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ABC SÁBADO 12 2 2005 61 Jesús López Cobos dice que la sustitución de Emilio Sagi redundará en beneficio del Teatro Real Hotel Ruanda pone el fin de fiesta inaugural del Festival de Cine de Berlín con su visión del genocidio tutsi LA MUERTE DE UN COLOSO VIAJANTE INOCENCIO ARIAS R Junto a Woody Allen, en la ceremonia de los premios Príncipe de Asturias de 2002 su primer éxito en Broadway con su segunda pieza, Todos eran mis hijos (1947) drama sobre un empresario sin escrúpulos que vendía material defectuoso al ejército. Su fascinación por Ibsen y su cuidado en entrelazar cuestiones sociales con la llama interior de los personajes hicieron diana con Muerte de un viajante (1949) Dirigida por Elia Kazan, fue un trallazo en Broadway. El drama del viajante de comercio Willy Loman, que acaba suicidándose, ofrece un retrato ocre de la cara sucia del sueño americano. La obra le granjeó su primer Pulitzer y una fama que se multiplicaría cuando plantó cara al comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy: a diferencia de Kazan, Miller no dio nombres. Su crítica de la caza de brujas la dejó por escrito en Las brujas de Salem (1953) otra de sus grandes piezas. Miller se convirtió en uno de los hombres más envidiados de Estados Unidos cuando en 1956 contrajo matrimonio con Marilyn Monroe. Pero fueron cinco años turbulentos e infelices. La relación naufragó en 1961, poco después del rodaje de Vidas rebeldes sobre un guión del propio Miller. Al año siguiente, Marilyn Monroe se suicidó. El novelista Norman Mailer describió a la pareja como el matrimonio entre el gran cerebro americano y el gran cuerpo americano y calificó al dramaturgo de ambicioso, limitado y mezquino que quiso aprovecharse de la fama de su mujer en una época en que sus dotes creativas empezaban a declinar. No le gustaba hablar de su etapa con la actriz, pero de ella escribió dos piezas, ambas malparadas por la crítica: Después de la caída (1968) y Terminando la foto estrenada el año pasado en Chicago. Obras como Monte Morgan abajo y El último yankee estrenadas en la década de los noventa, no despertaron mucho entusiasmo, y aunque Miller seguía siendo una figura respetada atenta a las contingencias y abusos de la política estadounidense, la estrella de su teatro sólo brillaba cuando se reponían las obras de su mejor época. EFE Principales obras teatrales Un hombre con mucha suerte (1944) Todos eran mis hijos (1947) Muerte de un viajante (1950) Un enemigo del pueblo (1950, adaptación de la obra de Ibsen) Las brujas de Salem (1953) A memory of two mondays (1955) Panorama desde el puente (1956) Vidas rebeldes (1961, guión de la película de John Huston) Después de la caída (1964) Incidente en Vichy (1964) El precio (1968) The creation of the world and other business (1972) El arzobispo (1977) Playing for time (1980) The american clock (1980) Two- way Mirror (1982- 1984) Danger: Memory (1987) The ride down, Mt. Morgan (2000) Cristales rotos (1994) Mr. Peter s Connections (1998) Resurrection Blues (2002) Finishing the picture (2004) Con Marilyn Monroe, su segunda esposa AP ecuerdo con nitidez que me afloraron las lágrimas cuando hace más de cuarenta años vi Muerte de un viajante También me las mordí hace tres en Broadway, al presenciar los avatares de Willy Loman en una mejorable interpretación de Brian Dennehy. La relación del padre con sus dos hijos, la rudeza del sistema americano de la época, el patetismo de la figura del protagonsita que adora los valores que lo están destruyendo... Miller había creado una obra imperecedera que estrenó, de la mano de Elia Kazan, cuando tenía escasamente 33 años. Sólo esta pieza lo habría colocado a la altura de Ibsen y Chejov. Hubo otros hitos: Todos eran mis hijos Panorama desde el puente Las brujas de Salem En ellos, con frecuencia tomando partido, Miller nos llega literalmente al alma porque está hablando de nosotros. Se ha dicho que el teatro es diversión. Pero con los grandes, y Miller es un coloso, es mucho más. Hay una fraseología elegante y certera, pero nos convence de que lo que ocurre bajo los focos, independientemente del lugar y de la época, nos afecta, nos toca en lo más íntimo porque habla de la condicion humana. Willy dice la protagonista del Viajante nunca salió en los periódicos, ni ganó mucho dinero. Pero es un ser humano y le está pasando algo terrible. Habrá por fin que prestarle atención Miller, en definitiva, nos hace pensar, hace que prestemos atención a las personas, a nosotros. NACIÓ PARA EL TEATRO COMO UN CLÁSICO J. CARLOS PÉREZ DE LA FUENTE D esde el estreno de Muerte de un viajante en el Morosco Theater de Nueva York, el 10 de febrero de 1949, dirigida por Elia Kazan, Arthur Miller fue considerado un clásico. Nació para el teatro como un clásico y ha muerto como un maestro también un 10 de febrero. A lo largo de su obra, y a lo largo de su vida, Miller consideró que el arte debía servir para cambiar la sociedad. Esta fue su convicción y su máxima. Siempre me sentí atraído, y pienso que eso fue también lo que precisamente le atrajo a su público, por la desgarradora conexión entre los con- flictos y colisiones que plantean sus obras y los espectadores de este nuevo siglo, nuestra sociedad. Su teatro fue cada día menos americano y más universal. Arthur Miller hablaba a todos los seres humanos más allá de su raza, sexo, nacionalidad o circunstan- Miller hablaba a todos los seres humanos más allá de su raza, sexo, nacionalidad o política cias sociales y políticas en las que se encontraran. Recordando la puesta en escena de Muerte de un viajante en el 2000, cuando dirigía el Centro Dramático Nacional, pienso que lo que más me sigue inquietando de este texto es su demoledora capacidad para poner contra las cuerdas a esta sociedad maquillada de bienestar, confort, éxito y consumismo. Pues en lo más hondo todos sabemos que esto no es más que un gran escaparate y que todo se puede tambalear bajo nuestros pies. De ahí que cada tarde, en cada butaca, se siente un espectador y perciba que el destino de Willy Loman también puede ser el suyo y que la tierra que arroja Linda Loman sobre el féretro de su marido se convierta en metáfora de nuestro propio entierro. Descanse en paz este inmenso poeta que, a pesar de todo, deja su huella en un mundo sin épica y sin memoria.