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ABC VIERNES 11 2 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY No hay más que ver la fotografía de Moratinos junto a Condoleezza Rice para saber que se toman el chocolate de espaldas EL CIEMPIÉS Y CARLOS HERRERA Aconsejo a Exteriores que haga conocer los perfiles normales de nuestro ministro, que son los de un hombre trabajador, experimentado y afable, que realiza bastantes más gestiones que las relacionadas con la persecución a lazo de los secretarios de Estado norteamericanos EN DEFENSA DE MORATINOS, SÍ ANTA unanimidad en los medios para censurar la ejecutoria del ministro Moratinos va a acabar despertando un espontáneo sentimiento de simpatía por su persona semejante al que despertó, años ha, aquel gran tipo que fue y es Fernando Morán, hoy, por lo visto y leído, a medio afeitar ante el espejo de su trayectoria honesta. En el Madrid snob de cada día acaban haciéndose fuertes estas corrientes espontáneas que dan cierta distinción a quienes las impulsan. Si el mundo entero piensa que este hombre es un desastre, yo voy a colocarme donde no da el sol, vienen a decir los presumidos como yo que siempre sospechamos de las aprobaciones búlgaras de la realidad. Permítanme el ejercicio. Un hombre no puede equivocarse siempre. Aunque sea por eliminación, algún acierto debe adornarle. Moratinos no puede ser, permanentemente, un esclavo de la ideología radical que parece inspirar sus actos: en diplomacia, el posibilismo forma parte elemental del ejercicio diario y un profesional experimentado no acostumbra a dejarse llevar por dogmas eternos. Ni siquiera Gromyko lo hacía. Otra cosa es que la suerte escénica le dé la espalda. No; Moratinos no puede ser ese desastre que se empeña en dibujar el firmamento en cada nuevo amanecer. Su equipo inmediato lo sabe: Bernardino León es un sereno secretario de Estado con la cabeza lo suficientemente bien amueblada para no cargarse, en una negociación, el equilibrio de occidente, y Carmen Fontes, la encargada de la oficina de información diplomática, no va a ser de repente la pronta responsable de la tercera guerra mundial. Tal vez sí tengan que hacer algún ejercicio de autocrítica aquellos que dejan al ministro un tanto expuesto en sus intervenciones públicas: alguien cercano a él tiene que decirle que no se puede anunciar la captura de unos atracadores si ésta no se ha producido aún- -Consulado en Berna- -o que no es un programa de debate liofilizado el marco ideal para T acusar al Gobierno anterior de algo excesivamente grueso- -apoyo a la asonada venezolana- Ese mismo o esa misma debe advertirle que, conociendo a la chusma periodística, quizá no sea la mejor idea contar todo lo que en cinco escasos minutos llegó a hablar con Condoleezza Rice ya que parece que, o bien hablan en morse, o bien son unos sobrenaturales ejemplos de síntesis: si en cinco minutos de encuentro en un pasillo de una Cumbre han sido capaces de hablar de Oriente Próximo, del atentado de Madrid, de Afganistán, de Irak y de la agenda de futuros contactos es que ni siquiera se han preguntado por cómo están los niños. Es decir, Moratinos se habrá acercado a Condi y habrá empezado desde dos metros de distancia a decir: Es sorprendente el acercamiento de Sharón y Abú Mazzen en el balneario egipcio... a lo que la otra le habrá contestado: Pues a mí no deja de sorprenderme el porcentaje de participación en las elecciones de Irak... Si reproduce así sus conversaciones nos hará creer a todos que cualquiera de nosotros podría desempeñar su función, cosa que está muy lejos de la realidad. Aconsejo modestamente a Exteriores que haga conocer los perfiles normales de nuestro ministro, que son los de un hombre trabajador, experimentado y afable, que realiza bastantes más gestiones que las relacionadas con la persecución a lazo de los secretarios de Estado norteamericanos y que, por si acaso hay dudas, tiene un superior inmediato también responsable de la política exterior española. De tanto señalarle como sumo hacedor de los males finiseculares de España, voy a acabar convirtiéndome en un snob. Y me solidarizo con él ante la ofensa y el desprecio de la norteamericana que ayer mostraba la imagen publicada por ABC. No hay que celebrar ni esa ni ninguna otra muestra de suficiencia. Empiezo por ahí. Y no sé cómo terminaré. www. carlosherrera. com A puede Zapatero cantar las alabanzas a nuestra amistad con Estados Unidos y a las buenas relaciones entre los dos países a pesar de las pequeñas discrepancias tan lógicas e inevitables. Puede entonar motetes en loor de esa supuesta amistad. A mí no me la da. No hay más que ver la fotografía de Miguel Ángel Moratinos con Condoleezza Rice para saber que los dos se toman el chocolate de espaldas. ¿Dónde va a parar esa estampa junto a las escenas de Colin Powell con Ana Palacio? Ahí sí que se traslucía una amistad política, un entendimiento en las ideas y una compenetración en los programas. Oye, Colin, que el Mojamé me ha invadido Perejil, ya sabes cómo es elmoro, y aquí sevaaarmar elpitote, porque yo no me lo trago Y Colin arreglaba el desaguisado con una llamada de teléfono. El perejil, para las salsas Y eso que Ana Palacio no es de la carriére. Pero es que a Miguel Ángel Moratinos no se le nota ni lo de la carriére. Zapatero necesita pocos estímulos para meter la pata por los foros internacionales, pero si necesitara algo se lo proporciona enseguida Moratinos. Y así, entre el uno y el otro, vaya legislatura que llevan. Meten la pata en Iraq, meten la pata en Túnez, meten la pata con el Vaticano, meten la pata en Polonia, meten la pata con la elección de Chávez, meten la pata con el informe sobre la visita de Aznar, etcétera, etcétera. Lo mejor que podemos llamarle a Miguel Ángel Moratinos es el Ciempiés Oiga, ¿y por qué vamos a llamarle el Ciempiés Porque tiene cien patas, y las mete todas. La realidad es que el ciempiés no tiene cien patas, sino cuarenta y dos, pero como las mete dos o tres veces cada una, se multiplican. Miguel Ángel Moratinos ha enumerado los argumentos de conversación que ha tratado con Condoleezza Rice en los cuatro minutos que ha hablado con ella, y son tantos y tan intrincados que habrá tenido que hablar a doscientas mil palabras por minuto. Cuando Zapatero y Moratinos despachen sobre asuntos de Estado, no se sabe quién de los dos actúa con mayor rapidez, si Moratinos en dar consejos disparatados, o Zapatero en inventar otros disparates nuevos. No es que a Zapatero le falten consejeros de disparates, pero por ejemplo Jesús Caldera habla más despacio y el número de tonterías, dislates y gilipolluás se mantiene en una cantidad más razonable. Tengo que pedirle a mi amigo el profesor Occhipinti, quien ahora mismo dicta en Los Ángeles un curso de conferencias sobre vudú y magia negra, que estudie la personalidad de Moratinos con la carta astral y por todos los procedimientos mágicos que él conoce, porque ahí, en ese portento diplomático y ministerial, tiene que esconderse algún prodigio. No se puede meter la pata tanto y tan espectacularmente sin padecer un aojo ilustre, o estar tocado de jettatura palermitana, o estar orinado por el gusano de san Cirilo, que se la cosía con un carrete y le faltaba hilo. Con razón le llaman Desatinos, porque tiene tan poco acierto como aquel arquero helénico que no clavaba una flecha en el blanco. Cuando él tiraba en los Juegos Olímpicos, Diógenes se sentaba al lado de la diana, porque decía que era el lugar más seguro de todo el estadio.