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78 Cultura DOMINGO 13 2 2005 ABC EL LIBRO QUE INGE Y ARTHUR NO PODRÁN LEER CARMEN DE ZULUETA ESCRITORA Arthur Miller e Inge Morath en Pamplona, junio de 1997 EFE Arthur Miller murió mientras escribía y revisaba su pasado Nueva York y el teatro internacional lloran la desaparición de uno de sus más grandes autores preparaba una antología de su obra y compilaba sus diarios para su publicación cuando el corazón le falló el jueves en su granja de Connecticut ALFONSO ARMADA CORRESPONSAL NUEVA YORK. Su último relato, Beavers (Castores) aparece en el número de febrero de la revista Harper s Es la historia de un hombre que se plantea matar a un castor que campa por su propiedad y acaba revisando su propia vida: No creía en su muerte y: A sus ojos, era inmortal La frase que cierra el texto, de alguna manera, a toro pasado, con su muerte el pasado jueves, parece adquirir también un aura premonitoria: ¿Podría algo darse por fin por terminado, completamente comprendido y así de alguna manera más fácil de olvidar? En fin, Arthur Miller murió en su granja de Connecticut mientras trabajaba en una antología de sus obras para la Biblioteca de América y compilaba sus diarios para un libro que iba a publicar con el productor David Reichenthal, que en mayo repondrá en Londres Muerte de un viajante Las luces de Broadway, donde fue una fuerza desde que hace sesenta años su Muerte de un viajante entrara en el panteón y el imaginario del teatro estadounidense, parpadearon la noche del viernes en homenaje a Miller. Sin embargo, desde el estreno de b El dramaturgo El precio en 1967, no volvió a tener un claro éxito de crítica y público en la principal pasarela del teatro estadounidense. Políticamente, sexualmente, en todos los sentidos, siempre estuvo en primera fila comentó el dramaturgo John Guare. El director Robert Falls, que firmó la espléndida reposición en 1999 de Muerte de un viajante en Broadway declaró al New York Times que Miller, con Tennessee Williams y Eugene O Neill, crearon el teatro americano serio Mientras, el Times dedicaba al dramaturgo más de dos páginas íntegras con un título a dos columnas y fotografía en lo alto de su portada celebrando su condición de voz moral del teatro un autor cuya obra dejó al descubierto las flaquezas en la construcción del sueño americano Su última compañera, la pintora Agnes Barley, era 55 años más joven que él, y hoy se comenzaba a rumorear sobre la posibilidad de que esté embarazada. Salter, sin embargo, es menos entusiasta que Falls y otros exégetas a la hora de apreciar el legado teatral de Miller: Creo que el interés de las nuevas generaciones irá decreciendo. No es tan bueno como Eugene O Neill, del mismo modo que O Neill no era tan bueno como Tennessee Williams Para terminar, el también dramaturgo y ex presidente checo, Václav Havel dijo: Me sobrecogió la noticia de su muerte, porque éramos amigos desde los años sesenta. Era el dramaturgo más importante del siglo XX i marido era un entusiasta del teatro. En sus años de Harvard había sido secretario del Theater Club, y después de casado nunca nos perdíamos ningún estreno. Conocía muy bien la obra de Arthur Miller y su club había representado La muerte del viajante Cuando se repuso en Nueva York en los años 40, fuimos a verla. La obra me interesó mucho. Concentraba en poco espacio la desesperación producida por la gran depresión de los años 30, que destruyó tantas vidas y que sumió a Estados Unidos, el país más rico del mundo, en una era de pobreza. No hace muchos años, antes de la muerte de mi marido, nos invitó a comer Mario Laserna, un rico amigo colombiano, en el Century Club de Nueva York. Cuál sería nuestra sorpresa al ver que entre los comensales estaban Arthur Miller y su mujer, Inge Morath. Yo sabía muy poco de Inge, pero lo supe durante la comida. Estaba sentada a mi lado, hablaba un español perfecto y, al saber que yo era española, me dijo que iba a ir a Sevilla a sacar fotos de la Feria para un artículo que se iba a publicar en la revista Traveler Yo le pregunté si tenían reserva en algún hotel sevillano y ella me dijo que sí, que en el Doña María. Yo conozco bien ese hotel y sé que es muy pequeño y que durante la Feria no existen las reservas. Le di mi teléfono a Inge y le dije que me llamase. Así lo hizo y yo le di el número del teléfono de una amiga sevillana por si se encontraba sin habitación en Sevilla. Y en efecto, tuvo que llamar a Begoña Medina, mi amiga, al encontrarse sin cuarto en el hotel. Fue con Begoña a la Feria y con ella recorrió las casetas, vio a los jinetes que venían en sus caballos andaluces, como estampas del Patronato del Turismo, y sacó una serie de fotos extraordinarias. Porque Inge era una fotógrafa de fama mundial. Nacida en Austria, perseguida por los nazis, había marchado después de la guerra a París donde estaba el famoso fotógrafo Cartier- Bresson. Allí se relacionó con el mundo del arte y de la moda. Balenciaga le hacía trajes gratis, con un bolsillito escondido para la cámara. Inge, rubia, alta y delgada era una modelo excepcional. M La elegante Inge consiguió ir con Cartier- Bresson a EE. UU. Como hablaba perfectamente el inglés, fue como intérprete del genial fotógrafo y con él llegó hasta la costa del oeste donde fotografiaron a la famosa Marilyn Monroe. Allí conoció al marido, también famoso, Arthur Miller. A su vuelta de Sevilla, Inge me llamó muy agradecida y fue entonces cuando nos hicimos muy amigas. Venía a verme muchas veces, comíamos juntas con frecuencia y en sus conversaciones yo iba acumulando datos sobre Arthur: lo que estaba escribiendo, los ensayos, mientras ella hacía fotos. Me contó su ida a Barcelona justo después de la Guerra Civil. Me habló de la ciudad deshecha, de la gente de luto, asustada. Conocí a Arthur cuando me invitaron a ver una película que había hecho su hija Rebecca. Allí pude ver al admirado autor. Nos reímos todos al final de la película, un drama que acababa en risas. Un día se anunció el estreno en el Lincoln Center de tres comedias breves de Miller. Mi marido compró entradas y fuimos al estreno. En la fila de delante estaban Arthur e Inge. Las obritas, de carácter cómico, no duraron mucho. No tuvieron éxito de público. Miller era un autor de drama y por eso sus obras tuvieron mucho éxito en la España dramática del franquismo. En la granja de Connecticut Nuestra amistad creció. Inge y Arthur me invitaron a pasar un fin de semana con ellos. Yo acepté ir solamente el sábado y fui con ellos una mañana bastante primaveral a las montañas de Connecticut donde tenían una antigua granja. El viaje fue corto y me hizo gracia ver que Miller tenía la misma costumbre de mi marido: iba oyendo constantemente las noticias del día en la radio del coche, pasando de una estación a otra. Ya estábamos en la vieja granja de Connecticut. La tierra era dura, con poca vegetación y muchas rocas, casi como los campos machadianos de Castilla. La granja tenía una gran chimenea donde nos calentamos y comimos a su calor en la mesa de la cocina. La comida sencilla, lo que daba la tierra, desde la sopa al queso. Vi allí el estudio de Inge. Era un viejo silo al que le habían colocado una escalera de caracol. Arriba, en la parte alta, como una bitácora de barco tenía Inge su laboratorio. Sus fotos estaban colgadas a secar en una cuerda, como calcetines. Pronto llegó la hora de volver. Arthur estaba en su estudio durmiendo una siesta a la española. Inge me llevó al bus. Volví pensando en estas dos figuras tan interesantes, tan diferentes y a la vez afines. Pasado el tiempo, escribí sobre ellos y hace unos días mandé a Arthur mi último libro en el que hay un capítulo dedicado a los dos. Me entristece pensar que nunca lo leerán. Arthur Miller era un autor de drama y por eso sus obras tuvieron mucho éxito en la España dramática del franquismo recuerda la autora, gran amiga de Inge Morath