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ABC MIÉRCOLES 9 2 2005 Nacional 23 TRAGEDIA EN CASTELLÓN El albergue de Todolella carecía de licencia de actividad desde junio El establecimiento en el que murieron 18 personas funcionaba pese a que tenía una baja temporal ISABEL RODRÍGUEZ DE LA TORRE CASTELLÓN. El albergue Ermita de San Cristóbal, de Todolella (Castellón) en el que el pasado domingo fallecieron dieciocho personas como consecuencia de la inhalación de monóxido de carbono por la mala combustión de una estufa de gas, carecía de los permisos necesarios para ser explotado para uso turístico. El Ayuntamiento de Todolella, titular de este establecimiento, solicitó la baja temporal en el Registro de Empresas y Actividades Turísticas de Interior de la Generalitat Valenciana el pasado mes de mayo porque la empresa encarga de la explotación renunciaba a seguir haciéndolo. La Conselleria de Turismo asegura que la inscripción en este registro es el equivalente a la licencia de actividad, y, por tanto, requisito imprescible sin el cual no se puede alquilar el local salvo que se trate de una explotación clandestina El decreto 253 1994 que regula este tipo de establecimientos considera el ejercicio clandestino de esta actividad como falta muy grave, que lleva aparejada una sanción económica que puede alcanzar los 90.000 euros. Según el testimonio de varios vecinos y alcaldes de la zona, el establecimiento era alquilado con asiduidad durante los fines de semana, pese a que no había solicitado el alta en el registro y pese a que había desaparecido la causa original que el Ayuntamiento alegó para darse de baja, ya que existe una persona encargada de la gestión del complejo. El albergue en el que se celebró la fatídica fiesta de cumpleaños, a la que asistieron más de 60 personas de varias localidades, se dio de alta por primera vez en el registro de alojamientos de interior en 1998 después de que la inspección de la Generalitat certificara que el local cumplía todos los requisitos establecidos en la legislación autonómica. Tres años después, en junio de 2001, el Ayuntamiento solicitó licencia para ampliar de 34 a 46 plazas la capacidad de este establecimiento turístico, en el que hallaron la muerte 18 personas de las 20 que se quedaron a dormir tras asistir a la fiesta organizada para celebrar el 50 cumpleaños de uno de los supervivientes. La normativa exige que el establecimiento esté dotado de agua fría y caliente en cuartos de baño y cocina requisito éste que tampoco se cumplía porque, como reconoció el propio alcalde, Alfredo Querol, las bajas temperaturas habían reventado las tuberías y dejaban inutilizada la calefacción. Quienes alquilaron el albergue eran conocedores de este extremo, porque así se lo había hecho saber el Consisto- rio, pero insistieron en celebrar la fiesta en el establecimiento y llevaron estufas industriales de las que se utilizan para calentar granjas pese a que estos aparatos calefactores no son aptos para el uso doméstico. Mientras la Delegación del Gobierno pide que se deje actuar a la Justicia, los padres de una de las jóvenes fallecidas piden responsabilidades por lo que consideran una negligencia Algunos vecinos despiden a familiares que habían asistido a los funerales PAU BELLIDO Las distintas localidades de la comarca castellonense de Els Ports afectadas por la tragedia que costó la vida a 18 vecinos se refugian en el hermetismo y el silencio para superar el dolor. Prefieren olvidar que recordar. De lo que ocurrió durante la fiesta, ni un detalle Cuando vi la mirada de aquel hombre, me temblaron las piernas TEXTO: I. R. T. MORELLA (CASTELLÓN) Ascendía por el escarpado camino de acceso a la Montaña de San Cristóbal para llegar al albergue y le bastó cruzar su mirada con un parroquiano que circulaba en sentido contrario para levantar el pie del acelerador porque sabía que las prisas ya no eran necesarias: Aquella mirada vacía, perdida, fue suficiente. En ese momento me di cuenta de que no había nada que hacer, de que de nada valía correr explica Luis, un bombero voluntario de Morella. Minutos antes había recibido un mensaje en su móvil alertando de que había varias personas intoxicadas en el albergue del vecino municipio de Todolella, pero no conocía más detalles. Aquel hombre bajaba de una granja cercana a avisar de lo ocurrido y pedir ayuda pero no parecía tener prisa, no sabía qué hacer. En otras circunstancias estaría agitado y hubiera pedido ayuda. Pero no lo hizo. Su mirada vacía lo decía todo rememora. Con más de 20 años de experiencia como voluntario, ha vivido situaciones dramáticas como la pantanada de la presa de Tous pero nada comparable a lo ocurrido en el albergue San Cristóbal. A estos muertos los conocía, a aquellos, no. Con los años que tengo he visto de todo, pero me temblaron las piernas confiesa emocionado. Reacio a dar detalles, se le rompe la voz cuando recuerda que al primero que se encontró al llegar al albergue fue a Bartolo, el vecino de Morella en cuyo honor se había celebra- do la fiesta en el local. Sobrevivió a la tragedia porque pasó la noche en otra habitación que compartió con una amiga. Estaba como ido. No decía nada. Y ya está Así pone fin a una conversación que le obliga a recordar el trauma de su amigo, Bartolo, que tiempo atrás fue su compañero como bombero voluntario. El caso de Luis no es único. Los vecinos de las dieciocho personas intoxicadas por monóxido de carbono han elegido el hermetismo para superar el dolor. Pocos hablan. ¿Para qué? Ha pasado y no hay nada que decir El inusual, por abundante, número de comercios cerrados da fe de la cantidad de familias afectadas. Con más o menos intensidad, todos han recibido el golpe inesperado pero poco o nada saben de la celebración que tuvo lugar en el albergue. Rosa Es un sitio extraordinario pero me va a costar volver. No sé si tendré fuerzas para ir a recoger la ropa Ha pasado y ya está. No hay nada más que hablar responden los vecinos, reacios a compartir sus emociones sabe que su amiga estuvo en la fiesta y se salvó porque su hermana la fue a recoger a las seis de la madrugada. Sé que está muy efectada pero no la he llamado, ¿para qué? ¡Tiempo habrá! Bueno, de lo de la fiesta no voy a hablar comenta Javier Villanova el párroco de Tolodella, reacio, como otros vecinos, a compartir los detalles que han conocido de la fiesta. Para Javier Gallart, esta pequeña localidad castellonense de la comarca de Els Ports ha dejado de ser el lugar en el que periódicamente busca relajarse del estrés que le provoca su trabajo en el extranjero. Volveré para recoger mis pertenencias. Soy un enamorado de esta zona pero me va a costar mucho volver. No sé si lo conseguiré confiesa desde Madrid. Javier tenía alquilada una casa rural próxima al albergue y el domingo colaboró con el gerente del complejo turístico en el montaje de las mesas para servir la cena de la fiesta de cumpleaños. No participé en la fiesta. Sólo ayudé un poco en las mesas y a servir el pan pero estuve hablando con alguno de ellos y me dio mucha alegría comprobar lo bien que se lo estaban pasando. Estaban muy apiñados, se veía que era gente que tenía muy buen rollete. Gente estupenda, supercontentos En los bares, los periódicos con las imágenes de los funerales pasan de mano en mano. Apenas ningún comentario. Cuando entra un extraño que les hace revivir lo ocurrido la respuesta es la misma: le invitan a salir.