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ABC MARTES 8 2 2005 91 El codo a codo Barça- Madrid por el título de Liga no se producía desde hace ocho temporadas Los Patriots entran en la leyenda del fútbol americano con su tercera Super Bowl en cuatro años La esquiadora María José Rienda aspira hoy a las medallas en el gigante del Mundial de Bormio. Después de tres podios, la granadina se ha instalado entre las grandes El oro espera a la dama blanca TEXTO JOSÉ CARLOS CARABIAS Los campeones lucieron sus trofeos en Barajas FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ DAVID DAVIS ACABAMOS CON EL CHAMPÁN DEL HOTEL ara que se hagan una idea, esto de ser campeón del mundo es algo así como llegar al cielo: una mezcla de sueño cumplido, realidad esforzada y premio al trabajo de muchos años que siempre se ve a lo lejos pero que parece imposible alcanzar. Pero lo cierto es que después de seis temporadas a las órdenes de Juan Carlos Pastor y siete finales jugadas con un presupuesto raquítico de apenas 600.000 euros, todo se podía esperar. La huella de la escuela de Valladolid, por la que han pasado hombres como Juancho Pérez, Iker Romero, Fernando Hernández... todos catapultados por Pastor, se ha hecho notar. Incluso nuestro capitán, Raúl González, del que nadie entendía su juego, dejará ser ser una rareza. Vista la corrección del primer partido contra Croacia, la final fue el momento idóneo para demostrar P que la lección estaba bien aprendida y todo fue sobre ruedas. Un hormigueo nos decía que podíamos ser campeones, que atrás quedarían los miedos y la presión que muchos decían que no podíamos soportar. Pero arrasamos y, a partir de entonces, e incluso parados, el corazón no bajaba de las 140 pulsaciones por minuto. Chillamos, sin saber muy bien qué, nos abrazamos, nos besamos, éramos uno. Los móviles quemaban. Mensajes, llamadas... la locura. El más especial, el de los Reyes, que nos hicieron llegar por fax sus más sinceras felicitaciones. Y comenzamos la que era nuestra fiesta. Apenas cenamos, todos teníamos los estómagos cerrados, pero sí brindamos con champán, aunque poco porque enseguida se agotó. Creo que no había bastante, no lo sé. Nos conformamos con muchas cervezas. Estábamos eufóricos. Nos acompañaban familiares y amigos que habían venido desde España. Y después, nos marchamos a bailar, amenizados por las narjiras (cachimbas) La hora tope la puso el aguante de cada uno. La verdad es que el cansancio hacía mella y los tunecinos no estaban para fiestas un domingo por la noche. Pero el cuerpo aguantó y de madrugada nos fuimos a dormir. MADRID. En Saint Moritz, la estación más chic de los Alpes suizos donde María José Rienda pone el motor a punto para el Mundial de Bormio, los chavales hacen novillos y sus padres no les reprenden. Al contrario, les acompañan. Allí donde el esquí es un deporte de culto, la granadina representa un tótem. En esta época del año, con la nieve omnipresente desde cualquier óptica en Suiza, las aulas se quedan medio vacías para seguir las evoluciones de María José. Y lo mismo sucedería con Anja Paerson, Tina Maze o Janica Kostelic. Las más grandes entre las grandes. Rienda es una de ellas. Medio anónima en España, donde la gente tendría dificultades para reconocerla de Despeñaperros para arriba, y una celebridad en el mundo de la nieve. Hoy, con el dorsal número 5, tiene una cita en Bormio (Italia) -el Mundial de gigante- -con la ilusión de que la España blanca sea algo más que la familia Fernández Ochoa. La voz de María José Rienda suena alegre al otro lado del teléfono. Está con su entrenador personal, el helvético Mauro Pini, su preparador físico, Carlos Álvarez, y el fisioterapeuta Norma Topaldi. Después de tres podios en la Copa del Mundo, sueña con el oro del Mundial: Después de los Ochoa, el esquí de alto nivel ha estado muy parado en España. A los Ochoa hay que estarles agradecidos por lo que han hecho. Éste es un deporte individual y si no eres el número uno, no vale. Si estás entre el puesto cinco y el diez, tu nombre se oye algo. Y si no es así, en la televisión sólo sale la leche que te pegas trocinadores de Rienda- -el otro, también de la zona. Caja de Granada- que se mueve en las alturas de la competición desde que el 26 de octubre de 2003, ganó el bronce en el gigante de Solden (Austraia) Se puede decir que hay un antes y un después de Solden en mi vida- -asegura- Fue la confirmación de que mi carrera iba por buen camino. Soy como las hormigas. Lenta, pero segura. Todos los entrenadores que he tenido me dicen que he mejorado con los años Luego llegó Maribor (Eslovenia) otro bronce, y más tarde Arhen, en Suecia, más metal de tercer grado. Rienda dejó de salir en la tele por sus estacazos en las pistas. Una española entre las mejores: En España se esquía mucho, probablemente más que en el extranjero, pero falta cultura, tradición de competir en esquí. A los aficionados les gusta el esquí como pasatiempo, como actividad, pero no como profesión. Es inútil compararnos con Suiza, Austria o Suecia. Allí el esquí es como el fútbol en España Disfrutar con la agresividad En su lento camino hacia la cumbre, María José Rienda ha perfeccionado el epicentro de su especialidad. En una prueba como el gigante, la clave no es la línea recta entre puerta y puerta. Ahí casi todo el mundo puede ir deprisa dependiendo de sus características físicas. La clave en la técnica del gigante es el giro en las puertas, la salida de la curva. Cuando menos tiempo pierdas en la curva, más posibilidades tienes de ganar Mañana medirá sus vivencias de quince años en Santa Caterina, en la estación de Bormio, en los Dolomitas italianos. Mi objetivo es darlo todo y, claro, ganar el oro, ¿por qué no? Espero disfrutar con la agresividad. Es una prueba que se presta a ello. Estoy entre las cinco primeras del mundo y si me preguntas, la mejor soy yo, claro. Si no me doy ánimos a mí misma, ¿quién me los va a dar? En la biblioteca Municipal de Granada reposan un buen número de libros que han deleitado una de las grandes aficiones de la española, la lectura. Y en su maletín, aparte de libros, esquíes, forros y demás, nunca faltan potitos, alimento de bebés por si acaso dice Rienda. Y al final del camino, la penúltima ilusión, los Juegos de Invierno de Turín 2006, los cuartos juegos de María José Rienda. Una progresión lenta Rienda es hija de su tierra. Nacida en Granada y criada en Sierra Nevada, la estación invernal que presume de ser la carretera más alta de Europa. No soy una pija- -cuenta- Tengo 29 años y llevo quince esquiando. Mis primeros esquíes fueron de alquiler porque no tenía para comprar unos. Ejerzo de granadina y llevo siempre conmigo el sol y la luz de Sierra Nevada El sol, la luz y también el sueldo. La estación andaluza es uno de los dos pa- En España se esquía mucho por afición, como pasatiempo, pero falta la tradición de competir