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34 Internacional JUEVES 10 2 2005 ABC La estatua de Lutero en Dresde en dos fotos separadas por 22 años: a la izquierda, al acabar la guerra; a la derecha, en 1967 tras la reconstrucción de la ciudad AP Dresde, una bomba de efecto retardado La extrema derecha alemana comienza a hablar de nuestro holocausto b El domingo cumple 60 años un bombardeo británico tan civilmente mortífero como militarmente inane, rescatado ahora del silencio por los extremistas RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Exquisita, pretendidamente florentina, acostada risueña junto al Elba, apenas industrializada y, sobre todo, atiborrada de refugiados, Dresde se consideraba a salvo del monstruo de la guerra aquel 13 de febrero de hace 60 años, cuando las alarmas aéreas avisaron de una aproximación de la Royal Air Force británica. Era Miércoles de Ceniza y la ciudad sajona inscribió con ella su nombre junto a la mayor cifra de muertos civiles en un solo bombardeo- -probablemente 50.000 en una noche- su belleza quedó sepultada entre escombros y, durante décadas, en algún pliegue de la mala conciencia aliada. Ahora, la pasión y muerte de Dresde puede terminar secuestrada por la rampante extrema derecha local. Dresde se había incubado en Guernica zanjaba recientemente un respetado historiador alemán. El terror aéreo como objetivo político tuvo su pequeño pero emblemático hito inicial en el bombardeo alemán sobre la población vizcaína, ocho años antes. El general Arthur Harris, conocido para siempre como Harris the Bomber envió 1.085 aviones, cargados con toneladas de bombas, a arrasar en dos hornadas la capital del Elba. Surtió de algún modo el efecto buscado, si se tiene en cuenta que doce semanas después capitulaba Alemania. La controvertida pregunta sobre su perentoriedad se cruza desde el principio con la posibilidad de un acto de pura venganza en una ciudad desarmada y sin fábricas de armas. Esto es, como en parte hizo la Wehrmacht alemana en otros lugares, o EE. UU. en Nagasaki. Las guerras no sólo sirven a los políticos para conquistar, también a los militares para lucir tácticas, a los estrategas para probarse, a los científicos para poner en uso armas nuevas, a los médicos para avanzar tratamientos. En todos los casos, la persona es secundaria, producción para el uso en términos marxistas. Pero el silencio sobre la controversia sólo ha logrado que Dresde sea recu- perada para sus propios fines por nacionalistas y extrema derecha, recientemente fortalecidos electoralmente con 12 escaños en el Parlamento sajón, que acusan a los aliados de asesinato masivo e indiscriminado y no tienen inconveniente en citarlo como nuestro holocausto A nadie se le escapa que el sentido es claramente negacionista, algo que aquí bordea el delito penal. Una vergüenza para todos nosotros ha dicho el ex canciller Kohl. Pero el historiador Jörg Friedrich, que por primera vez ha criticado los bombardeos en El incendio cree que si los alemanes no estamos dispuestos a hablar de todo, el tema lo monopolizarán los fascistas Un 85 por ciento de Dresde, 34 kilómetros cuadrados del centro, fue reducido a escombro; durante semanas los supervivientes estuvieron quemando cadáveres en la Plaza Vieja. Pero, al modo cauto e integrador alemán, la conmemoración del domingo recordará a todas las ciudades bombardeadas: Leningrado, Varsovia, Grozny, Hiroshima, Sarajevo, incluso Bagdad.