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46 Sociedad LUNES 7 2 2005 ABC Medio Ambiente inundado que daban cobijo a la población invernante de anátidas. Las gaviotas reidoras, que pasan el invierno en los basureros y se refugian en este espacio protegido en época de cría, rivalizan por conseguir un buen bocado con garcillas bueyeras, garcetas comunes y otras especies limícolas como avefrías, chorlitos dorados o agujas colinegras. Estas últimas pasan el invierno en África y, cuando se dirigen al norte de Europa para la temporada de cría, interrumpen su periplo migratorio y hacen una parada en Valencia coincidiendo con el enfangado de los arrozales del Parque Natural. La gaviota, como tiene el pico más corto, se alimenta de lo que captura en superficie. En cambio, el pico de la aguja colinegra, de seis o siete centímetros de longitud, le permite llegar a más profundidad explica Oltra. Cuando Vicente detiene su tractor para almorzar, las aves interrumpen su vuelo y se posan sobre el marjal, cubierto, en algunos puntos, por una fina capa de hielo producto de la última ola de frío, que ha dejado en el Parque Natural escenas que los lugareños sólo recuerdan si echan la vista al menos diez años atrás. Cientos de gaviotas rodean un tractor que se dedica a preparar los campos anegados para la siembra del arroz Más de 20.000 palmípedas sobrevuelan la zona atraídas por el fangueo, una práctica agrícola que saca a la superficie de los arrozales insectos e invertebrados que estas aves, acostumbradas a subsistir en los basureros cercanos, incorporan a su dieta. La población de gaviotas se duplica, pero el fangueo, además, reduce el uso de herbicidas porque neutraliza la aparición de plantas adventicias El mejor herbicida Además de enriquecer la dieta de las aves que llegan a La Albufera, el fangueo es una práctica agrícola con importantes efectos medioambientales, por cuanto minimiza el uso de productos químicos para el campo. Los tractores llevan incorporadas unas ruedas metálicas o gavias, de tamaño considerablemente superior a las normales, que remueven la tierra para acelerar su secado, evitar que el fango se compacte y proceder a la siembra del arroz durante el mes de abril. Se trata de un tratamiento mecánico contra plantas adventicias y malas hierbas que, aunque no evita, sí reduce considerablemente el uso de herbicidas, aumenta la superficie de la lámina de agua durante el mayor tiempo posible y permite compatibilizar el cultivo del arroz con la conservación del medio natural. Junto con la inundación invernal y el cultivo, el fangueo es una práctica agrícola subvencionada por la Unión Europea, ya que el arrozal es un humedal de gran valor ambiental, que exige mayores cuidados que cualquier otro campo de cultivo. El tractor reanuda su marcha y una nube de gaviotas le sigue. Son muchos años haciendo lo mismo y Vicente ya está acostumbrado a esta singular compañía. No es un trabajo duro, es como el de un chófer dice desde la cabina climatizada de su tractor, donde tiene conectada la radio con su música favorita para no escuchar el ensordecedor reclamo de las aves que le persiguen. Contra lo que no puede hacer nada más que aplicar una buena dosis de resignación y poner en funcionamiento el limpiaparabrisas, es la lluvia de excrementos que embadurnan los cristales de su vehículo. Con todo, Vicente es un afortunado. Los hay, como José, que labran la tierra con tractores mucho más modestos y que no tienen más recurso que protegerse con un sombrero y aguantar semejante chaparrón. Las gaviotas conquistan La Albufera TEXTO: ISABEL RODRÍGUEZ DE LA TORRE FOTO: MIKEL PONCE VALENCIA. Una estela de miles de gaviotas sigue al tractor de Vicente, un agricultor de Pinedo (Valencia) que estos días se afana en preparar para la siembra su arrozal del Parque Natural de La Albufera. Acostumbradas a hurgar con sus picos entre los montones de residuos sólidos que se acumulan en los vertederos de basura de la provincia, estas aves hallan en las tareas agrícolas de Vicente y de otros muchos labradores de la zona la mejor invitación para introducir variantes, al menos durante estos días, en su dieta habitual. Más de 20.000 gaviotas, casi el doble de las que se contabilizan en el parque en época de cría, sobrevuelan por estas fechas los arrozales de La Albufera atraídas por una práctica agrícola, el fangueo o enfangado, que saca a la superficie pequeños invertebrados acuáticos, anfibios, moluscos y larvas de insectos que permanecían enterrados y que sirven de alimento a estas aves. El Parque Natural tiene una superficie de 21.000 hectáreas, de las que 14.000 están dedicadas al cultivo del arroz, cuyos ciclos determinan los cambios de fisonomía que experimenta este paraje protegido, en el que el agua, con sus subidas y bajadas de nivel, se convierte en auténtica protagonista que confiere una marcada estacionalidad al entorno de La Albufera. El frío, las heladas y el viento registrados en invierno han hecho que el fangueo se desarrolle este año de for- ma escalonada. Ha habido años en los que se fangueó todo a la vez y se censaron 89.000 gaviotas. En momentos punta se han llegado a alcanzar incluso las cien mil explica Carlos Oltra, técnico de avifauna del Parque Natural de La Albufera. Moluscos, cangrejos americanos, gambas... son sólo algunos de los suculentos platos que las gaviotas incorpo- ran a su dieta gracias al trabajo de los agricultores que con sus tractores recorren monótonamente sus campos, de un extremo a otro y vuelta a empezar. Son enormes extensiones aún encharcadas que, desde mediados del mes de enero y fruto del vaciado del marjal, han asumido el protagonismo absoluto en un paisaje donde antes dominaban las grandes tablas de arrozal ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO MARIPOSAS DEL OCÉANO as mariposas migran por relevos. Es decir, mueren sin regresar del viaje y para compensar que la vida se quede tan corta realizan antes la puesta de huevos, de donde salen las generaciones de mariposas que completan la ruta. En realidad, habría que hablar más bien de emigraciones, porque son estas mariposas como esos emigrantes que no consiguen hacer fortuna y que jamás vuelven, y son sus nietos o sus bisnietos los que regresan. L Millones de mariposas monarca que hibernan ahora mismo en los bosques de oyamel, que es un abeto de las montañas del centro de México, abandonarán en los próximos días sus colonias de hibernación y, tras aparearse, emprenderán el vuelo hacia Canadá, adonde no llegarán. A mitad de camino, realizan las monarcas el desove sobre unas plantas llamadas quiebramuelas, y de ahí sale la generación de mariposas que llega a su destino y que da otras generaciones, por lo que son las bisnietas las que regresan en otoño a México sin haber estado nunca. Algunas llegan a cruzar el océano y han sido identificadas en Irlanda y Reino Unido y recientemente en la Península Ibérica, pero no dejaron descendencia, lo cual, para una mariposa, es morir para siempre.