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44 Sociedad LUNES 7 2 2005 ABC Los españoles, la nota más alegre El Papa, desde la ventana, impartió su bendición a los fieles congregados en la plaza del hospital Gemelli AP Juan Pablo II impartió la bendición desde el hospital con voz entrecortada Recordó que sigue sirviendo a la Iglesia y a toda la humanidad b El Papa agradeció el cuidado amoroso de los médicos, enfermeros y personal sanitario y las muestras de afecto recibidas de todos los lugares de la tierra JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. La arrolladora fuerza de voluntad de Juan Pablo II le permitió asomarse ayer a mediodía a la ventana del hospital Gemelli para dar su bendición con voz entrecortada al final de la lectura de su mensaje y del rezo del Ángelus a cargo de monseñor Leonardo Sandri. La reaparición del Papa y el escuchar su voz, aun quebrantada, desató una oleada de júbilo entre los fieles reunidos en la plazoleta del hospital y los que seguían el acto mediante grandes pantallas de vídeo en la Plaza de San Pedro. Tan sólo el ver al Papa desde lejos fue una inyección de optimismo para millones de personas que siguieron en directo la retransmisión televisiva con la esperanza de contemplar de nuevo su rostro desde que la grave crisis de espasmos de laringe e inflamación de garganta del pasado martes estuviera a punto de costarle la vida y obligó a ingresarlo de urgencia en el hospital. A medida que se acercaba el mediodía, aumentaba el optimismo pues los técnicos revisaban los cables de los altavoces y alzaban banderas de Italia y del Vaticano a un viento fresco de menos de diez grados. A las 11.55 horas se alzaron las persianas siempre entornadas de una habitación cercana a la del Santo Padre, se separaban las corti- Dos religiosas durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro nas, se abría la ventana y aparecía el Papa, con aspecto relativamente bueno para un convaleciente, saludando con la mano a la multitud heterogénea de fieles reunidos en la plazoleta. AP Conmovedor texto El italoargentino Leonardo Sandri, número tres del Vaticano, dio lectura un texto conmovedor pues el Papa agradecía el cuidado amoroso de los médicos, enfermeros y personal sanitario y las muestras de afecto recibidas de todos los lugares de la tierra Pero, sobre todo, aseguraba sus oraciones y así, incluso aquí en el hospital, en medio de tantos enfermos a los cuales dirijo un recuerdo afectuoso, continuo sirviendo a la Iglesia y a toda la humanidad Estaba claro: su servicio es el dolor, la oración y pidió que se respete la vida de los niños no nacidos y se facilite la adopción, subrayando que el desafío del respeto a la vida es el más importante de los que hoy afronta la humanidad Fue una lástima que un sacerdote tapase el rostro del Papa con una hoja de papel justo cuando bendecía, y que varios problemas técnicos diesen la impresión de que al principio se difundía una de las pruebas de sonido realizadas poco antes. Tras un corte y un click se oyó una voz mucho mas ronca, jadeante a cada palabra: Padre, Hijo, Espíritu Santo. Gracias A última hora de la tarde el Vaticano desmintió que se hubiese difundido una grabación. Una treintena de jóvenes de Toledo dieron ayer la nota más entusiasta en la plazoleta del policlínico Gemelli coreando al Papa convaleciente con gritos de ánimo. Además, los chicos y chicas de Toledo conmovieron por su oración intensa, formando un círculo, antes de que saliese el Papa y por el desparpajo de las banderas con la silueta del toro. Según Blanca, de 17 años, vinimos a rezar con el Papa porque necesita nuestras oraciones y le hacen sentirse mejor El público que acudió a ver a Juan Pablo II no podía ser más heterogéneo. Si el Santo Padre, enfermo, bendecía desde el décimo piso llevando un esparadrapo en la muñeca derecha, un italiano con pijama y batín, aquejado de hipertensión, se santiguaba con cuidado para que no se le saliese la aguja del gotero. Ayer había de todo en torno al policlínico Gemelli, desde tiradores de precisión de los Carabinieri en las azoteas hasta enfermos en los balcones y un campamento de furgonetas con antenas parabólicas en la colina de enfrente. Y en la plazoleta, un grupo multicolor de fieles conmovidos, entre los que se encontraba la alcaldesa de Nápoles, Rosa Russo Jervolino, que fue ministro del Interior y que lloraba dulcemente después de haber visto al Papa a la respetable distancia que supone la altura de diez pisos. Había también muchos españoles en la Plaza de San Pedro, todos pendientes de las megapantallas de vídeo que transmitían la señal cuidadosamente controlada por el Centro Televisivo Vaticano. Al principio apenas se escuchaba al Papa, y sólo lograron reconocer su voz- -torturada pero aun así entrañable- -en las seis o siete últimas palabras, roncas y cavernosas. Pero lo principal es que habían visto y escuchado al Papa.