Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
30 Internacional MIÉRCOLES 9 2 2005 ABC Un ex soldado de EE. UU. admite que dio a Hermann Goering el cianuro ALFONSO ARMADA. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Condenado a muerte por el tribunal de Nüremberg con otros jerarcas nazis, Hermann Goering se suicidó con una cápsula de cianuro el 15 de octubre de 1946, dos semanas antes de su cita con la horca. El misterio que durante décadas intrigó a los investigadores, quedó aparentemente resuelto esta semana. Herbert Lee Stivers, de 78 años, metalúrgico jubilado, confesó al diario Los Ángeles Times que fue él quien le dio al jefe de la aviación hitleriana, famoso por su codicia a la hora de apropiarse de obras de arte, la càpsula que le libró de una muerte ignominiosa pensando que se trataba de un medicamento. Nixon, en una imagen de 1974, cuando abandonó la Casa Blanca tras dimitir por el escándalo del Watergate ABC Por impresionar a una alemana Stivens tenía 19 años en 1946 y pertenecía a la Primera División de Infantería de Estados Unidos. Se encargaba de escoltar a los prisioneros dentro y fuera del tribunal constituido por los victoriosos aliados en Nüremberg. En sus declaraciones al diario, el ex soldado raso admitió que hizo lo que hizo por impresionar a una alemana llamada Mona, que le abordó en la calle. Para presumir ante ella, le enseñó un autógrafo de otro de los enjuiciados, Baldur von Schirach. Al día siguiente escolté a Goering y conseguí su autógrafo y se lo enseñé a ella asegura Stivers, natural de Hesperia, en el condado californiano de San Bernardino. Mona le presentó a dos hombres, un tal Erich y un tal Mathias, quienes le dijeron que Goering estaba muy enfermo y necesitaba medicamentos que le negaban. Stivers accedió a hacer llegar al lugarteniente de Hitler dos mensajes escondidos en una pluma estilográfica, y la cápsula mortífera: Si funciona y Goering se siente mejor, le enviaremos más dice Stivers que le prometió Erich. Cerco final a Garganta profunda La Universidad de Texas desvela miles de papeles secretos del Watergate b Entre renovadas especulaciones sobre Garganta profunda Woodward y Bernstein venden por 5 millones de dólares sus documentos sobre el caso Watergate PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Treinta años después de la forzada dimisión de Richard Nixon, la saga político- periodística más legendaria de Estados Unidos sigue dando que hablar. La Universidad de Texas, en su idílico campus de Austin, acaba de abrir al público las 75 cajas de papeles acumulados por Bob Woodward y Carl Bernstein durante la saga de Watergate. Miles de páginas de notas, transcripciones, cartas y otros materiales por los que esa institución académica ha pagado cinco millones de dólares a los dos periodistas del Washington Post encargados casi por casualidad a investigar la detención en junio de 1972 de cinco intrusos en el cuartel general demócrata. De hecho, uno de los documentos más emblemáticos de esta colección es la libreta de Bob Woodward con las primeras y aceleradas anotaciones sobre un robo de tercera que terminó por convertirse en un antes y después para el ejercicio de la política y del periodismo, con implicaciones dentro y fuera de Estados Unidos. Según Tom Staley, director del Centro Harry Ransom a cargo de estos papeles vendidos con la ayuda de un intermediario de Nueva York, toda esta colección ofrece una perspectiva interna y sin precedentes sobre la naturaleza del periodismo de investigación, el proceso político de EE. UU. y la presidencia de Richard Nixon Por primera vez, los documentos acumulados por Woodward y Bernstein- -que al hacerse cargo de estas pesquisas solo tenía 29 y 28 años respectivamente- -muestran hasta qué punto la plana mayor de la Casa Blanca y los más destacados líderes republicanos en el Congreso compartieron toda una serie de dudas y sospechas sobre la culpabilidad de Nixon. Preocupaciones que abarcaban desde los esfuerzos delictivos del presidente para negar la trama de Watergate hasta su frágil situación psicológica durante sus últimos días en la Casa Blanca. En este cúmulo de testimonios excepcionales desconocidos hasta ahora, el senador Barry Goldwater, icono del conservadurismo estadounidense que falleció en 1998, declara abiertamente sus dudas sobre la competencia mental de Nixon y sus continuas mentiras. Fred Buzhardt, que antes de fallecer en 1978 fue uno de los principales abogados de Nixon, también explica la misión imposible que supuso la defensa del opaco Nixon en sus diversas batallas legales. En una caja fuerte Pese a este caudal de información, que se encuentra literalmente al alcance de todo el mundo (http: www. hrc. utexas. edu exhibitions online) la identidad de la fuente conocida como Garganta profunda se mantiene como un misterio fascinante pese a toda clase de especulaciones. Woodward, Bernstein y el jubilado director Ben Bradlee mantienen con éxito el compromiso de proteger a este decisivo confidente hasta que este individuo decida lo contrario o fallezca. De hecho, todos los papeles relacionados con Garganta profunda y otras longevas fuentes confidenciales se encuentran de momento en una caja fuerte en Washington. Según Woodward, hubiéramos pensado que a estas alturas muchas de esas personas tendrían que haber fallecido, pero la gente cada vez vive más años