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28 Internacional BODA DEL PRÍNCIPE DE GALES VIERNES 11 2 2005 ABC RAMÓN PÉREZ- MAURA LO SERÁ: ANNUS HORRIBILIS omo anticipábamos en esta columna hace seis semanas (ver 2005, ¿annus horribilis? ABC, 30- 12- 04) se ha anunciado el matrimonio del Príncipe de Gales y Camilla Parker Bowles. Prepárense ahora para ver cómo se hace realidad el resto de la predicción. Les van a decir de todo menos bonito. Gales y su futura mujer se limitan a hacer lo que pide una mayoría de la población: normalizar su situación y acercar la institución monárquica al resto de la población. Es decir, hacer lo que hace la mayoría de su compatriotas en un caso como el de ellos: casarse. Pues verán el calibre de las críticas que se desatarán. Los que quieren acabar con la institución, usarán este hilo para intentar destejer la madeja constitucional formada alrededor de la Corona. Otra puesta al día será, sin duda, la derivada del hecho de que Camilla sea, al menos nominalmente, católica. El vigente Act of Settlement de 1700 prohíbe el matrimonio con católicos de toda persona que esté en la línea de sucesión. Baste un ejemplo, Ernesto de Hannover, que lo estaba, pasó a estar legalmente muerto el día que contrajo matrimonio con la católica Carolina de Mónaco. ¿Será ésta la vía para devolver el lustre perdido al jefe de la Casa de Hannover? Este impedimento legal no ha sido mencionado por Clarence House al hacer el anuncio del matrimonio. Quizá la Reina Isabel II se aplique el criterio de alguno de sus pares meridionales que suprimió las normas dinásticas de su Casa por el simple procedimiento de no aplicarlas cuando llegaba la hora de hacerlo. Carlos de Inglaterra se enfrenta ahora a su gran reto. Convencer a sus compatriotas de que ha adoptado la mejor decisión para la estabilidad de la institución que es indisociable de la existencia misma del Reino Unido- -nunca veremos una República Unida; quizá sí una república, pero no unida. Pocas veces un matrimonio augura tanta controversia, tamaña tensión, horas de polémica. Las vamos a ver. Hacer lo que pide la mayoría traerá un annus horribilis. C El Príncipe de Gales y la Princesa Diana saludan tras contraer matrimonio el 29 de julio de 1981 La historia de la Familia Real británica abunda en complicados casos matrimoniales que han zarandeado el cascarón de la Monarquía. El de Carlos de Inglaterra es el último eslabón Aquellas lluvias y estos lodos TEXTO: JOSÉ MANUEL COSTA MADRID. Remontarse a tiempos de Enrique VIII para explicar las dificultades matrimoniales de la Familia Real británica quizás resulte un poco exagerado, pero no puede negarse que se trata de un buen punto de partida. Lo cierto es que tras ese precedente, que no sólo incluía la lascivia o el amor, sino complejísimos juegos palaciegos y estatales, todo lo que ha sucedido en estos cuatro siglos y medio parece un poco menor. Y eso que ha habido bastante. Tras Enrique la cosa se tranquilizó un poco, aunque Jacobo II tuviera algo abandonada a su esposa debido a su querencia por favoritos apuestos e ingeniosos. Sin ir más lejos, su hijo Carlos I fue muy feliz con Henriette Marie de Francia, con la cual tuvo siete hijos, entre ellos dos futuros Reyes (Carlos II y Jacobo II) Al menos hasta que fue decapitado por la república puritana. Pero donde verdaderamente la cuestión matrimonial ha tenido una presencia casi constante, ha sido durante esta dinastía, ahora Windsor, antes Hannover. El primer gran conflicto llegó en 1820 con el cuarto Monarca Hannover, Jorge IV, que ya se había responsabilizado de los asuntos de estado durante los episodios de locura de su padre, Jorge III. Todavía Príncipe de Gales, Jorge se fue a enamorar perdidamente de María Fitzherbert, que no só- lo era plebeya, sino viuda de dos esposos y además ¡católica! Como la señora Fitzherbert era de una moral intachable y no accedería al amor del príncipe si no mediaba matrimonio, se realizó un casamiento ilegal celebrado por el clérigo anglicano Robert Burn. La Corte puso el grito en el cielo, el Parlamento no estaba dispuesto a consentir semejante unión y la relación pasó a una discreción que no tenía nada de discreta. De hecho, las fuerzas vivas del país se propusieron superar la vergüenza de tener una Princesa ilegal y semiclandestina y le buscaron a Jorge una esposa pare ser Reina, en este caso Carolina de Brunswick, una Princesa alemana más sin demasiada gracia ni inteligencia. De hecho, Jorge la desdeñaba con tal fuerza que la insultaba en público y acabó desterrándola de la Corte. Amor y política La Princesa volvió al continente pero regresó a Londres a la muerte de Jorge III. Ni corta ni perezosa se plantó en la Abadía de Westminster con la intención de participar con pleno derecho en la coronación de su marido. Sólo para encontrarse con que los pajes reales le daban con los gigantescos portones en las narices. Carolina murió apenas dos meses después, no se conoce muy bien la causa. La Reina Victoria, que amaba apasionadamente a su marido, el Príncipe Lady Diana y Camilla Parker, en una foto de archivo de 1980 EPA