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ABC VIERNES 11 2 2005 27 Las elecciones en Portugal se desarrollarán el día 20 tras una intensa campaña por el voto en blanco Mahmud Abbas destituye a la cúpula de la Seguridad en Gaza y advierte a Hamás que cese sus ataques a Israel Bisnieta de una amante de Eduardo VII, Camilla conoció a Carlos en 1970. Muchos días y problemas después, llega la boda La guerra de los treinta años POR: BEATRIZ CORTÁZAR AP ven en el enlace implicación política. La boda será bien distinta de la del Príncipe Carlos y Lady Diana Spencer, en 1981 en la catedral de San Pablo. Este casamiento será una ocasión privada para la familia y los amigos Tampoco habrá un viaje de bodas por todo el mundo, sino que se circunscribirá a Escocia. El principal escollo para una boda largamente pronosticada es la condición de divorciada de Parker Bowles, de 57 años de edad. Aunque el Príncipe Carlos, de 56 años, también lo es, la muerte de Lady Diana en 1997 resolvió en su caso el problema. Pero Andrew Parker Bowles, el primer marido de Camilla, vive y esto constituye un obstáculo para la comunidad anglicana. de Canterbury, Rowan Williams, ve improcedente el matrimonio religioso. El título de duquesa de Cornualles salva el recuerdo de Diana- -para muchos británicos no habrá otra Princesa de Gales- y la renuncia al tratamiento de Reina propicia su aceptación. MADRID. Corría el año 1970 cuando Carlos de Inglaterra conoció a Camilla Parker Bowles (el apellido de su primer marido es lo único que conserva de aquel matrimonio) en el transcurso de un partido de polo. El flechazo fue inmediato. Carlos y Camilla vivieron hace ya siete lustros un amor de juventud que apenas duró un par de años, puesto que en 1973 la señorita Camilla Rosemary Shand contrajo matrimonio con el oficial de la Royal Navy Andrew Parker Bowles, con quien tendría dos hijos, Tom y Laura. Qué paso entre Carlos y Camilla para que aquel noviazgo se rompiera es algo que sólo ellos conocen, aunque el futuro mostraría que su historia de amor no terminó entonces. Fue en los años 90 cuando el escándalo salpicó de lleno al matrimonio del Príncipe de Gales y Diana Spencer. El Heredero de la Corona se había casado en 1981 con una joven de 21 años perteneciente a una de las mejores familias de Inglaterra. Para Diana era el príncipe de sus sueños. Para Carlos, la mujer que tenía que llevarle ante el altar y darle herederos. Por supuesto que el Príncipe seguía enamorado de Camilla y cuentan que fue ella quien dio el visto bueno a Diana como futura Princesa de Gales. Ambos tenían el asunto muy claro. No en vano, Camilla desciende de una familia en la que su bisabuela fue amante de Eduardo VII. Eso imprime carácter. Diana no estaba preparada para esta situación a tres bandas. Quienes de ella esperaban que callara y aceptara los deslices de su esposo se equivocaron. Lady Di descubrió pronto el amor de su marido por Camilla- -la pareja utilizaba los nombres de Fred y Gladys para no levantar sospechas- a la que puso el apodo de Rottweiler y a quien muchos consideraron la causante de los trastornos psíquicos de una Diana que sólo encontraba refugio en sus dos hijos y en sus confidentes secretos. La filtración a los medios de unas conversaciones amorosas de alto voltaje entre el Príncipe y su amante fue el desencadenante del divorcio de los Parker Bowles, en 1995. Lógicamente, el matrimonio de los Príncipes estaba herido de muerte y el divorcio se produjo un año más tarde. Campaña de imagen Pero no fue hasta la muerte de Diana de Gales, en agosto de 1997 en París, cuando la posibilidad de que Carlos se casara con su amante empezó a tomar cuerpo. Los asesores del Príncipe lanzaron una hábil campaña de imagen en la que Camilla estaba incluida. La señora Parker Bowles era la mala de aquella película. Pero ni las críticas ni el rechazo del pueblo hicieron mella en la gran historia de amor que vivían Carlos y Camilla. Nadie entendía cómo el Príncipe había abandonado a una mujer alta, guapa, joven y elegante como Diana por una señora mayor, sin atractivo físico ni encanto alguno en su estilo. Camilla era consciente de ese rechazo y de ahí que, hace tres años, pusiera su imagen en manos de Donatella Versace, a la que encargó su cambio de aspecto. Inútil propósito. A pesar de un retoque facial y alguna sonrisa de más, la imagen de Camilla es la que es. Carlos no se enamoró de ella por su belleza y sí por su personalidad. Y porque comparten todo. Les gusta la vida en el campo, la caza, la jardinería, el polo, la música clásica, la pintura... Justo todo aquello que rechazaba Diana. Con el anuncio de su boda se pone el broche a una historia de más de treinta años de amor que siempre tendrá sobre sus espaldas la sombra de la muerte de Diana. La excepción no beneficia a Carlos En 1993, la Iglesia de Inglaterra flexibilizó sus normas y estableció como excepción que alguien se pueda casar con una persona divorciada si esa relación amorosa no ha sido causa de la ruptura del anterior matrimonio. No es el presente caso- -Diana acusó de adulterio a su marido- y el arzobispo La Reina Isabel, ante un grupo de escolares en la inauguración, ayer en Londres, del Museo dedicado a Winston Churchill REUTERS