Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
24 SÁBADO 12 2 2005 ABC Internacional Presos palestinos, condenados por atentados contra la seguridad nacional, ayer en su celda de la prisión de Nitzam, en la localidad israelí de Ramle AP Mahmud Abbas declara el estado de emergencia en Gaza para frenar a Hamás El rais palestino encara su primera prueba de fuego que, si fracasa, puede ser la última la Franja para negociar con los integristas islámicos y advertirles de que utilizará la fuerza para impedir el lanzamiento de cohetes Qassam JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Mahmud Abbas (alias Abu Mazen) encara este fin de semana, en una Gaza con sus Fuerzas de Seguridad en estado de emergencia, su primera, y de fracasar última, prueba de fuego como presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) El momento no puede ser más crítico, apenas unos días después de haberse anunciado en el balneario egipcio de Sharm el- Sheij, con demasiado boato y exagerado esplendor, el cese de las hostilidades, el final de una violencia en la práctica interminable. Abbas, que se desplazó ayer a la Franja mediterránea para reunirse con los dirigentes de Hamás, del Yihad Islámico y de otras organizaciones radicales, está furioso según fuentes de su entorno sinceradas de manera anónima a la agencia Reuters. Y lo está porque interpreta, no sólo b Abbas se desplaza a lo hace él, que la ofensiva con obuses de mortero y cohetes Qassam del jueves contra los asentamientos judíos de Gaza fue, en realidad, un ataque dirigido contra su persona y no contra Israel. Abbas no está dispuesto a tolerarlo. Tras destituir el jueves a los principales responsables de sus diezmados servicios de seguridad en la Franja, el nuevo rais palestino debe enfrentarse ahora cara a cara con Hamás. Todos los medios a su alcance Tampoco pasará esta vez de las palabras. Pero serán mucho más contundentes. Incluso amenazadoras. O los integristas islámicos colaboran con la causa nacional palestina, y ésta pasa hoy por respetar al milímetro el alto el fuego, o se verá obligado a utilizar todos los medios a su alcance, incluida la fuerza, para frenarles en seco. De lo contrario, actuará Ariel Sharón, quien por el momento le ha concedido un margen de tiempo para repeler el lanzamiento de los cohetes artesanales Qassam Pero la paciencia del jefe de Gobierno hebreo tiene un límite, como le ha recordado en más de una ocasión al nuevo líder palestino. En este caso también Abu Mazen necesita la ayuda directa del primer ministro israelí. Sin contrapartidas concretas y más generosas de las hasta ahora ofrecidas, el rais no podrá calmar los encrespados ánimos de Hamás y de sus aliados. El primer cromo a intercambiar, la liberación de prisioneros. La exigencia de la ANP pasa hoy en día, según publicaba ayer el diario israelí Maariv, por la puesta en libertad inmediata, mejor hoy que mañana, de 1.200 reclusos. Inmediata y de una sola tacada. Por ahora, Tel Aviv apuesta por sacar de las cárceles a 500 en los próximos días, y dentro de tres meses, si las cosas van bien, a otros 400. Insuficiente a todas las luces, sobre todo si las bombillas llevan incorporadas el sello de las organizaciones radicales palestinas. Mientras Abbas se concentra en sus problemas internos, tampoco le está resultando sencillo la formación de un nuevo Ejecutivo por la negativa del primer ministro, Ahmed Qurea, a llevar cabo una remodelación profunda del Gabinete, sus segundos espadas miran de reojo a sus interlocutores israelíes para ver qué cara tienen en cada mo- mento. Casi todos mantienen el ceño fruncido y el gesto adusto desde el jueves por las oleadas de cohetes lanzados contra Gush Katif. De hecho, los contactos a alto nivel se suspendieron esa misma mañana, aunque hoy se reunirán Mohamed Dahlan y Saúl Mofaz. Sin embargo ayer dos eternos negociadores de la región, el israelí Simón Peres, número dos aunque tres del Gobierno, y el palestino Saeb Erekat analizaron de manera discreta que no secreta en Tel Aviv las posibles vías de evacuación de la Hoja de Ruta. Horizonte político Ambos son más que conscientes de que sin un horizonte político a corto plazo las iniciativas que se tomen en materia de seguridad caerán al vacío por su propio peso. Para peso, sin embargo, el que carga Abbas. De no quitárselo de encima a lo largo del fin de semana en Gaza, llegarán las excavadoras militares israelíes para echarle una mano y, de paso, una soga al cuello. El nuevo rais lo sabe mejor que nadie: se enfrenta a su primera, y caso de fracasar, última prueba de fuego.