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4 Opinión JUEVES 10 2 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO ETA ENSEÑA SUS CARTAS ABÍAN pasado casi tres años desde que ETA hiciera estallar el último coche bomba en Madrid, un 1 de mayo, junto al estadio Santiago Bernabéu, horas antes de que Real Madrid y Barcelona disputaran un partido de fútbol. La eficacia policial de estos años impidió a ETA atentar contra la capital de España, frustrando el que podría haber sido un brutal atentado en la estación de Chamartín y el que se pretendía cometer con la furgoneta interceptada enCuenca, cargada con media tonelada de explosivos. Las explosiones del pasado puente de la Constitución, estratégicamente causadas en gasolineras situadas en las carreteras de salida de Madrid, anunciaban el retorno de ETA a la capital. El coche bomba que ayer hizo estallar en el recinto ferial Juan Carlos I, con treinta kilos de explosivos, es un peldaño más que sube la banda terrorista en su escalada violenta. H L A explosión causó más de cuarenta heridos, registrados en un núcleo fundamental de la actividad empresarial madrileña y emblemático del crecimiento urbano de la ciudad. Tan elevada cifra demuestra que ETA trata aleatoriamente la posibilidad de causar víctimas, más aún después de conocerse que los datos comunicados al diario Gara sobre el lugar y la hora de la explosión no eran reales. La onda expansiva y la metralla lanzada eran letales. Ningún herido resultó grave, pero sólo por fortuna, no porque en este caso la voluntad de los etarras fuera evitarlo. El carácter propagandístico del atentado también resulta evidente. La explosión se produjo cerca de la feria de Arte Contemporáneo (ARCO) que, a pesar del atentado, fue finalmente inaugurada por Sus Majestades los Reyes y el presidente de México, Vicente Fox. La decisión de mantener la agenda de Don Juan Carlos ha sido la manera más eficaz de no amplificar el efecto desestabilizador que perseguían los terroristas, siempre pendientes de la reacción social y política que desencadenan sus atentados. Ante la intensidad de esta nueva ofensiva terroris- ta, iniciada en agosto del pasado año, la sociedad debe tener la certeza de que las Fuerzas de Seguridad del Estado mantienen el mismo nivel de tensión que ha permitido dañar estructuralmente a ETA. Por eso tiene tanto valor- -por sí misma y por su coincidencia con el atentado de Madrid- -la operación policial ordenada por el juez Garzón contra un grupo de captación y apoyo a los terroristas. La distribución geográfica de los catorce detenidos- -País Vasco, Navarra, Valencia y Cádiz- -demuestra que ETA aún conserva una cierta capacidad de regeneración, aunque sea mínima y acotada a los niveles de información y apoyo logístico, y que la geografía de su terrorismo no hace más exenciones que la ya conocida por su tregua territorial a Cataluña. La presión policial debe mantenerse en la misma medida que hasta ahora, porque la continuidad en las labores de información y control sobre los terroristas, dentro y fuera de nuestras fronteras, es el factor esencial, como ha dejado claro el ministro de Interior, para consolidar los progresos de las Fuerzas de Seguridad. ETA siempre está en condiciones de aprovechar cualquier resquicio que detecte, y tan malo como permitir que los terroristas se hagan fuertes es que crean que se han vuelto fuertes. La banda terrorista no debe perder la moral de derrota que le ha impuesto el Estado de Derecho y que algunos de sus más significados presos han reflejado por escrito. Tras este atentado hay cosas que han de quedar definitivamente claras. La primera es obvia: no hay tregua, ni, por tanto, condiciones para sugerir, invitar o aludir a escenarios de paz o, menos aún, nego- ciaciones. Ésta, y no otra, es la ETA que ha dado su apoyo a Ibarretxe para aprobar su plan soberanista en la Cámara vasca. En segundo lugar, el entramado batasuno no debe concurrir a las elecciones autonómicas, se llame como se llame y gesticule desmarques o distancias de ETA. A estas alturas, Batasuna no está ilegalizada sólo por no condenar a la banda terrorista- -ayer tampoco lo hizo- sino principalmente por ser parte de ella. Batasuna no depende de sí misma- -nunca lo ha hecho- sino de ETA, y a lo que haga ETA debe atenderse para saber cuál es el futuro de Arnaldo Otegi y compañía, muchos de los cuales, no hay que olvidarlo, están incursos en un sumario por integración en banda terrorista, tramitado por el juez Garzón; y si en un Estado de Derecho las resoluciones judiciales tienen algún valor, este argumento debería ser definitivo para proscribir cualquier tentación de contacto con la izquierda proetarra. N tercer lugar, la opción segura para el Estado y los intereses nacionales sigue siendo el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, el único diálogo político, con luz y taquígrafos, que ha dado resultados verdaderamente positivos para la democracia y la libertad en el País Vasco. En las últimas semanas se ha producido demasiada confusión por un exceso de actuación política y verbal del Gobierno, aprovechado astutamente por el PNV para normalizar aparentemente la anormalidad absoluta de su proyecto soberanista. Conviene recuperar el camino del sentido común y mantener a ETA y Batasuna donde estaban, en el ámbito del crimen y de la ilegalidad, y de tratar al nacionalismo vasco con el rigor político establecido en el preámbulo del Pacto antiterrorista, rigor que se ha perdido sin motivo que lo justifique. Conviene, en definitiva, aclarar las cosas, como ayer hizo el presidente del Gobierno en Polonia, al reiterar que las bombas sólo conducen a la cárcel Y cabría añadir que tampoco a una mesa de negociación. E Ésta, y no otra, es la ETA que ha dado su apoyo a Ibarretxe para aprobar su plan soberanista en la Cámara vasca POR ALUSIONES L A reacción de cualquier Gobierno democrático a una información periodística debe estar presidida siempre por la prudencia y el sentido de la proporcionalidad. En otro caso, cuando la respuesta es desmedida y excede el sentido literal de lo informado, es el propio Gobierno el que atrae hacia sí mismo las interpretaciones y las conjeturas. Ayer ABC informó de que la actual dirección de la banda terrorista se plantea exigir una solución para sus presos y huidos como condición previa a cualquier negociación. En ningún momento se afirmaba que tal negociación se estuviera ejecutando directamente entre el Gobierno y la banda terrorista, pero se dejaba a salvo la posibilidad de que fuera argumento de los contactos reconocidos y notorios entre el PSE y Batasuna. Si el Gobierno o el PSOE se sienten injustamente aludidos por esta información, no será porque en ella se contengan imputaciones o acusaciones. Otra cosa será qué es lo que discurre por su fuero interno. Lo cierto es que la hemeroteca tiene el valor que tiene en estos meses de declaraciones sobre diálogos, oportunidades y esperanzas, términos tan profusamente utilizados por el propio presidente del Gobierno y siempre en relación con el cese de la violencia. Si Rodríguez Zapatero no se refería a algo distinto de lo que ya estaba en marcha, es decir, al diálogo con el PP, a la oportunidad de derrotar policialmente a ETA y a la esperanza de devolver la libertad real a los constitucionalistas del País Vasco, entonces sus palabras eran innecesariamente equívocas. Y si se refería a otros interlocutores y a otro tipo de oportunidades y otras esperanzas, el Gobierno tiene que asumir el coste de haber sembrado de dudas a la opinión pública y de que estas dudas se vuelvan en su contra a la vista de que la realidad es la que es: ETA poniendo bombas, el PNV promovien- do la secesión de hecho y de derecho, y los constitucionalistas, un poco más perplejos. No debe preocuparse tanto el Gobierno de la responsabilidad de los medios que publican informaciones como la de ayer, y sí un poco más de que su tambaleante política no confunda a la sociedad sobre asuntos que estaban bien definidos en la agenda conjunta del PP- PSOE. La hemeroteca es implacable y en ella están, con nombres y apellidos, los que han pedido la legalización de Batasuna (Odón Elorza, entre otros, con reincidencia) los que han reconocido contactos entre Batasuna y el PSE (el dirigente proetarra Permach, al que habrá que creer tanto como el ministro Bono dijo que creía a ETA cuando rechazó su autoría en el 11- M) aquellos socialistas vascos que los han denunciado (Gotzone Mora) y aquellas víctimas que los han calificado preventivamente como una traición