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ABC DOMINGO 13 2 2005 93 Las hortalizas, un 49 más caras para el consumidor, aunque los agricultores sólo las han subido un 21 deben buscar una solución, que tiene que ser fruto del diálogo. Aunque no hay que ir a EE. UU. para buscar una fórmula de éxito. En Europa existen mercados laborales muy eficientes, como el danés, que combina una buena protección de los trabajadores con un alto grado de flexibilidad. -Usted respaldó al ministro de Economía, Pedro Solbes, en su rechazo a la cláusula de revisión del salario mínimo interprofesional. ¿Por qué se opone a esa medida pactada por el Gobierno y los sindicatos? -Con un objetivo de inflación del 2 no conviene adoptar medidas de este tipo. No hay que despertar expectativas inflacionistas. Tenemos que ser conscientes de que España lleva años perdiendo competitividad porque los precios y los costes unitarios suben más que la media europea. Y es un proceso que no se puede prolongar más. ¿Pensó que Solbes necesitaba su respaldo en su enfrentamiento con otros ministros? -Solbes no necesita el respaldo del comisario de Asuntos Económicos porque tiene el respaldo de quien lo tiene que tener, que es el presidente del Gobierno. -El recalentado mercado de la vivienda es otro de los puntos de la economía española que la UE observa con preocupación. -El análisis es claro. Pese a que la construcción de nuevas viviendas es muy intensa, los precios suben. Hay elementos de un excesivo calentamiento en el sector. Probablemente, uno de ellos son las muy favorables condiciones financieras de las hipotecas. Pero no parece que estemos ante una situación sostenible a medio- largo plazo. ¿Cree que reducir las deducciones por la compra de vivienda, como propone el Gobierno, es una buena técnica para facilitar un aterrizaje suave de los precios? -Eso no es competencia de la Comisión Europea. -El Gobierno ha sido acusado por la oposición de haber forzado cambios en la presidencia de algunas empresas privadas, como Repsol, y por estar detrás del intento de asalto al BBVA. ¿Considera que en España hay más injerencia política en el libre mercado que en otros países europeos? -No quiero meterme en eso. El plan Ibarretxe no cabe en la Constitución española. Y con eso basta y sobra ¿Cómo van las negociaciones para la reforma del Pacto de Estabilidad? ¿Cree posible cerrar un acuerdo en marzo? -El acuerdo en marzo es posible, aunque no seguro. Los temas que estamos debatiendo son tres: cómo incentivar la acumulación de excedentes presupuestarios en los momentos buenos; en segundo lugar, queremos una mayor coherencia entre la estrategia de crecimiento y la disciplina presupuestaria; y, en tercero, suavizar el tratamiento de un país que ha caído en déficit excesivo. -Da la sensación de que se ha decidido hacer esta reforma a instancias de Francia y Alemania. -No estoy de acuerdo con que todo esto se interprete como un intento de sa- tisfacer a Francia y Alemania. Ahora hay diez países con déficit excesivos. De ellos, ocho han adoptado presupuestos para 2005 que cumplen con la regla de no sobrepasar el 3 del PIB. Luego hay dos, Grecia y Hungría, que no han aplicado las medidas adecuadas. Ese cliché de Francia y Alemania corresponde a un conflicto del pasado que ha quedado superado. -El euro sigue fuerte. ¿La única esperanza para que se modere es que EE. UU. controle sus déficit? -En las últimas semanas el euro ha aflojado algo hasta situarse por debajo de 1,3 dólares. Ha habido importantes reuniones, como la del G- 7 en Londres, en las que EE. UU. nos ha anunciado el propósito de Bush de reducir el déficit a la mitad. Nosotros, por nuestra parte, hemos puesto sobre la mesa la revisión de la Estrategia de Lisboa para crecer más. Si combinamos ambos elementos, no hay que mirar con miedo el futuro. De todas formas, el impacto del tipo de cambio no ha sido grande. Perjudica las exportaciones al área dólar pero se paga menos por el petróleo. ¿Nos tenemos que acostumbrar a convivir con un petróleo caro? -Analizando las previsiones de oferta y demanda, no podemos pensar en volver a precios por debajo de los 30 dólares el barril. Ése no es un escenario realista. Hay que situarlo no lejos de los niveles actuales: entre 30 y 40 dólares. Europa no entiende que la mitad de los vascos se imponga a la otra mitad ¿Cree que el plan Ibarretxe tiene encaje en la Constitución europea? -No tiene cabida en la Constitución española. Y con eso basta y sobra. Desde el punto de vista europeo, se entiende la frase de Zapatero: Si vivimos juntos, tenemos que decidir juntos Desde el concepto de democracia que existe en Europa, lo que no se entiende es que una mitad de la sociedad vasca quiera imponer su modelo particular de organización institucional o convivencia política a la otra mitad. -Se dice que la Constitución europea va a servir para fortalecer la democracia en la UE y su papel a escala internacional. ¿Qué ventajas aporta desde el punto de vista económico? -Los dos elementos que ha citado son objetivos de extraordinaria importancia. Tanto lo uno como lo otro juegan en un sentido muy positivo desde el punto de vista económico. La Constitución consolida los avances conseguidos y los inserta en un plano político más claro, dándole a Europa un peso y una voz más relevante de cara al resto del mundo. -El Supremo ha anulado los principales elementos diferenciadosres del Impuesto de Sociedades del País Vasco. En su sentencia, recurre a la normativa europea para declarar esas ventajas como ayudas de Estado ilegales. ¿Cree que es una interpretación correcta? -La regulación del Impuesto de Sociedades es competencia de los Estados miembros y, por lo tanto, la forma en que luego se distribuyen estas competencias entre las haciendas forales y la estatal no es relevante a nivel europeo. Ahora bien, en la UE hay toda una serie de normas que tratan de evitar la competencia desleal y que sí son aplicables a las decisiones tributarias. De hecho, ya ha habido varias sentencias del Tribunal de Justicia de Luxemburgo. Por otro lado, tengo que decir que la armonización de los tipos impositivos no está en la agenda. Lo que sí está es la armonización de la base imponible.