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32 Internacional JUEVES 10 2 2005 ABC Una película convertida en gran espectáculo; un libro prohibido durante ocho años; las confidencias de su guardaespaldas; un libro de su hija secreta; la reconstrucción de la pasión por el espionaje del último gran líder socialista francés... Mitterrand se pasea de nuevo por París La Mitterrandmanía se abre paso como moda cultural en Francia TEXTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO. CORRESPONSAL PARÍS. Francia sufre un ataque de necrofilia aguda con François Mitterrand (1916- 1996) ¿Subió a los cielos por llevar a la izquierda al poder? ¿Bajó al infierno por destruir las raíces morales de la misma izquierda? ¿Por qué mintió durante una década sobre su cáncer? ¿Por qué ocultó la existencia de una hija hasta poco antes de morir? ¿Por qué espió desde el Elíseo a un centenar de personalidades con fines muy discutibles? A ésas y otras muchísimas preguntas intentan responder una película convertida en gran espectáculo; un libro prohibido durante ocho años; las confidencias del policía que aseguraba su seguridad personal; un libro de su hija secreta, y dos meses largos del histórico proceso que ha reconstruido judicialmente la historia de cómo Mitterrand creó una célula secreta en el palacio presidencial para espiar, perseguir y chantajear a un escritor que pretendía poner sobre la pista de la existencia de una hija secreta al director de la redacción de Le Monde, o a la actriz Carole Bouquet, entre otro centenar largo de personalidades. Mitterrand fue presidente de Francia durante dos largos septenios, entre 1981 y 1995. Como presidente de la unión de la izquierda llegó al poder prometiendo la ruptura con el capitalismo y la construcción del socialismo a la francesa Aquella historia queda muy lejos. Su aventura humana y personal tiene luces y sombras que continúan fascinando. Periódicos, revistas, emisoras de radio y y cadenas de televisión se disputan las primicias de la película El paseante del Campo de Marte dirigida por Robert Guédiguian. El actor Miguel Bouquet hace un Mitterrand que parece resucitado. Mazarine Pingeot, la hija secreta de Mitterrand, ha visto la película y declara: Me ha gustado. Pero no reconozco a mi padre Danielle Mitterrand, la viuda, afirma, lacónica: Prefiero quedarme con mi propia imagen de mi marido François Mitterrand, en los años del puño y la rosa ABC nalidades malqueridas en el Elíseo. Le Monde lleva dos largas semanas consagrando páginas a ese aspecto negro del doble septenio de Mitterrand. Entre los secretos de Estado de la era Mitterrand, el libro de su médico de cabecera, Claude Gubler, El gran secreto se ha convertido en un inesperado éxito de ventas, con nueve años de retraso. ¿Hay vida después de la muerte? El gran secreto se publicó originalmente en 1996. Pero la viuda y los hijos de Mitterrand consiguieron que se retirara de la venta y se prohibiera. El doctor Gubler logró que Francia fuese condenada por el Tribunal de Justicia europeo. Y, finalmente, su obra se reedita y barre. ¿Por qué? Porque Gubler cuenta cómo Mitterrand lo invitó a mentir durante más de diez años sobre su estado de salud (canceroso) sobre su hija secreta, sobre sus consultas a una astróloga célebre y a un eminente teólogo al que le preguntaba: ¿Existe una vida después de la muerte? Con una astucia comercial evidente, los editores se reservan para dentro de unos semanas el libro íntimo de Mazarine Pingeot, la hija secreta de Mitterrand, que, según dice su servicio de prensa, cuenta por vez primera la vida íntima de la hija oculta de un jefe de Estado, durante veinte años. Mazarine recibió el apellido de su madre, y vivía en los anexos de un palacio presidencial, ignorada oficialmente, pero vigilada de cerca por los hombres del presidente. El actor Miguel Bouquet, en su caracterización de un Mitterrand caduco otros matices, se ha repetido en numerosas ocasiones con el histórico proceso judicial de las escuchas telefónicas ordenadas por Mitterrand para espiar al antiguo director de la redacción de Le Monde (Edwy Plenel) a un escritor que había escrito un libro sobre su hija secreta, a la actriz Carole Bouquet y a otro centenar de personalidades. Con cierta crueldad, el semanario socialdemócrata Le Nouvel Observateur publica una sucinta información recordando con qué aplomo el presidente difunto negó una y otra vez la existencia de una célula a su servicio personal, consagrada al espionaje de perso- La esfera privada del estadista Gilles Kaehlin, policía, antiguo miembro de los servicios especiales, que fue durante varios años el responsable de la seguridad personal del jefe del Estado, tiene otra imagen: En el Elíseo, y fuera del Elíseo, Mitterrand y sus íntimos tenían y tienen una mentalidad de fortaleza sitiada. Cualquier sospecha de infidelidad se castiga con severidad. En su día, le pregunté a Mitterrand: ¿Hay que ser de extrema derecha para estar a su servicio? Esa misma pregunta, con muchos