanto de los azulgrana vino precedido de un fuera de juego de Eto o y, además, Carmona se tragó, de forma insólita, un clarísimo penalti de Valdés a Cani pues, dando ases a los que ZARAGOZA BARCELONA 1 4 Zaragoza (4- 2- 3- 1) Rubén; Ponzio, Álvaro, Milito, Toledo; Movilla (Drulic, m. 81) Zapater; Cani (Soriano, m. 81) Generelo (Javi Moreno, m. 28) Savio; y Galletti. Barcelona (4- 3- 3) Valdés: Belletti, Oleguer, Puyol, Gio (Sylvinho, m. 71) Xavi, Márquez (Gerard, m. 80) Deco; Giuly (Iniesta, m. 60) Ronaldinho y Eto o. Árbitro Carmona Méndez, del Comité andaluz. Tarjeta amarilla a Belletti, Savio, Toledo, Movilla y Álvaro. Goles 0- 1: m. 1: Toledo en propia puerta. 0- 2, m. 29: Giuly. 0- 3, m. 39: Eto o. 1- 3, m. 62: Galletti. 1- 4, m. 71: Márquez. ta para que sus continuos pases al contragolpe acabaran en tres goles, que pudieron ser tres más si los delanteros visitantes no hubiesen fallado tanto. En una escasa media hora, el Barcelona había abierto brecha en el marcador y, diez minutos después, lo había sentenciado con el tercero de Eto o a un precioso pase de Ronaldinho, esta vez fuera de toda duda en cuanto a su legalidad. Dos tiros al palo Todo estaba mal en el Zaragoza, que jugó el partido con una crispación que no le hizo nada bien a su fútbol. Su técnico se cargó a Generelo a la media hora, como medida a tomar para levantar el encuentro, pero ya el choque llevaba una inercia mortal para los maños, una inercia que la entrada de Javi Moreno no iba a poder frenar. Todo fue tan mal que hasta la fortuna le volvió la espalda a los de casa. Además del desgraciado gol inicial, que lastró su juego, sus intentonas ofensivas tropezaron con sus alocados ataques y, también, con su escasa suerte, pues una falta de Galletti y un tiro de Movilla acabaron en los palos de Valdés. Y es que dicen que tiene la cabeza escasamente amueblada, le pegó un empujón dentro del área sin venir a cuento y sin balón de por medio. Sin embargo, con el primer gol en contra el aficionado ya se había quedado sin habla y su equipo, sin juego. Atacaba como pollo sin cabeza y Rijkaard no tuvo más que meter a Ronaldinho al centro de la media pun- el Zaragoza de ayer era un circo al que le crecían los enanos. Eso sí, justo es decir que los de Víctor Muñoz, a pesar de todo lo sucedido, nunca perdieron la cara al partido. Lo intentaron siempre con mucha voluntad y sin rendirse en ningún momento. Justo premio a ese empeño fue el gol de Galletti, propiciado por Valdés, casi siempre tan seguro, que se tragó el disparo del delantero local. Dio igual, la fortuna no estaba para los de casa, sus tiros iban al palo y salían fuera, el que pegó Márquez al mismo palo se metió dentro por un pelo, y era el cuarto. Poco le había durado la esperanza, que de por sí era escasa, al Zaragoza pues el cuarto gol acabó con lo poco que quedaba de disputa en el encuentro. El carrusel de cambios, el posterior ir y venir de unos y otros sirvió para rellenar el trámite en el que se había convertido el partido, resuelto en el primer cuarto de hora. Los últimos minutos fueron de agonía zaragocista porque el Barcelona seguía metiendo contras y sólo la relajación de los azulgrana en los metros finales evitó un resultado más abultado. Ahora, la presión la tiene el Madrid.