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52 Espectáculos LUNES 7 2 2005 ABC TEATRO Mamá, quiero ser famoso Idea, guión y dirección: Jordi Milán. Música, letras y dirección musical: Joan Vives. Escenografía: Castells Planas de Cardedeu. Vestuario: Cristina López. Iluminación: Marc Sardá. Sonido: Oriol Puig. Coreografía: Leo Quintana. Compañía: La Cubana. Intérpretes: Jaume Baucis, Xavi Tena, Meritxell Huertas, Ota Vallès, Toni Torres, Meritxell Duró, Santi Güell y Annabel Totusaus, entre otros. Lugar: Teatro Gran Vía. Madrid. CLÁSICA Ciclo de la ORCAM Obras de R. Barce, J. de Monasterio y G. Mahler. Intérpretes: Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dir. J. R. Encinar. Solistas: L. Moreno (violín) J. Larmore (mezzosoprano) y A. Opie (barítono) Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 1- 02- 05 ASALTO A LA FAMA JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN PASADO Y PRESENTE ESPAÑOL ANTONIO IGLESIAS S ostenía Noel Coward que la televisión es para aparecer en ella, no para mirarla, y esa consigna parece animar a la turbamulta de individuos e individuas empeñada en acceder a cualquier precio a la categoría de famosos televisivos, siempre que el concepto que se tenga de la fama sea el de aparecer en la pequeña pantalla por el motivo que sea o, mejor aún, sin motivo alguno: el motivo es salir. Vuelve a Madrid La Cubana, con las velas de la tarta de su vigésimo quinto aniversario encendidas, para presentar un divertido, multidisciplinar e inteligente montaje en el que, como se apunta en el programa de mano de la función, más que parodiar a la agreste fauna de personajes televisivos- algo redundante, pues suelen llevar ya incorporada de fábrica la parodia de sí mismos- se satiriza a quienes ven (o vemos) esos programas que son tan criticados como vistos. Como es costumbre de la casa, el espectáculo empieza en cuanto se traspasan las puertas del teatro, convertido para la ocasión en un plató televisivo. Se supone que cada espectador forma parte del público de un programa en directo especializado en la elección de famosos por un día y que, en virtud del contrato que le han dado a la entrada, se compromete a hacer lo que sea pa- La Cubana, en su último espectáculo ra conseguir la fama así que habrá de aplaudir cuando se lo indiquen y prestarse a las exigencias de un casting Hay un locuaz presentador y unos amenazadores índices de audiencia que se pulsan de cuando en cuando. El brillante conjunto tiene el apresto y el talante de una gran revista, género desaparecido y del que la gente de La Cubana siempre ha sido tan tributaria: música, canciones, bailarines, coloridos plumeros, lentejuelas, actuaciones, la imprescindible escalinata y mucho humor de distinto calibre. Los actores cantan, bailan y se multiplican en los muy diversos personajes y situaciones que se asoman al escenario: la tenaz acordeonista, los tertulianos del corazón con su algarabía inin- ABC teligible, un ventrílocuo que conoció tiempos mejores, la famosa por nada, la niña repipi experta en el Gotha rosa con sus padres y demás familia adosados... Todos al asalto de la fama, o sea, de esa fama catódica tan valorada. El público asiste a una descacharrante apoteosis de lo cutre con momentos memorables, entre ellos una encuesta hecha en el Rastro y aledaños a transeúntes comunes. Mamá, quiero ser famoso es un espectáculo cuidado al detalle y realizado con gran despliegue de medios, fresco, descarado, lleno de carga crítica que se sirve con desprejuicida ironía y con bastante y muy saludable mala uva. En fin, que si, como se asegura, el teatro es un espejo de la sociedad, la televisión no digamos. CLÁSICA Temporada OCNE Glanert: Argentum et Aurum Mahler: Totenfeier Henze: Concierto 3 para violín Sinfonía 5 Int. B. Schmid, violín. One. Dir. P. Rundel. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 4- 02- 05 TESTIGOS DE CARGO ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE l primer concierto del ciclo Carta blanca a Hans Werner Henze organizado por la Ocne, se ha iniciado con una discreta aceptación por parte de la audiencia. En la sesión del viernes los abandonos fueron ostensibles. Entre obras y durante ellas, lo cual explica el juicio que el público de la One le da a estas partituras y, singularmente, su educación cívica. A mi no me entra había E quien comentaba al final, imprimiendo, todo hay que decirlo, cierta lógica a sus palabras. A la audiencia de la Nacional, especialmente a la del viernes (peculiares filarmónicos que representan una muy pequeña parte de la totalidad de los oyentes madrileños) es difícil que les entre esta, ni muchas otras músicas tras años de mala educación auditiva. La larga historia de la Nacional es, hoy por hoy, capaz de llenar anales, estadísticas y memorias. Ahora bien, no serán muchas las líneas que se escriban tratando de ensalzar el nivel artístico alcanzado en los últimos tiempos. Para convencer de algo hay que estar convencido y, es obvio, o así cabe deducir a partir del ejemplo de esta primera carta que nuestra orquesta afronta este difícil reto programador, lleno de primeras interpretaciones y obras sustanciosas, con oficio, resabio y muy poco entusiasmo. Tiene algo de desalentador ver a un director como Peter Rundel tratando de dinamizar la se- sión mientras los profesores reposan en sus sillas, hacen el mínimo esfuerzo muscular y ofrecen una lectura que no pasa de suficiente. Y en el ínterin paga el pato el estreno de Detlev Glanert, Argentum et Aurum por otra parte un directo, decorativo y colorista juego orquestal sobre el antiguo Heinrich Issak, que quedó en mero apunte. O el violín de Benjamin Schmid, de muy hermoso sonido cargado de sustancia, pero solitario defensor del tercer concierto de Henze, obra plagada de bellezas posibles de estar al lado de profesores implicados en el detalle o en la inmediata juntura del conjunto. Cierto que el concierto fue a más a partir de un comienzo vacuo y un feo Tontenfeier de Mahler. Pero la modesta energía puesta de la quinta sinfonía de Henze y su intrínseco atractivo instrumental no fue suficiente. No lo habría sido en ningún caso para ese público desanimado que hablaba al final de músicas, programas y modernidades Como si ese fuera el problema... eñalamos el interés del programa ofrecido por la Orquesta de la Comunidad de Madrid, bajo la dirección de su titular José Ramón Encinar: pasado y presente de la composición española y obra grande del repertorio. Fue abierto con el Passacaglia de Ramón Barce, importante figura del Grupo Nueva Música que despierta hacia una vanguardia y que con esta página sinfónica- -estrenada hace un par de años- -supone una síntesis de su convencida actitud estética: liberación de la tonalidad, puntillismo, divertimento (en su más amplio sentido) aquí dentro de un general aire de marcha, sin evitar cortos momentos líricos de mayor comunicatividad, características que aquí permanecen, cuyo éxito obligó a saludar al compositor. La primera parte de la sesión la llenó el Concerto para violín y orquesta de Jesús de Monasterio, enseñante ilustre de nuestro siglo XIX. Una composición de sesgo romántico que puede parangonarse con nombres señeros y que tuvo como solista a una joven de 18 años de edad, Leticia Moreno, capaz de vencer holgadamente una suma de dificultades que, para vencerlas, se requiere una técnica ya rica en cualquier aspecto, además de un criterio traductor con un cantabile hermosísimo; asombro ante su arte de excepción. Claridad suma en Barce, atención y logro de la justeza en Monasterio, admiramos en la labor de los profesores de la Sinfónica comunitaria y de la excelente manera directorial de Encinar. No se inclinó más hacia lo positivo de su provechosa labor, cuando Mahler, porque los dos solistas en los fragmentos de Des Knaben Wunderhorn la mezzo Jennifer Larmore y el barítono Alan Opie, dentro de una calidad indiscutible, yendo de la altura del último hasta admirable por calidad y cantidad, se deslució en ella lo bastante para perturbar con momentos de inestabilidad, salvadas gracias a la pericia del buen mando directorial, tratando y consiguiendo el debido ajuste tras la reiterada inestabilidad de la mezzosoprano. El espectáculo se vería dañado por el beber reiterado de estos dos solistas (botellines con franja roja a sus pies) S