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ABC VIERNES 11 2 2005 Espectáculos 65 La casa de las dagas voladoras White noise Dir. G. Sax. Int. M. Keaton, D. Kara Unger, EE. UU. 97 min. En esta clase de películas siempre se acuerda uno de Poltergeist Lo que ha venido luego, incluido este trabajo de Geoffrey Sax, White noise no ha tenido ni la misma frescura ni aquella atmósfera de peligro que creaba el ver una televisión que estaba apagada y, sin embargo, era tan amenazante. Este relato de Sax viene a centrar su historia en algo parecido, se basa en la comunicación con los muertos a través de avanzados aparatos electrónicos. En suma, algo parecido a eso que siempre nos han dicho de escuchar una cinta virgen con sumo detenimiento que algo se oirá. El desarrollo que realiza Sax se deja ver con cierta facilidad, pero tampoco consigue llenar lo suficiente pues ni la angustia es opresiva ni la atmósfera desarrollada aterroriza. Logra crear una cierta inquietud, pero nunca alcanza una altura medianamente considerable. Le falta guión, sorpresa, claridad en la forma y espesura en el fondo. Y el final es apresurado, cogido con pinzas y escasamente brillante, con unos muertos demasiado vivos y muy, pero que muy capullos, aunque la materialidad que les otorgan es lo que les hace crecer a ellos y disminuir a la película. Ah, pero eso sí, no se pierdan a Chandra West, es digna de ver. J. M. C. Aventuras y épica como natillas: ¡Repetimos! E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Cualquier película de Zhang Yimou está tan llena de colores, premios y sorpresas como una piñata. Desde aquel antológico Sorgo rojo hasta el fascinante Hero de su cine siempre caen a borbotones los regalos como si alguien le acertara de lleno con el palo al centro de la película. Esta última, La casa de las dagas voladoras es un alud, una catarata, un tsunami... Y todo le cae encima a un espectador perplejo ante el fragor de las imágenes, la espectacularidad de las secuencias y la belleza de la historia. Este director chino retoma por la coleta el cine de espadachines y guerreros que dejó en Hero y lo voltea hasta extremos inexplicables: nunca se ha visto nada parecido a la batalla del bosque de bambú... ni persecuciones, peleas, coreografías y entrega romántica a la aventura y la épica como en esta turbulenta y magnífica película. A su lado, hasta las de Indiana Jones parecen cine francés. El argumento hay que cogerlo por las hojas, como a los rábanos, y no obsesionarse con los nombres, las leyendas y las caras... Hay que verlo en sencillo y lineal como el de Robin Hood, con sus buenos y sus malos, sus amores y sus traiciones, sus héroes y villanos. Los aromas orientales de la historia le añaden cierta complejidad y profundidad: es más oscura, más trágica, más épica y enigmática. Hay tal vez, por ponerle algún pero, un excesivo relamerse las costuras y los bordados estéti- Director: Zhang Yimou Intérpretes: Takeshi Kaneshiro, Andy Lau, Zhang Ziyi, Song Dandan Nacionalidad: China, 2004 Duración: 119 minutos Calificación: cos, y un afán en alargar secuencias y situaciones (especialmente en los postres y desenlaces) Claro que todo ello está compensado con el catálogo de imágenes nunca vistas y situaciones fascinantes, y con la pericia imposible de los actores, que guerrean y aman con un ímpetu que le dan a uno ganas de apuntarse a un cursillo zen y comprarse un saco de té verde. Por lo demás, los protagonistas son un prodigio de cosas buenas, y aunque sus nombres les suenen a menú de fin de año chino (Zhang Ziyi, Takeshi Kaneshiro y Andy Lau Tak Wah) les hemos visto y admirado en varias obras maestras: Zhang Ziyi comenzó con Yimou en aquella maravillosa película titulada El camino a casa y era una de las heroínas de Hero y a Takeshi Kaneshiro lo conocen bien los admiradores de Wong Kar- wai, que no son millones pero sí cientos de miles (digo yo) Sólo hay un problema con La casa de las dagas voladores y es que se sienten unas tentaciones irreprimibles de ir a verla varias veces... y no nos parece eso una respuesta adecuada al continuo S. O. S. del cine español. Hagamos un trato: por cada dos veces que se vea la película de Zhang Yimou, hay que tragarse una española. Espías súper secretos Dir. G. Pirès. Int. E. Judor, R. Bedia, E. Baer. Francia, 90 min. Leo en una enciclopedia que el cine de Gérard Pirès es una mezcla de eficacia americana y comedia de situación a la francesa Con tan temible receta ha hecho cosas como Taxi que tenía la gracia de un tubo de escape tuneado para hacer más ruido. Mucho peor es esta presunta parodia del cine de espías protagonizada por dos cómicos que son los austin powers del pobre (también sale Rossy de Palma, que llega a parecer sutil al lado de ellos) Este par de austin pobres deben encontrar no sé qué misil robado; armados con la inevitable colección de gadgets y un arma de destrucción masiva que nunca estuvo al alcance de Bond (su repertorio de paridas) se internan en la guarida del malo, poblada por un ejército de chicas en bikini, y tal y tal... Respecto a la eficacia americana, no parece tener mucha gracia reirse de un género que ya ha sido caricaturizado hasta la extinción o la siguiente secuela. De verdad que si el cine francés de autor es como ver crecer la hierba, este otro tipo de cine francés es como ver atado a la silla una función escolar de un colegio megapijo (por el dinero que se han gastado) en la que se han colado dos becarios de integración que avergüenzan a propios y extraños. Pirès (peor) imposible. Y la última de Resnais sin estrenar. A. W. Carta de una mujer desconocida Algo más que la versión ojos rasgados de Olphus E. R. M. La osadía es magnífica: una mujer, Xu JingLei, es la guionista, directora y protagonista de esta película que trata de tomar al asalto dos cimas, de la literatura (la novela de Stephan Zweig) y del cine de todos los tiempos (la película de Max Ophuls) Es imposible sacar un aprobado pelón en este examen: o el éxito notable o el estrepitoso fracaso. Bien, hay que decir que esta carta (como se pueden imaginar, escrita en chino) consigue milagrosamente el franqueo necesario para llegar a su destino y transmitir esa brutal y pasional corriente de amor de sus originales, en especial del literario al que se arrima más. El argumento se centra en el amor, más tozudo que eterno, de una mujer hacia un hombre, al que persigue sigilosamente por todas las dependencias de su vida y al que le confiesa sus hiperbólicos sentimientos en la mencionada carta, completamente apasionada, póstuma, irreversible e irremediable. La peculiaridad para nosotros es el lu- Xu JingLei Dirección: Xu JingLei Intérpretes: Xu JingLei, Jiang Wen, Lin Yuan, Sun Feihu, Su Xiaoming Nacionalidad: China, 2004 Duración: 90 minutos Calificación: gar y la época en los que Xu JingLei envuelve esta historia: el Pekin previo a la revolución maoísta, lo que le da otras profundidades, otras miradas y otras estéticas. El cuadro es amplísimo y la cinematografía brillante; la elegancia y la calidad formal está a la altura del fondo apasionado y emocional de esos personajes. Y si como directora consigue un estilo y una lógica sin quedar empañados por el recuerdo de la obra maestra de Ophuls, como actriz Xu JingLei resulta sencillamente portentosa: al igual que su película, ella también compagina un magnífico envoltorio con un fondo apasionante. En cuanto a él, lo interpreta Jiang Wen, célebre como actor de películas de Zhang Yimou y otros, también es uno de esos listillos de la cinematografía china que lo mismo dirigen (y lo premian en Cannes) que actúan o publican un ensayo que te deja seco sobre, por ejemplo, la impronta del plano secuencia en el cine de Rosselini.