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4 Opinión MIÉRCOLES 9 2 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO NUEVA ERA SIN EUROPA Q UE israelíes y palestinos hayan declarado ayer un cese de hostilidades es una excelente noticia. Bien podría definirse como un acuerdo histórico que allana el camino para que se logre la pacificación del Oriente Próximo. Las palabras de Mahmud Abbas tras llegar a este acuerdo con Ariel Sharón son clarificadoras al anunciar que es el comienzo de una nueva era, el comienzo de la paz y la esperanza El desenlace de su encuentro en Egipto es realmente un motivo de optimismo que despeja el camino hacia la desactivación de un conflicto que propiciaba tensiones de muy diverso calado e intensidad sobre el conjunto del Oriente Próximo. Tras el acuerdo de ayer, la situación vuelve al escenario anterior a la última intifada, un retroceso, en este caso, positivo. El paso dado ayer contribuye a neutralizar estas tensiones. Aunque todavía hay que ser cautelosos ya que estamos ante un proceso que tendrá sus altibajos y zozobras debido a los numerosos intereses en liza. No hay que olvidar que el conflicto israelopalestino ha sido un argumento tradicionalmente esgrimido como excusa por algunos países árabes de dudosa respetabilidad para oponerse a cualquier medida modernizadora. Incluso el totalitarismo islamista ha utilizado reiteradamente la causa palestina en apoyo de su lucha contra Occidente, acusándolo de estar comprometido con la defensa de Israel y enfrentado a los palestinos y el mundo árabe. Por tanto, el camino no será fácil. Ayer mismo Hamas daba a conocer un comunicado por el que se negaba a aceptar el cese de hostilidades porque la medida no había sido negociada antes entre los propios palestinos. Sea cual sea el desenlace a medio plazo, lo cierto es que la contribución a que el mismo se traduzca finalmente en un acuerdo definitivo de paz tendrá a los EE. UU. como su principal motor. De hecho, la implicación norteamericana en la consecución de este cese de hostilidades ha sido determinante. Las gestiones promovidas por Condoleezza Rice evidencian que la recién estrenada Administración Bush se ha tomado muy en serio su deseo de articular un nuevo diseño geoestratégico para el Oriente Próximo que corrija el cúmulo de problemas que dejaron tras de sí las potencias europeas cuando desmembraron el secular imperio otomano e impusieron durante el periodo de entreguerras su arbitrario tiralíneas colonial. Sin embargo, su deseo de resolver el conflicto israelo- palestino en el marco de una estrategia global para todo el Oriente Próximo no es nuevo. Fue anunciado mucho tiempo atrás: cuando comenzó la crisis de Irak. Entonces se mencionó la necesidad de encontrar una solución para este conflicto, ya que era esencial para que el nuevo statu quo post- Sadam se viera consolidado tras la esperada derrota del tirano. Con todo, lo más llamativo del actual proceso de paz abierto ayer es la ausencia de peso de la diplomacia europea en el mismo. De este modo, Europa comienza a poner en evidencia una grave debilidad en su arquitectura institucional. Las viejas críticas que planteaba Raymond Aron no se han visto corregidas cuando Europa cobra vuelo constitucional. La falta de correspondencia entre su tamaño económico y su influencia exterior es el resultado de múltiples factores. El principal es la inexistencia de una política de defensa que haga de Europa un interlocutor internacional creíble. Por otro lado, su falta de ambición por dibujar líneas de acción exterior más allá de los manidos escenarios del Mediterráneo y África la restan capacidad de maniobra estratégica. A diferencia de los EE. UU. su falta de presencia en el Pacífico es una enorme imprudencia. Máxime cuando en esta vasta región se perfilan los ejes que vertebrarán el planeta en pocas décadas. Si Europa dejara pasar el tren de la historia que lleva hacia Oriente sería el comienzo de su seguro réquiem. DIÁLOGO EN LA SOMBRA L Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene el deber de informar con lealtad a la opinión pública sobre su estrategia para el País Vasco. Lo que hasta ahora se sabe ni es todo lo que se debe saber ni todo concuerda con la realidad. Se ha sabido, por ejemplo, que Rodríguez Zapatero recibió en La Moncloa al presidente del PNV, Josu Jon Imaz, antes del pleno del Congreso en el que se rechazó el plan Ibarretxe. No basta con decir, como señaló ayer Imaz, que la reunión fue discreta, pero no secreta porque, en lo que concierne al interés general, las relaciones del Gobierno con el partido que promueve la más grave campaña secesionista puesta en práctica desde 1978 no admiten grados entre la transparencia y la opacidad. Zapatero es un político que ha sublimado las virtudes del diálogo hasta límites desconocidos, pero se ha olvidado del complemento imprescindible de la sinceridad y, por eso, reuniones de esta naturaleza y en esta coyuntura, bloqueadas por el silencio oficial, sólo contribuyen a sospechar que se están trenzando bajo la mesa acuerdos políticos entre el Gobierno, el PSOE y el PNV. Y sobre ella, los discursos se alejan cada vez más de los hechos, porque, por más que sus protagonistas se empeñen en normalizar estos encuentros, lo que falta precisamente es normalidad política para que el presidente del Gobierno se reúna a hurtadillas con el líder de un partido que ha planteado formalmente la ruptura del orden constitucional y de la soberanía nacional. Lo peor es que las dudas no acaban ahí. Llegan a ETA, porque no resulta verosímil que, como hoy publica ABC, los policías franceses que han sondeado a Mikel Antza en la cárcel gala donde está recluido hayan actuado de oficio, al margen del conocimiento- -cuando no de la iniciativa- -del Gobierno español. En todo caso, la nueva dirección de la banda terrorista, cuyo lugarteniente es Jon Joseba Troitiño, heredero de una sangrienta saga familiar, habría suscitado en la banda un debate interno sobre la conveniencia de imponer al Gobierno la condición de la situación de presos y huidos como paso indispensable para negociar un cese de la violencia. Son datos suficientes para esperar una declaración del Ejecutivo que despeje cualquier duda sobre su actuación. Nadie, ni partido político, ni asociación de víctimas, niega al Gobierno su deber de no ignorar un futuro escenario para un cese definitivo del terrorismo. Se trata sólo de recordar al Gobierno que las condiciones de ese escenario no están disponibles a su libre decisión, sino que deben responder al estado actual de la lucha antiterrorista y de la conciencia colectiva sobre la justicia que merecen los terroristas. De ETA ya se sabe lo que suele pedir a cambio de la paz. Lo importante es que el Gobierno tenga claro que la paz no está en venta. E CALVARIO EN EL CARMELO O NCE días después de que un primer gran socavón (días después hubo otro) desatase la crisis urbanística y vecinal del barrio barcelonés del Carmelo, el presidente de la Generalitat decidió por fin visitar la zona afectada por las obras de ampliación del Metro y a los vecinos que la habitaban hasta que se ordenó la evacuación. Pasqual Maragall vino a comparar el suceso con la catástrofe motivada por el hundimiento del Prestige en un intento de desenfocar la atención de la opinión pública hacia un episodio que nada tiene que ver con la secuencia de fatalidades y negligencias ocurridas en este caso. Aquéllas fueron otras. La única similitud- -y ahí acierta el líder del PSC- -se atiene a la falta de reflejos de las Administraciones (en este caso la municipal y la autonómica que él preside, ambas socialistas) en tomar conciencia de la gravedad del asunto y en el impacto que el suceso tendría en la ciudadanía afectada. Peor es quizás que el presidente catalán se haya acogido al espíritu del no hay mal que por bien no venga al asegurar que es la ocasión perfecta para que el Carmelo dé el gran cambio ¿Y ya está? Este oportunismo declarativo aplacará débilmente la justificadísima indignación de los vecinos por la muy deficiente gestión que tanto la Generalitat como el Ayuntamiento que preside Joan Clos han mostrado desde que comenzase este calvario para los habitantesde la zona. El rosario de torpezas de los gestores políticos de esa infraestructura, la confusión en torno a los informes geológicos, el improvisado cambio de recorrido del túnel... conforman un cúmulo de incógnitas sobre cuya investigación exhaustiva no cabe un aseado lavado de manos por parte de Maragall. Bien está que prometa ayudas y reparación del daño a los vecinos, e incluso que aliente a la esperanza. Pero el propósito de enmienda no alcanzará un estándar razonable de crédito hasta que no aclare por qué se ha llegado a esta situación. Los vecinos del Carmelo, además de excusas, necesitan también que se les presente una explicación.