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32 SÁBADO 12 2 2005 ABC Madrid No tengo dudas, Galán mató a mi hijo afirma la mujer que escapó del asesino del naipe La aterrorizada testigo declaró por videoconferencia por temor a enfrentarse al procesado b Tras el doble crimen, fue a su psiquiatra, en Alcalá. Horas antes, la Policía halló en una parada de autobús de Madrid otro cadáver con un as de copas bajo sus tobillos M. J. ÁLVAREZ MADRID. Intensa. Fuerte. Impactante. Así transcurrió la tercera sesión del juicio que se celebra contra Alfredo Galán, de 27 años, el presunto asesino de la baraja -tal y como él mismo se autoinculpó en tres ocasiones, salvo en la última declaración- celebrado en la Audiencia Provincial. Todo ello provocó ayer que el procesado se mostrara inquieto y nervioso. El testimonio de una de las tres personas que sobrevivió a su calculado y mortífero ataque influyó, de forma visible, en su estado de ánimo. Ocurrió a las 11.01 horas. Teresa S. G. de 38 años, una de las tres personas que logró ver su rostro el 5 de febrero de 2003, declaró por videoconferencia durante más de dos horas y media. La mujer, que resultó herida grave, sentía terror a enfrentarse a Galán, la persona que, supuestamente, cometió el doble crimen en el interior del bar- -Rojas- -que regentaba en Alcalá de Henares, una de ellas, su único hijo, Mikel J. S. de 18 años. tranquila la calmó el juez. Y la madre de Mikel, revivió lo ocurrido. Recuerdo sólo ese día, no su niñez Lo hago todos los días desde entonces. Ya no logro recordar a mi hijo de pequeño, sólo rememoró ese instante agregó. Fue el momento más duro. Tras recalcar que su establecimiento estaba situado en un lugar escondido, al que se llegaba por un pasadizo techado, entre varios bloques y un parque, comenzó la narración de los momentos más trágicos de su vida. Eran más de las cuatro. El local que regentaba no servía comidas, de ahí la escasa clientela a esa hora. Su hijo dibujaba graffitis detrás de la barra. Al otro lado estaba ella, acababa de salir para ayudar a una clienta, Juana U. L. de 57 años, quien trataba de llamar por teléfono, pero expulsó la moneda. La ayudé y me senté a su lado. Entonces entró él... ¿Qué hizo? interroga un letrado. Respira hondo. Trabajadores de una funeraria sacan uno de los cadáveres del bar Rojas de Alcalá sonreírle. Pensé en una broma. Mikel me miró, risueño. No hablaron Añade: Volví la vista hacia Juana y sonó: ¡Pum! El bar retumbó. Nos quedamos blancas. Me giré hacia el mostrador... ya no vi a mi hijo. Él se volvió hacia nosotras, apuntándonos. Disparó. Me tiré al suelo. Gateé hasta el almacén. Los tiros no cesaban. Uno me alcanzó en la espalda cuando casi estaba en la cocina, y la bala me salió por el pecho dijo de un tirón. Me quedé quieta para que pensara que me había matado. Otra bala me dio en la pierna. Permanecí inmóvil. Oí pasos que se movían y luego, la puerta. Me arrastré despacio hacia la barra. Vi a mi hijo tendido al fondo. Quise acercarme. Sonó el móvil. Era un amigo. Le dije lo que había pasado. ¡Llama a la Policía! No me entendía. La otra señora estaba muerta, también. Entonces llegó un amigo de Mikel que iba a buscarlo todos los días a las cinco. Grité. ¡Mi hijo! Llama a la Policía Juana estaba desplomada junto al teléfono... Me hice la muerta Se puso frente a Mikel. Se miraron. Mi hijo, con ironía, como si pasara de él. El otro (Galán) sonreía. Llevaba la cremallera de la sudadera subida hasta la barbilla- -igual que ayer, asomando sólo su nariz aguileña- vaqueros y gafas de sol. Del bolsillo derecho sacó la pistola. Se la mostró, empuñándola y girándola. Mi hijo se encogió de hombros. No parecía asustado. Él volvió a Intentos de suicidio Aún no lo ha superado. Lo he perdido todo, a mi hijo, lo único que tenía y el bar, que lo desvalijaron tras lo sucedido. Estoy muy mal, me he intentado suicidar varias veces porque sin Mikel no puedo vivir, pero, al final, no lo he hecho por mis padres... Me da miedo salir a la calle, los hombres... pienso que me pueden matar... relató a preguntas de las acusaciones. Ni Galán ni Teresa se vieron. A él lo desplazaron para situar una pantalla que ofrecía la imagen distorsionada de la mujer. El asesino del naipe sólo podía escuchar su voz, apagada, con inconfundible acento bilbaíno, y el relato de los macabros hechos protagonizados por él. De ahí que, cuando Teresa empezó el escalofriante relato, Galán, al que se le imputan seis crímenes consumados y tres en grado de tentativa- -por lo que el Fiscal pide 151 años y 2 meses de prisión- reaccionó agachando la cabeza y clavando su mirada en el suelo. Tranquila, señora, Se tapó los oídos para no escuchar el horror que protagonizó -Perfil psicológico. Alfredo Galán, se presentó, un día más, con su uniforme habitual. Su personalidad es, cuando menos, contradictoria: de ayudar a eliminar el chapapote y reconstruir Bosnia a asesino confeso. En Galicia no asumía las órdenes de sus mandos, por lo que, tras un enfrentamiento, regresó. Ingresó en el Gómez Ulla (Psiquiatría) Poco después empezó a matar, ¿para demostrar su poder? -Cambio de actitud. El acusado dejó entrever su nerviosismo, al bajar la cabeza durante las declaraciones de la dueña del bar de Alcalá y los policías a los que confensó loscrímenes en Puertollano, en presencia de su hermano. Se tapó los oídos en un gesto infantil y escondió la cabeza entre las manos, mientras se revolvía en su asiento. -Primera confesión. Eran entre las tres y media y las cuatro horas. Galán paró a un coche de Policía Local, le espetó: Soy el asesino de la baraja Avisaron al Cuerpo Nacional. En comisaría oyeron el completo relato de los crímenes con datos que sólo conocían los investigadores. -Datos desconocidos. El arma: Tokarev 7.62 de la II Guerra Mundial carecía de seguro; los dos mazos con reversos verde y rosa utilizados como sello y para despistar a los agentes; las señales en tinta azul... Su hermano, perplejo, no cesaba de llorar y de echarse las manos a la cabeza. ¡No puede ser! Llamaron a la Jefatura Superior. Parecía creíble. Se le tomó declaración y fue detenido. Frío y calculador- -y no borracho, como él dijo- su actitud era retadora: Estaba harto de la ineficacia policial. Matar es fácil y no me cogían, por eso me entregué -Azar. Mantiene que no conocía a sus víctimas. Sin embargo, ¿cómo sabía que en el bar de Alcalá había un perro si estaba encerrado ese día? ¿por qué el joven no mostró extrañeza al verle con el arma, ni le preguntó qué deseaba tomar, al ser el único cliente del local? Eso ya sólo lo sabe ahora Galán, que volverá a la Audiencia el lunes.