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46 MARTES 8 2 2005 ABC Sociedad Una frase del número dos del Vaticano reabre el debate sobre una renuncia de Juan Pablo II Dejémoslo a la conciencia del Papa dijo ayer el cardenal Sodano b El Pontífice siempre ha dicho que continuará desempeñando su servicio mientras Dios quiera lo cual no significa hasta la muerte expresión que jamás ha usado JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Saliendo al paso de los comentarios sobre la posible renuncia del Papa, repetitivos a cada bajón de salud, el cardenal Angelo Sodano, número dos del Vaticano, formuló ayer su deseo de que este Pontificado supere los 32 años de Pío IX y de que Juan Pablo II llegue a los 92 años de edad de León XIII. En cuanto a la posible renuncia, Sodano aconsejó: Dejémoslo a la conciencia del Papa en vez de un debate público, pues es un tema muy personal. Lamentablemente, la Agencia France Presse, conocida en Roma por manipulaciones anteriores, transmitió al principio tan sólo parte de la frase, desatando la inquietud que Sodano quería evitar. La renuncia de los Pontífices está prevista desde hace 22 años en un gran documento legislativo de Juan Pablo II, el nuevo Código de Derecho Canónico de 1983, y está regulada desde hace nueve en la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis de 1996 sobre el modo de gobernar la Iglesia y elegir un nuevo Papa a raíz de la muerte o renuncia del anterior. El primer debate sobre la renuncia de Juan Pablo II se abrió en enero de 2000 por unos comentarios del hoy cardenal Karl Lehmann, entonces obispo de Mainz y presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Lehmann no aconsejaba la renuncia, sino que manifestaba su confianza plena en que Juan Pablo II tendría la lucidez y el coraje de anunciarla en caso de que el avance del parkinson lo hiciese necesario. Leyes de la Iglesia El Código de Derecho Canónico promulgado por Juan Pablo II en 1983 incluye la posibilidad de renuncia del Pontífice. Artículo 1. Del Romano Pontífice. 332 2. Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie. La Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis sobre la vacante de la sede apostólica y la elección del Romano Pontífice también se refiere a la renuncia del Papa. Capítulo I, 3. después de la muerte o la renuncia válida del Pontífice Y sobre todo en el Capítulo V, 77: Establezco que las disposiciones concernientes a todo lo que procede a la elección del Romano Pontífice y al desarrollo de la misma deben ser observadas íntegramente aun cuando la vacante de la Sede Apostólica pudiera producirse por renuncia del Sumo Pontífice El cardenal Sodano, leyendo un mensaje de Juan Pablo II en septiembre de 2003 Calcuta fueron leídos por monseñor Sandri, vicesecretario de Estado y número tres del Vaticano, el mismo que leyó el mensaje y rezó el Ángelus junto al Papa el pasado domingo desde la ventana del policlínico Gemelli. AFP Al Papa le duelen las dudas sobre su capacidad para gobernar la Iglesia o para tomar la decisión de renunciar, sobre la que no necesita consejos difícil que quizá deba afrontar algún día. Entretanto, ha repetido que continuará desempeñando su servicio mientras Dios quiera lo cual no significa hasta la muerte expresión que jamás ha usado. Crisis en Bratislava La grave crisis de salud de la semana pasada no había reabierto el debate- -y ningún cardenal había hecho comentarios significativos- -precisamente por estar todavía fresco el que tuvo lugar en octubre de 2003, justo cuando Juan Pablo II celebraba el XXV Aniversario de su Pontificado. En aquellas semanas, después de una crisis en el aeropuerto de Bratislava, el Papa perdió casi por completo la posibilidad de leer textos y de hablar en público, por lo que la mayor parte de sus homilías de las Bodas de Plata, el nombramiento de nuevos cardenales y la beatificación de la madre Teresa de Razones de un silencio El silencio de los cardenales no se debe tan sólo a la escasa elegancia de hablar de la sucesión de una persona todavía viva sino, sobre todo, a una circunstancia que conocen los más allegados al Papa. Según han confiado su secretario, monseñor Stanislaw Dziwisz, y su portavoz, Joaquín Navarro- Valls, a Juan Pablo II no le humilla ni le da vergüenza que le vean encorvado, temblo- roso, incapaz de pronunciar con claridad o de retener la saliva. En cambio, le duelen las dudas sobre su capacidad para gobernar la Iglesia o para tomar la decisión de renunciar, sobre la que no necesita consejos. Es un Papa que ha roto docenas de tabúes, que ha incorporado la renuncia al Código de Derecho Canónico- -señalando que será válida si es libre y se manifiesta formalmente sin que sea necesario que la acepte nadie- y que tomará esa decisión si la considera necesaria. No antes, y no por lo que opinen otros, a favor o en contra. Es más, Juan Pablo II agradece un poco de respeto a su intimidad, a su conciencia, en torno a la decisión más Por el Espíritu Santo Ayer, durante la inauguración de los nuevos locales de la Librería Editorial Vaticana, un periodista preguntó al cardenal Sodano si el Santo Padre se había planteado en estos días la posibilidad de renunciar. El secretario de Estado respondió: Eso dejémoslo a la conciencia del Papa. Si hay un hombre en la Iglesia que es guiado por el Espíritu Santo, si hay un hombre que ama la