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74 Cultura LV FESTIVAL DE BERLÍN DOMINGO 13 2 2005 ABC Catherine Deneuve, ayer durante la rueda de prensa en Berlín AP Un perfecto Día D Depardieu, Deneuve y Dépor Ayer compitió un poquito de Techiné y un trozo de película española, One day in Europe b El filme francés presentado ayer a concurso se titula Los tiempos cambian pero su espíritu, su ritmo, su vocación y potencia desdicen completamente su título E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL BERLÍN. Pónganos este año cuarto y mitad de película a competición, le ha dicho la Berlinale al cine español, y el cine español participa en la brega por el Oso de Oro en esta quincuagésima quinta edición de la Berlinale con un trozo o pedazo de obra titulada One day in Europe dirigida por Hannes Stöhr, de aquí, de la zona, y con la doble e inestimable colaboración del equipo de futbol del Dépor y la presencia de ese Robert De Niro de nuestra cinematografía que es Luis Tosar, tan cambiante como un día de mayo en el desierto de Gobi (aquí, sorprendentemente, hace de ceporro que acompaña al equipo a Turquía, a un partido contra el Galatasaray; lo detienen por ceporro y entonces demuestra sus excelencias lingüísticas mediante un uso realmente variado y liberal del taco español entreverado de gallego) Gran papel. Aunque no tan bueno como el que interpreta Miguel de Lira, genial como sargento en Santiago y con un dominio del inglés que ya lo quisiera Toro Sentado... La película es uno de esos productos multiculturales y poliédricos que tanto mosquean a los nacionalismos; aunque, con franqueza, no llega desmasiado lejos: ni siquiera pasa del empate el Dépor... Dicho lo cual, también hay que añadir que One day in Europe fue, de largo, lo mejor del día. No tenía mucho mérito: antes se proyectó una cosa firmada por André Techiné con una pareja de reyes de protagonistas, Catherine Deneuve y Gerard Depardieu, por así decir los buques insignia de la pesada, o pasada, armada francesa. Se titula Los tiempos cambian pero su espíritu, su ritmo, su vocación y potencia desdicen completamente su título, justo lo contrario de las consignas zen: aquí, nada se transforma, todo desaparece. Acaso quede el trabajo de Gerard Depardieu, que le pone carne a su personaje de hombre romántico y algo idiota. Catherine Deneuve, en su línea: o sea, en su línea de texto y en esa otra de no mover ni un músculo de la cara, lo que le da la misma fuerza expresiva que a Doña Rogelia el día que libra Mari Carmen. El argumento reposaba en la ciudad de Tánger y en un rosario de tópicos que, por una mera cuestión perezoespacial, no repetimos. Bien, y aunque cueste creerlo, la película de Techiné, Los tiempos cambian era una obra maestra al lado de la italiana que abrió la jornada (a las nueve de la mañana, ¿a ver si no es para sangrar ahora por la herida? Se ti- AFP El jurado, en un escandaloso primer plano La actriz china Ling Bai, una de las componentes del jurado del Festival, no parece haber aceptado el habitual segundo plano reservado a quienes han de juzgar las películas, y se ha convertido en una de las protagonistas del certamen. El escueto vestuario con que ha aparecido estos días ha dejado ver más de la cuenta en diversas ocasiones, y así lo ha recogido la prensa alemana, que duda de la casualidad de estos descuidos tulaba Provincia mecánica la firma una persona llamada Stefano Mordini y cuenta el malísimo rollo entre una pareja formada por ese actor también muy cambiante, Stefano Acorsi, y por Valentina Cervi, cuyo interés visual compensa un centenar de veces cualquier mella en su técnica interpretativa, que las tiene. Provincia mecánica es un delirio en el que las cosas pasan con desfachatez de telenovela mala pero a la velocidad de spot publicitario: cualquier ingenua pregunta al sostén de la trama desbarata completamente el engranaje... Tiene, en cambio, una cualidad que se puede subrayar ahora: parece estar hecha para la memoria de los peces, que les dura la pila de los recuerdos unos ocho segundos. Es decir, vista y no vista. Y este camino regular pendiente abajo que llevamos en los primeros días nos hace sospechar que seguiremos en esa tónica, que las de mañana harán buenas a las de hoy. El acorazado Potemkin y Catherine Deneuve, reconstruidas RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Un Potemkin liberado de la censura y una Catherine Deneuve liberada de años y complejos amantes han dado de qué hablar al Festival. La vieja obra de Eisenstein ha recuperado la cita de Trotski que la encabezaba y tras el hachazo suplantada por una de Lenin. No es que la gente la reclamara, pero cabe saber que el lema original sólo apareció en su primera proyección, el 24 de diciembre de 1925, en el Bolshoi de Moscú. Un equipo ruso- alemán ha descubierto que el hacha inclemente, además de al pensamiento de Trotski, había alcanzado a varios planos: la censura soviética introdujo cortes y cambios, por ejemplo, a uno de los planos secuencia más estudiados en las escuelas de cine: la matanza de los amotinados bajo las balas de los cosacos, en la escalinata del puerto de Odessa. No hay una copia completa de la cinta originaria que, al parecer, Eisenstein no supo cómo terminar pues le martilleaba la idea, según el restaurador Enno Patalas, de que el gran buque de la revolución terminara rompien- do la pantalla e irrumpiendo en el patio de butacas. Pero lo visto en la Volksbühne con orquesta acompañante es, tras dos años de trabajo, la copia más completa de un filme cuyo montaje revolucionó los parámetros del relato cinematográfico. A sus 62 años no se conserva peor que el acorazado y la actriz Catherine Deneuve niega que sea una adicta a los festivales- pero me gusta que me inviten -o que crea por fin en el amor definitivo- siempre es una aventura provisional por más que Techiné haya encontrado por primera vez un final a uno de sus filmes; ni que hombres y mujeres amen de la misma manera en lo que la actriz quiso deslizar que las segundas lo harían más si no mejor: Para el hombre, el amor no es la gran aventura de su vida elucubró la francesa que protagoniza Los tiempos que cambian André Techiné se ha puesto la cámara al hombro para mostrar el desorden de la vida en que cae Deneuve al ser reseducida por Gérard Depardieu, décadas después de compartir un primer amor, que siempre es el más fuerte para una persona opinó Deneuve.