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ABC JUEVES 10 2 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY No es posible una negociación al revés, un adiós a las armas etarras a cambio de una rendición del Estado ante las armas vencidas EL ADIÓS A LAS ARMAS E DARÍO VALCÁRCEL La energía del comercio mundial defendida en los Objetivos del Milenio es una clave. Este año la conferencia de la OMC en Hong Kong podrá decidir, para los próximos 15, la reforma de las reglas del juego comerciales OBJETIVOS DEL MILENIO B RASIL e India reclaman un puesto en el debate mundial. Encabezan un grupo de 40 países emergentes. No quieren esperar más. Llevan cien años esperando. O cien siglos. Brasil representa a 400 millones de americanos, India a 1.600 millones de asiáticos. Hasta hace unas décadas no tenían voz. Pero hoy vivimos en un planeta instantáneamente comunicado. Brasil, India y sus representados producen primeras materias agrarias y textiles, a veces de calidad superior a las de los países desarrollados. Los agricultores pobres protestan contra las subvenciones norteamericanas y europeas. El dumping dificulta su vida hasta extremos insalvables. India y Brasil no quieren ayudas caritativas. Aspiran más bien a no ser agujereados, hundidos. Lula lo ha repetido con su amable y pacífico acento brasilero, de palabra y por escrito, la última vez en Le Monde, el día 27: De todas, el hambre es la más terrible arma de destrucción masiva. La solidaridad de la vida debe triunfar sobre los mecanismos de la muerte La energía del comercio mundial defendida en los Objetivos del Milenio es una poderosa clave. Si más de la mitad de la población mundial vive en la pobreza o extrema pobreza, tiene poco sentido hablar de democracia. Los países más ricos gastan más de 900.000 millones de dólares en su defensa y menos de 60.000 en equilibrar una situación que ellos han desequilibrado. ¿Víctimas? Como un tsunami semanal, dice Lula. Nada hay tan inútil como llorar. Hay que escribir, explicar, exigir. La alianza contra el hambre no es una utopía. La conferencia de la OMC en Hong Kong, este año, puede decidir la reforma de las normas comerciales para los próximos 15 años. Jeffrey Sachs, catedrático de la Universidad de Columbia, responsable de las Naciones Unidas para la coordinación de los Objetivos del Milenio, explica hasta qué punto la situación mejo- raría, también para los ricos, si se cambiaran seis reglas del comercio internacional. Dos de cada tres personas que viven en la pobreza (2.000 millones con menos de dos dólares día) son agricultores. El hundimiento (subvencionado) de los precios de las primeras materias ha provocado una crisis sin precedentes: cientos de millones de familias campesinas viven atrapadas en un círculo inflexible de pobreza. Dureza de los agricultores asiáticos, africanos, latinoamericanos. Los camboyanos trabajan con el agua por encima de la rodilla, encorvados, siete, ocho, diez horas. Agricultores condenados a vivir indignamente a pesar de su digno trabajo. Es indigno no poder comprar medicinas, no poder enviar a sus hijos a la escuela. La experiencia prueba Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV a XVIII Fernand Braudel, París 1979) cómo los grandes mercados no proporcionan las inversiones necesarias. Pero los tiempos han comenzado a cambiar: las inversiones han de ser cofinanciadas por los países ricos y los países destinatarios, a través del FMI. Cinco países europeos aportan ya el 0,7 por ciento de su PIB a los países en desarrollo y otros seis, con Francia y Reino Unido al frente, se han comprometido a hacerlo antes de 2015. Japón y Alemania van a anunciar su plan este año. Estados Unidos podrá unirse al esfuerzo cuando Bush haya dejado la Casa Blanca. Los modelos concretos han de estar disponibles a final de 2005: raciones de comida conservable en millones de escuelas, abonos para el África subsahariana, mosquiteros antimalaria para los niños, medicamentos genéricos antituberculosis, tratamiento antisida, construcción y gestión de hospitales. Nada de esto lo suministran los mercados sino la divulgación y la solidaridad. Los países receptores han de garantizar transparencia y rigor contable, lo cual no ha existido apenas en estos cuarenta años. S lógico y razonable que el Gobierno y el Partido Socialista intenten negociar con Eta el adiós a las armas y el fin del terrorismo. El horizonte de una paz que lleva destruida y ensangrentada más de treinta años es demasiado tentador y demasiado gratificante para que dejen de aspirar a alcanzarlo todos los Gobiernos que en democracia han sido, desde Adolfo Suárez hasta José María Aznar, y ahora Rodríguez Zapatero. El partido político que lo consiga pasará a la Historia como meritorio pacificador y su presidente, como artífice, casi Príncipe de la Paz. Otra cosa es que cada uno lo intente a su modo y manera, o por caminos distintos según las circunstancias. Cada cual tiene su estilo de matar pulgas. Desde hace algún tiempo se viene rumoreando que, directa o indirectamente, de frente o de costadillo, el Gobierno y el Partido Socialista mantienen contactos, sondeos o conversaciones con políticos batasunos y con representantes de los etarras. Por un lado, a Zapatero se le notan mucho las ganas de conceder lo que haya que conceder para lograr un entendimiento o una tregua rápida, y ahí tenemos su discurso en el Congreso durante la presentación del Plan Ibarreche. Es un discurso lleno de ofrecimientos y promesas esto no es una derrota podemos celebrar el principio de un acuerdo y otras frases por el estilo) que deja abiertos muchos caminos al trato y al contrato, no sólo con los que recogen las nueces, sino con los que agitan el árbol. Y por otro lado, la banda se halla en el peor momento de su historia, contempla la desesperanza creciente de sus setecientos presos y es natural que esté dispuesta a negociar la tregua o el adiós definitivo a las armas. El intento del PNV de sacar adelante como sea el Plan Ibarreche supone, en cierto modo, una desconfianza, previa al abandono, en el método violento de conseguir la independencia del País Vasco. Las insolencias ridículas del lendakari y los últimos atentados y petardos de la banda parecen pruebas de su desesperación. Con todo eso quieren decir que unos están dispuestos a violentar la ley nada menos que desde una institución del Estado, y los otros todavía pueden sembrar pólvora, sangre, luto y muerte por toda la geografía española. Pero harían mal Zapatero, su Gobierno y el Partido Socialista si desconocieran esa situación casi exangüe de la banda etarra, se encandilaran con el éxito de unas negociaciones y entregaran como precio lo que nadie tiene derecho a administrar o a ceder. No se puede pensar en una negociación a la viceversa, en un adiós a las armas etarras a cambio de una rendición del Estado ante las armas vencidas. Harían mal si desaprovecharan los esperanzadores resultados de la política de Aznar con la ilegalización de Batasuna, la vigilancia e intervención de las finanzas de la banda, la cooperación internacional y su fruto en detenciones y desarme de la banda. No parece arriesgado el vaticinio de que una actuación así merecería el rechazo de la práctica totalidad de los españoles. Lo malo es que quienes aplaudirían las concesiones del Estado son los actuales socios políticos de Zapatero.