Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 13 2 2005 Nacional 23 En los despachos hay preocupación: 499 internos deberán ser puestos en libertad entre hoy y el día 30 Si no hay un Ejido es porque el Cabildo ha tenido mucha habilidad para evitar brotes de xenofobia a su suerte en una plaza cualquiera. Y lo dice una población sensibilizada de verdad, que hablando de vergüenza, ya tuvo su propia cuota con el centro de internamiento pegado al aeropuerto que se cerró en junio pasado, el llamado Guantánamo 2 por el sórdido hacinamiento que convirtió sus tripas de cárcel en algo muy próximo a un campo de concentración. Una población con la conciencia golpeada desde el año 1994 por la tragedia de estos espaldas mojadas cuando llegó la primera patera, y que desde entonces ha coexistido con sosiego y grandes dosis de piedad con el sufrimiento de las gentes que llegan exhaustas a sus playas huyendo del infierno. Por no hablar de los que mueren en el intento, cuyos cadáveres yacen en los cementerios de Tuineje o Antigua, bajo lápidas en las que sólo consta un número y una leyenda triste: inmigrante Entre los vecinos y en los despachos, el transporte de los subsaharianos a la España peninsular no admite discusión a la luz también de una creencia unánime: esta es una isla de paso, ellos no quieren quedarse aquí indica, como tantos, un policía local. Recalan en la costa majorera porque es la puerta más próxima al sueño europeo, pero lo que buscan es Almería o Barcelona, hasta traen direcciones y contactos, y los que más, Francia. Muchos, cuando se dan cuenta de que están a miles de kilómetros se ponen a llorar Lo cuenta una voz institucional que prefiere no ser identificada, y que añade el comentario más inconfesable: pues sí, lo que buscan es Francia, así es que vamos a ponerlos en la Península y a dejarnos de tonterías, ¿Es que para que me atienda el médico tengo que venir en una patera? Si uno pasea por el centro de Puerto del Rosario o de Gran Tarajal, el gran punto de toque de las barquillas mal tejidas con tablones de cajas de fruta venidas de África, la presencia de inmigrantes- -regularizados o no- -no era llamativa estos días atrás en Fuerteventura. La de personas de piel negra, muy pequeña. Nada de lugares de encuentro que evoquen las concentraciones de brazos caídos en la Puerta del Sol en Madrid. Los majoreros preguntados se encogen de hombros cuando se les pregunta dónde están. Trabajando asegura un vecino sentado en la terraza de la Plaza de la Paz, meses atrás escenario del vagar de personas inmigrantes y hoy vacía. Van al servicio doméstico, a la hostelería, aunque la mayoría está en la construcción Se respira un más que aparente clima de normalidad, que no hace presagiar ningún arranque de violencia. La comunidad más numerosa es de procedencia hispanoamericana, especial mención a colombianos y argentinos, que pertenecen a esa inmigración que no llega jugándosela en una patera, sino a la inmigración de visado -el 80 por 100 del total- -que pisa tierra vía aeropuerto con el firme propósito de olvidar que su permiso de estancia se acaba a los tres meses. No hay problemas destacables de delincuencia, confirma el capitán Alba, jefe de la compañía de la Guardia Civil en la capital. El riesgo está a la hora de administrar servicios públicos que se quedan cortos, colegios donde a mitad de curso hay clases con 60 niños más y centros de salud colapsados. Hay pacientes que se preguntan ¿es que para que me atiendan tengo que venir en una patera? El Cabildo habla en general de una sobrecarga poblacional que amenaza el frágil equilibrio de una isla pequeña, de apenas 80.000 censados, donde la situación- -temen- -podría hacerse insostenible. Como la del pasado agosto, cuando se encontraron a 25 subsaharianos caminando en plena noche hacia Puerto del Rosario. No sería una más, -añade la misma fuente- si se repite un caso así veremos una protesta firme. Hemos soportado con talante solidario y buena relación de vecinos mucho, y sin respuesta, porque aquí, que todos se enteren, sufrimos a plomo el doble centralismo: el de Madrid y el de no ser isla capitalina Lo único que contemplan, la deportación. Pero no a cualquier precio, también reconocen todos. Los vuelos de la vergüenza desde la óptica de los habitantes de la isla y quienes les dirigen lo son, pero no porque los viajes estén injustificados, sino porque los pasajeros sin papeles, sin amparo, y muchas veces sin expectativas acaban dejados que ellos solos se van a ir para Francia Otra voz que también pide ser anónima, esta vez de un agente de la Policía Nacional, advierte tras años de trabajo en Fuerteventura que detrás de la defensa a ultranza de las deportaciones hay una xenofobia, oculta y latente, pero xenofobia pura y dura. Sin más. Al igual, subraya, que en tantos otros puntos de España: molestan los negros, el moro el subsahariano, mientras la inmigración sea hispanoamericana todo va bien, pero no quieren negros en las calles porque no se integran, ni quieren aprender el idioma, ni trabajar. Por eso en Fuerteventura, y en todas partes, van a seguir pidiendo que se los lleven a otro sitio en aviones El otro ángulo de los traslados al continente es el del efecto llamada Si hay quienes han visto a inmigrantes romperse de desolación al comprobar que el mafioso de turno les dejó a años luz de su objetivo, en la puerta de El Matorral también están los que demuestran un alto grado de adoctrinamiento de los que últimamente llegan y se quitan la ropa mojada antes de que nadie se lo indique, según daban cuenta el pasado jueves a ABC varios agentes. Ellos saben que lo primero que les van a dar es un atuendo nuevo, limpio y seco. Conocen perfectamente qué les va a pasar, y que antes de 40 días los van a sacar de aquí para ponerlos en libertad en España. Por eso vienen tantos subsaharianos y van a seguir viniendo, y ya casi ningún marroquí, porque antes de 72 horas los tienen de vuelta en su casa reflexiona uno de los policías. Como si acabaran de oírle, de entre la hilera de internos que desfila ante nuestros ojos seguramente para ir a cenar, dos o tres nos sonríen con ganas, y uno enseña entre la reja el pulgar hacia arriba en señal de victoria. Vivos y en Europa. Misión cumplida.