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ABC DOMINGO 13 2 2005 Internacional 33 Japón ocupa el faro del islote del Perejil chino La isla pertenece al archipiélago de Diaoyu, cuya soberanía se disputan ambos países PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Cada país tiene su vecino y cada vecino suele disponer de un ramito de perejil que, rompiendo las más elementales normas de cortesía, no está dispuesto a compartir. Es lo que le pasó a España con Marruecos cuando los gendarmes del Reino alauí se instalaron en 2002 en el hasta entonces desconocido y desierto islote del Perejil y provocaron un conflicto diplomático por este peñasco que, enclavado frente a las costas de África, sólo le interesaba antes a las cabras que allí pastaban. Eso mismo le ocurre ahora a China, que ha visto cómo Japón ocupaba un islote en un archipiélago cercano a Taiwán, que ambos países se disputan desde hace décadas. En concreto, la Guardia Costera nipona tomó el miércoles pasado el control de un faro en Uotsuri- jima, la mayor de las islas Senkaku, como se conocen en Japón, o Diaoyu, según la denominación china. Dicho faro, construido en 1988 por activistas japoneses de extrema derecha, se alzaba como un símbolo del imperio del Sol Naciente en estos islotes que permanecen totalmente despoblados, pero cuyo principal interés radica en sus ricos yacimientos submarinos de petróleo y gas natural. vez, Japón catalogó a China como su mayor amenaza militar, por lo que destinó 55.000 soldados a las islas del sur. La misión de 9.000 de ellos era reconquistar los territorios perdidos, como el faro sobre el que ya ondea una bandera nipona en Senkaku. ¿O se llamará Diaoyu dentro de poco? Camiones lanzadores de misiles desfilan por el centro de Pekín AP Provocación y respuesta Por ese motivo, Tokio no ha dudado en hacerse cargo del polémico faro una vez que ha sido abandonado por el grupo que lo levantó. Ha sido transferido al Estado, que protegerá estas islas que forman parte de su territorio retó el viceministro de Asuntos Exteriores, Shuzen Tanigawa, al anunciar esta nueva crisis con China. Pero la respuesta del dragón rojo no se ha hecho esperar y Pekín ya ha acusado a Japón de violar su soberanía territorial con esta provocación añadiendo más leña al fuego a las difíciles relaciones entre ambos gobiernos. No en vano, el conflicto del Perejil chino es sólo el último capítulo de unas desavenencias históricas que se remontan a 1895, cuando Japón conquistó Taiwán. Tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, estas islas se convirtieron en un campo de tiro de Estados Unidos hasta que, en 1972, fueron devueltas a Japón junto con Okinawa. En esa época, y coincidiendo con el descubrimiento de petróleo en las mismas, tanto Pekín como Taiwán empezaron a reclamar el deseado archipiélago, escenario frecuente de escaramuzas. Tras una accidentada expedición de activistas chinos en marzo del año pasado y la incursión en noviembre de un submarino nuclear en la reserva de gas natural, Tokio diseñó un controvertido plan de defensa. Por primera