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ABC VIERNES 11 2 2005 Opinión 5 Farolillo rojo María Antonia Trujillo es el miembro peor valorado del Gobierno, según el CIS, que también advierte una caída en picado de Moratinos, que sondeo tras sondeo va descubriendo suelo. Trujillo, farolillo rojo, mira hacia arriba y encuentra el triste consuelo del ministro de Exteriores. juntos en la cola de un Gabinete en el que, aunque aprueba Zapatero, se acumulan los suspensos. Ahora, a la carga fiscal Urgido no ya sólo por sus socios de ERC, sino también por CiU desde la oposición, Pasqual Maragall le ha pedido al Gobierno de su compañero Rodríguez Zapatero que haga públicas las balanzas fiscales de cada Comunidad Autónoma. Pretende el presidente de la Generalitat avanzar por el camino de la asimetría fiscal, viejo sueño que consiste al fin y a la postre en cortar el grifo de la aportación de Cataluña a la solidaridad interregional. Maragall vuelve a colocar en un brete al vicepresidente Pedro Solbes, que a estas alturas ya no gana para sustos. Enseña los galones El nuevo rais parece decidido a aprovechar la esperanza de paz que se ha abierto en Oriente Próximo. Tras el ataque de Hamás contra asentamientos israelíes, Mahmud Abbas no ha tardado en destituir a varios responsables de seguridad por no cumplir sus órdenes. Golpe de efecto del líder palestino, empeñado en demostrar que quien manda es él y no los radicales que tan poco ayudan a la paz. EPA El botín de Trafalgar. Una enorme bandera española, capturada por la flota inglesa en la batalla de Trafalgar (1805) formará parte de la exposición sobre Horacio Nelson y Napoleón Bonaparte que próximamente acogerá el Museo Nacional Marítimo de Londres con motivo del bicentenario de la muerte del más célebre almirante de la Royal Navy. Se trata de la bandera de combate que ondeaba en un mástil del navío de la Armada española San Ildefonso que fue capturado por la flota británica en aquella batalla y conducido a Inglaterra como botín de guerra. En la imagen, un grupo de conservadores del museo londinense restauran la bandera española en vísperas de su exhibición. BANDERAS AJENAS JOSÉ MANUEL COSTA A los británicos les chiflan las banderas. Las propias desde luego, aunque menos que a los franceses, pero muchísimo las ajenas. Estas enseñas, capturadas allende sus fronteras adornan hoy en día toda catedral, parroquia o iglesia de cierta importancia. Al visitante forastero suele chocarle tanta mezcla de victoria bélica, autocomplacencia y religión, pero ellos están encantados y uno puede encontrar en un pueblo escocés el estandarte de algún maha- rajá rebelde o la bandera de un regimiento prusiano en uno de Gales. Eso sí, pocas banderas tan valoradas como las capturadas durante la batalla de Trafalgar. En cuadros que muestran la glorificación de Nelson, aparece alguna de estas banderas junto a la Union Jack (más bien por los suelos) y es que aquella victoria tiene para los británicos el mismo carácter simbólico que para los españoles pero al contrario: sellaba la dominación británica de los mares Bri- tannia rules the waves y certificaba el ocaso español, que venía arrastrándose desde hacía al menos un siglo. Ahora una de estas banderas adornará en el Museo Marítimo de Londres la exposición Nelson- Napoleón, una de las muchas que este año conmemoran el segundo centenario de Trafalgar. No es que sea el objeto más valioso y palidece un poco comparado con el uniforme que vestía Nelson cuando encontró la muerte en esa batallao laespada con que fue coronado emperador Napoleón I, pero nuestra bandera impone. Comopuede observarse, es inmensa, uno de esos gigantescos paños izados por lo general en un mástil a popa, sobre el puente de mando, aunque las que se alzaban hasta el palo mayor de los navíos podían ser casi del mismo tamaño. La verdad, es posible tomarse a mal que los británicos hagan tal alarde de nuestra derrota, más aún cuando los buques militares británicos siguen paseándose por las aguas de Cádiz como Pedro por su casa. Pero tampoco hemos de amargarnos. Son doscientos años, mucho tiempo como para andar lamiéndose heridas tan antiguas. La única lástima es que el resto de los países no muestren parecidos grados de vexilofilia y no se dediquen a mostrar banderas inglesas o británicas a la que pueden. Sin ir más lejos, los holandeses tienen bastantes. Pero claro, igual no se miran tanto el ombligo.