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ABC DOMINGO 13 2 2005 Internacional BODA DEL PRÍNCIPE DE GALES 35 Carlos las conoció más jóvenes, más bellas... pero las armas ocultas de su amada de siempre fueron irresistibles El misterio de Camilla POR BEATRIZ CORTÁZAR Los novios, el pasado jueves por la noche en el castillo de Windsor Bowles ha contribuido a remarcar su carácter de presentable pareja y a dar a su futura esposa una dimensión social que supere la de mera amante. AFP Un Rey en espera Pero el trabajo para Paddy Harverson y el resto de los asesores de Clarence House no ha hecho más que comenzar. Asumida la boda y salvadas las aspiraciones al Trono por parte del heredero mediante equilibrios institucionales de cierto riesgo, ahora la campaña de imagen debe seguir bajo otras premisas, tal vez más complicadas, para la consolidación del Príncipe Carlos como un Rey en espera. La indiferencia de muchos británicos ha contribuido a la aceptación de esta inusual boda, pero también esa indiferencia puede acabar debilitando a la propia Monarquía. Entre el 33 y el 37 por ciento de la población cree que la institución se ha visto dañada. peripecias de la Familia Real con una mezcla de fascinación, estupor e indiferencia. Algunos, incluidos los estrategas del Partido Conservador a los que la celebración de la boda un mes antes de las elecciones restará un puñado de votos, recordarán con nostalgia los días en que los Windsor estaban por encima de cualquier reproche. La sociedad británica tiene una veta muy tradicional y seguro que hay millones para los que los títulos y el ceremonial siguen siendo vitales. La gente puede dar por supuesto que la Reina Isabel, su marido Felipe, Carlos, Guillermo o Enrique se repanchingan en el sofá o disfrutan viendo telebasura, pero en público deben ser impecables. Ni siquiera se les permiten emociones. Todavía recuerdo el funeral de Diana y a sus dos hijos con cara de palo y las bocas congeladas en ese gesto que los in- gleses conocen como stiff upper lip Hay encuestas para todos los gustos. La de Sky News cifra en el 70 por ciento los opuestos a la boda. La del Guardian afirma que sólo un 55 por ciento prefiere al Príncipe de Gales que a un jefe de Estado elegido Pero la que más tiene que haber preocupado al heredero es la del Daily Telegraph: un 37 por ciento de los británicos quiere que Carlos sea Rey, mientras el 41 por reclama un salto generacional y que el trono pase a su hijo Guillermo. Cuando se preguntan las razones, bastantes citan los disgustos que Carlos dio a Diana y recuerdan la frase de la desventurada, subrayando que desde el principio fueron tres en su matrimonio. Lo que censuran a Carlos no es que tuviera amante fija, sino que tratara a la chica como un gañán y les privara a ellos del glamour. MADRID. A simple vista nadie entiende qué tiene Camilla Parker Bowles para traer de coronilla al mismísimo Príncipe de Gales durante más de treinta años. Se diría que Camilla es la antítesis de lo que un hombre sueña como mujer ideal. Pero sólo a simple vista. Lo cierto es que el misterio de Camilla va más allá de la talla que gaste o de las arrugas que surcan su rostro. De sus andares descuidados o su peinado imposible. Camilla no pasará a la historia por su elegancia ni sensualidad, para eso ya está Diana de Gales, convertida en icono de belleza, pero sí por tener un carácter y una personalidad capaces de enloquecer al Heredero británico. Al igual que ocurriera con Wallis Simpson, Camilla no es el simple capricho de un hombre. Es mucho más. Desde que en 1970 sorprendiera a Carlos de Inglaterra al saludarle en un partido de polo con la frase mi bisabuela, Alice Keppel, fue amante de su tatarabuelo, Eduardo VII. ¿Lo sabía? Camilla marcó un antes y un después en la vida del primogénito de la Reina Isabel. Su espontaneidad hizo mella en él Por entonces, Carlos de Inglaterra era un joven más bien tímido y con las secuelas de una educación severa en la que el Duque de Edimburgo tuvo mucho que decir. Por eso la espontaneidad de Camilla hizo mella en un hombre que apenas tenía experiencia con las mujeres y sí mucha contención al mostrar sus sentimientos. Camilla estuvo enamorada del oficial Andrew Parker Bowles, íntimo amigo del Príncipe y a quien planeaba dar celos. De aquellos propósitos, Carlos y Camilla pasaron a un romance intenso y breve que terminó cuando él tuvo que zarpar en un barco de la Armada. En una de sus escalas se enteró por la prensa del compromiso de su amada con Parker Bowles. Narran las crónicas que Carlos derramó sus primeras lágrimas por ese amor que veía imposible. Pero la sombra de Camilla era densa sobre el corazón del Príncipe. Volvió a Londres, se convirtió en padrino del primer hijo de los Parker Bowles y empezó a protagonizar una serie de aventuras sentimentales con algunas mujeres, entre ellas la hermana de Diana Spencer, sin que olvidara a su amor de juventud. Las conoció más bellas, más jóvenes y más modernas. Pero Camilla era más que todo eso. Era la única que le entendía perfectamente, la que más cosas compartía con él, la que asumía el papel de amante o madre según las circunstancias, la que le asesoraba en cada paso que daba hasta el punto de que fue ella quien le aconsejó que tenía que casarse, cumplir con sus obligaciones para con la Monarquía y dar herederos al Trono. Camilla dio el visto bueno a Diana. Había asumido su papel de amante al igual que hiciera su bisabuela años atrás. Por eso no reparó en pasar la última noche de soltero con un Carlos de Inglaterra que al día siguiente celebraba por todo lo alto su enlace religioso con la jovencísima Diana quien, durante la luna de miel, conoció las primeras grietas de su matrimonio. Todo los escándalos que se sucedieron después ya son historia. Aún hoy, muchos no acaban de entender qué tiene Camilla para rendir a Carlos a sus pies. Sus armas de mujer están ocultas, pero han sido irresistibles para el corazón de un Príncipe acostumbrado al encanto de los amores secretos y prohibidos. En la madurez de sus vidas, ya no quieren estar separados un minuto más.