Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
96 MARTES 8 2 2005 ABC Gente Tiempo de mimosas para Carolina Herrera La diseñadora venezolana presentó ayer su colección para el otoño- invierno que viene en la Semana de la Moda de Nueva York TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: CORINA ARRANZ Kate Moss, la mejor vestida. Una nueva lista de las mejor y las peor vestidas del mundo de la farándula pone a la supermodelo británica Kate Moss como la mejor del momento en esa faceta. Por su parte, las cantantes Christina Aguilera y Britney Spears están entre las peor vestidas en la lista de la revista Glamour eloj es una convención, y una paradoja llena de elasticidad si nos dejamos seducir por las inspiradas ecuaciones de Albert Einstein. Sus estragos resultan, sin embargo, inapelables. Contra ese jeroglífico que todos aprendemos a descifrar en la piedra de Rosetta de nuestro cuerpo, Carolina Herrera ha trazado para el otoño que viene un parterre de mimosas. Inspirada, como anota en su mínimo boceto filosófico, en la mujer de los años cuarenta y su elegante forma de abordar el día esta venezolana que ha hecho de su blusa blanca- -a tono con el alabastro suelto de su pelo- -una declaración de intenciones, volvió a dejar en la Semana de la Moda de Nueva York una impronta inconfundible. Tiempo de mimosas, al menos en esa gama amarilla que flota sobre los campos como una escarcha de seda, fue una de las posibles lecturas de su nueva colección, tanto en transparencias como en prendas más tupidas, tanto para la noche como para las primeras declinaciones de la tarde. Junto a la mimosa, también dejaron huella en la retina líquida el frambuesa, el violeta, el gris carbón y el rosa rubor, acaso para permitir que la emoción también embadurne los pómulos de modelos alzadas sobre zapatos de tacón que no sonreían, como si fueran animales de una especie hecha para ver, no para vivir. La mujer de Carolina Herrera quiere ser un enigma descifrable, no complicarse la vida más de lo estrictamente necesario una vez que se ha ingresado en el círculo de tiza de los que Elr se pueden permitir atravesar su umbral de precios y su estilo de estar en el mundo. Fiel a su innegable arte para el patrón y el corte, a la costura que está al servicio de la silueta, las cinturas y las caderas marcadas eran su doblón de oro para los que han acuñado ahí uno de los estereotipos de la feminidad. Y sin embargo, habría que asomarse a los escotes, que no eran sólo redondos o triangularmente atrevidos, sino que en muchos casos pasaban velados tras un gracioso abanico de tela para quienes no disponen de grandes atributos y les gusta cultivar el misterio que a fin de cuentas es toda relación: un desvelar ecuaciones y sospechas. Tenía la colección de este incierto otoño político un aire retrospectivo, como si en el pasado del siglo XX hubiera recursos como minas de carbón por volver a explotar, aunque en este caso modernizadas las prendas por la ligereza de las sedas, el cashmere, el algodón, la organza y el lamé, con el contraste de piedras semipreciosas, cristales capaces de hacer destellar lámparas y velas confidenciales, y el retorno constante y cada vez menos sinuoso de las pieles, desde el lince a la chinchilla, acaso el aspecto más desafiante de una Carolina H que en su estrategia para cautivar se atreve a meter la tijera hasta donde el muslo es lava, pero siempre mantiene una coherencia moral que la hace tan atractiva para la alfombra roja de Hollywood y las mañanas nupciales de Washington, las tardes lánguidas del Caribe y las noches turbias de Manhattan. Feminidad y sensualidad en una de las propuestas de noche de Carolina Herrera