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ABC VIERNES 11 2 2005 Nacional 21 Los rumores sobre nuevos derrumbes crispan los nervios en el Carmelo Maragall pide tiempo para fijar responsabilidades y el PP exige un Pleno extraordinario À. GUBERN Á. MARÍN BARCELONA. Un hervidero. En el Carmelo todo son rumores: nuevos desalojos, edificios condenados... Mientras el tráfico de hormigoneras con destino al túnel de maniobras sigue incesante- -la Generalitat asegura que al ritmo previsto- la sospecha de que el número de edificios condenado a la piqueta es mayor del previsto se ha disparado en el barrio, una rumorología alimentada por el hecho de que las molestias causadas por el inyectado de hormigón en el túnel podrían obligar a algún desalojo en los próximos días. Esta última posibilidad la dejó ayer abierta el alcalde, Joan Clos, en contradicción con una nota emitida por la Consellería de Política Territorial y Obras Públicas que afirmaba que a día de hoy no se ha decidido sacar a nadie más de sus casas. Por el momento, estos desalojos son voluntarios. En los vestíbulos de los hoteles, donde viven los desalojados, o en plena calle, ayer no se hablaba de otra cosa. Por otra parte, y en relación con la posibilidad de nuevos derribos, la Generalitat informó de que por el momento no hay motivo para ello, más allá de los tres edificios ya condenados. La incertidumbre no deja dormir a los vecinos. Mientras en el Carmelo los nervios están a flor de piel, la crisis por el derrumbe en el Metro también se desarrolla en el plano político. Ayer, el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, pidió tres semanas más para aclarar las causas del hundimiento y delimitar las responsabilidades políticas y técnicas. Lo hizo ante el Pleno del Parlament, después de que el líder del PP catalán, Josep Piqué, exigiera la celebración de una sesión extraordinaria para dar respuesta a las múltiples incógnitas abiertas. El PP insiste además en constituir una comisión de investigación que evalúe tanto la gestión de la crisis como los antecedentes del derrumbe. Junto al PSC, CiU, que diseñó el proyecto, lo rechaza. Quince días después del derrumbe, la tensión sigue en el Carmelo YOLANDA CARDO