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62 Cultura MUERTE DE UN DRAMATURGO SÁBADO 12 2 2005 ABC EL DRAMA DE LA CULPA JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN rthur Miller era el último de los hijos vivos del gran patriarca del teatro realista norteamericano, Eugene O Neill, estirpe de la que también procedía Tennessee Williams, un autor que se internó por vericuetos de intensidad lírica y prospección psicológica apartados de la perspectiva social con la que casi siempre concibió su producción el dramaturgo neoyorquino, que en octubre habría cumplido 90 años y que ha muerto sin ver recompensada por el Nobel una obra difundida y conocida en todo el mundo, por donde el cansado Willy Loman continúa arrastrando su pesada maleta de viajante sin suerte. El teatro de Miller emerge en un momento en el que cristaliza sobre el escenario la crisis de valores provocada por el cataclismo de la Segunda Guerra Mundial. Es un tópico, pero no por ello menos cierto, subrayar que su escritura indaga con vocación catártica en las sombras del sueño americano, en los jirones raídos de ese optimista American Way of Life convertido en emblema del imperio y salpicado por los lodos de la historia. Miller va inevitablemente asociado, junto con Williams, a la nueva forma de hacer teatro- -y casi simultáneamente cine- -de una brillante generación de actores y directores vinculados al mítico Actor s Studio de Elia Kazan, Robert Lewis y Cheryl Crawford, que, sabiamente encauzado por Lee Strasberg, convirtió su personal aplicación del Método Stanislavski en la biblia de sucesivas oleadas de in- A Aunque las nuevas tendencias se apartan de los cauces naturalistas de Miller, sus dramas sociales no han perdido su poderosa pegada, su capacidad para llegar al filo del corazón térpretes empeñados tozudamente en masticar la psicología de sus personajes. Aunque la primera obra que Miller logró subir a un escenario, The Man Who Had All the Luck (1944) no pasó de las cuatro representaciones, ya contenía la semilla de algunas de las líneas fundamentales de su teatro: el drama de la culpa uncido a las relaciones familiares y la realidad laboral, y las fisuras en el edifico ético del capitalismo. En 1947 culminó dos de sus grandes piezas, Todos eran mis hijos y Muerte de un viajante en la primera, el éxito en los negocios va asociado a la degradación moral y el dolor familiar, y en la segunda, el fracaso vital del amargado vendedor ambulante se convierte en contraepopeya contemporánea, en vindicación amarga de los desechos que deja en la cuneta el vértigo angustioso impuesto por la moral del Miller, con Brian Dennehy y el resto de los actores que interpretaron la reposición de Muerte de un viajante en Broadway en 1999 éxito a toda costa. En Las brujas de Salem (1953) Miller, al contraponer en la balanza los valores personales y los criterios sociales, traza una inteligente y desoladora parábola del ambiente de delación y terror colectivo impuesto por el siniestro senador McCarthy y su activo Comité de Actividades Norteamericanas, que pasó como una apisonadora sobre la izquierda liberal estadounidense. Delación, culpa, familia y trabajo se alían de nuevo en el argumento de Panorama desde el puente (1955) El cuestionamiento de valores afecta a un abogado liberal en Después de la caída (1964) Y en El precio (1968) su última obra de consideración, el autor reaviva sus viejas ascuas argumentales con un conflicto familiar en el que dinero, culpa y sacrificio se mezclan en un gran pulso entre hermanos y distintas concepciones de la vida. REUTERS EL HOMBRE OPRIMIDO POR EL HOMBRE MIGUEL NARROS El cine y la televisión saben apreciar sus obras y sus guiones Sus obras son revisitadas en el cine y la televisión. Los cinéfilos no olvidarán Vidas rebeldes aquel mausoleo de personajes- actores a los que Huston y Miller supieron azotar a conciencia. Schlöndorff plasmó Muerte de un viajante en 1985 con Dustin Hoffman; David Thacker retomó la historia en 1996 y Fredric March lo hizo antes. Nicholas Hytner realizó El crisol adaptación de Las brujas de Salem (o a la inversa) con Daniel Day- Lewis y Winona Ryder. La obra también ha sido interpretada por Yves Montand y Simone Signoret. Su última aparición en el cine fue con Eden (2001) de Amos Gitai, basada en su propia obra y en la que aceptó interpretar al padre de Samantha Morton. Su obra en España A España llegó pronto el teatro de Miller. El infalible olfato de José Tamayo contribuyó decisivamente a ello con la puesta en escena, en 1951, de un recordado montaje de La muerte de un viajante en traducción de José López Rubio, con Carlos Lemos y un jovencísimo Francisco Rabal, que se vio catapultado al estrellato, en los principales papeles; numerosos testimonios dan fe de la conmoción que supuso en el panorama teatral español la irrupción de esos nuevos aires escénicos. Posteriormente, Miller ha sido representado con bastante asiduidad en nuestro país, donde aún están recientes los ecos de los magníficos montajes de tres de sus mejores obras: el de Miguel Narros de Panorama desde el puente el de Juan Carlos Pérez de la Fuente de Muerte de un viajante y el de Jorge Eines de El precio Aunque las nuevas tendencias se apartan de los cauces naturalistas de Miller, sus dramas sociales no han perdido su poderosa pegada, su capacidad para llegar al filo del corazón. Desde hace ya décadas se había convertido en un clásico. rthur Miller es un autor fundamental en el teatro contemporáneo. Vivió la etapa más brillante del teatro realista estadounidense, aunque él sobrepasó sus límites, porque jugaba con la fantasía en muchos aspectos. Para analizar su obra no hay que olvidar que él fue en su momento abogado laboralista. Su teatro político es el que más destaca: Todos eran mis hijos un grito contra el engaño a una sociedad; Panorama desde el puente Muerte de un viajante que es un texto capital... Son obras impresionantes en las que, a partir de anécdotas muy localizadas temporal y espacialmente, queda la esencia de esa denuncia social que emerge de buena parte de su teatro: el hombre oprimido por el hombre, la constante preocupación por la justicia social. Miller retrata la América de los 50 y 60, pero a través de historias locales muestra problemas universales, que afectan y conmueven a todo ser humano. Ya decía Lorca que cuanto más local eres más universal. Panorama desde el puente ha sido la última obra suya que he dirigido. Lo hice en un momento en que crecía el problema de la inmigración en España, y pensé que era necesario hacer esta obra, como es necesario dar a conocer a Miller y a otros autores del teatro realista americano, como Eugene O Neal, Tennessee Williams o Clifford Odett. A El dramaturgo, junto a John Huston ABC