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ABC DOMINGO 6 2 2005 91 El campo español ha perdido un total de 147.000 explotaciones entre los años 1999 y 2003 Más de cien manifestaciones en las principales ciudades francesas contra la flexibilización de las 35 horas lateral, donde sin presiones de plazos perentorios encontráramos puntos comunes. La negociación colectiva tiene muchos años y procesos inerciales. Sería bueno incluir el modelo de estructura salarial y su relación con la productividad y la competitividad. ¿Qué cree que no funciona en la negociación colectiva? -Se debería buscar más flexibilidad y adaptación a un proceso cambiante en el que hay empresas que se mueven por variables de hace diez años y otras a las que la globalización les afecta de manera especial. Si no tenemos capacidad de adaptación, lo único que tenemos son procesos que, a medio plazo, pueden verse afectados por la deslocalización, la pérdida de empleos e incluso la desaparición de empresas. -Entonces, ¿CEOE está de acuerdo con el informe de los expertos? -Los ocho expertos tienen el suficiente nivel de conocimiento del mercado de trabajo para que no se les escape ningún elemento. Ahora debemos decidir cómo nos servirá como elemento de trabajo. El informe es muy valioso, pero no es la negociación; la negociación de la reforma laboral funcionará en razón de lo que los interlocutores sociales pongamos encima de la mesa. ¿Cree necesaria una reforma global del mercado laboral? -Tenemos unas leyes que parten de una realidad de los años 70. Es imposible que sirvan para las necesidades de 2005. ¿Sería el momento de poner más parches al sistema? Momentáneamente, quizá sí. ¿Sería el momento de plantearse un escenario íntegro acorde con la realidad de 2005? Casi con toda seguridad, pero no hay que precipitarse y lo que se consiga debe contar con un consenso para que nadie se encuentre incómodo en un nuevo modelo. ¿Cómo lograr la flexibilidad? -El aparato productivo sigue perdiendo empleo y actividad. La competitividad se deberá analizar por sector, viendo qué efectos tiene la competencia exterior o cómo evitar perder los mercados consolidados. ¿Habría más contratos indefinidos en España si el coste del despido fuera más barato? -Probablemente, y sobre todo si el empresario supiera que cuando tiene que rescindir por necesidades uno o varios puestos de trabajo no va a encontrar dificultades que sean absolutamente insalvables, como muchas veces pasa. Esto ha sido denunciado muchas veces, no sólo por nosotros, y ahí deberíamos actuar con inteligencia. ¿Qué soluciones ven en CEOE para el problema de la temporalidad? -Tiene mucho que ver con la rigidez del mercado. En España hay una temporalidad necesaria. Hay que fijar qué empleos son temporales por naturaleza y tender a darles mayor estabilidad. No va a funcionar en el futuro el modelo de que un trabajador permanezca en la misma empresa de por vida. Lo importante es que, si pierde su empleo, por su formación y polivalencia, encuentre otro inmediatamente. La mayor seguridad no la va a dar la rigidez, sino la capacitación del trabajador. ¿Qué medidas propondrán? -A lo mejor se debe incorporar alguna nueva modalidad de empleo, que obedeciera a una carencia. Habrá que trabajar más con las políticas de empleabilidad, que tienen bastante que ver con los elementos de seguridad, en que el trabajador no se va a quedar desasistido, y a su vez, ligarlo con la flexibilidad. También fomentar la flexibilidad interna (jornada, formación, categorías... Debemos ser capaces de conjugar la adaptabilidad y la seguridad. ¿Se deben eliminar las bonificaciones y bajar las cotizaciones? -Sí. Hay aspectos que fueron importantes y otros que han tenido menores efectos, como la conversión de temporales en indefinidos, pero no sé si en este momento lo tendríamos que actualizar. Siempre hemos sido partidarios de que los costes extrasalariales bajen al máximo y linealmente. No somos de La mayor seguridad no la va a dar la rigidez del modelo; la va a dar la capacitación del trabajador los que nos apuntamos a la política de subvenciones. Creo que la mejor subvención es que los costes salariales, y los extrasalariales en especial, se reduzcan al mínimo posible. En cuanto a las cotizaciones, es nuestra cantinela permanente. Se ha demostrado que en los últimos cinco años los excedentes de la Seguridad Social permiten reducción de cotizaciones. El Pacto de Toledo ha incumplido una de sus recomendaciones. ¿Cree que se puedan cumplir los objetivos económicos de 2005? -No es bueno generar pesimismo, pero no es nada fácil. Es verdad que 2004 no se ha cerrado mal. Esperamos que 2005 esté en una senda de este tenor, pero hay segmentos de la actividad, en particular lo referido a nuestro comercio exterior, que no pintan bien. Y nos preocupa especialmente la creación de empleo, porque nuestra capacidad productiva está en sus propios límites. ¿Se logrará dar con un modelo mucho más competitivo? -Es que no tenemos otro remedio. El problema de la deslocalización no es irreal. Hay sectores, como toda la industria manufacturera, donde se están produciendo movimientos tremendos, y no podemos quedarnos cruzados de brazos, porque después lo lamentaríamos. No tenemos garantizado que el ciclo económico vaya a ser eterno. Eso sólo se produce si hay más actividad, si somos más competitivos, y si no perdemos capacidad de competir y de mejorar la productividad del empleo. ¿Cómo afecta a las empresas españolas la ampliación de la UE? ¿Y la competencia de China? -Habrá que estudiar el equilibrio porque no tendría sentido auspiciar un enriquecimiento en los países de la ampliación a costa del empobrecimiento de los que ya somos miembros de la UE. En cuanto a China, todos los países están inmersos en un proceso de globalización. La gente tiene que saber que debe competir y hacer su producto de la misma calidad y a menor costo. Se equivoca quien no conjugue la palabra globalización e ignore que sus competidores se pueden encontrar en cualquier lugar de la tierra. No tendría sentido que en el BBVA hubiera movimientos exógenos al margen de lo que son las reglas del mercado ¿Cree que hay injerencia del Gobierno en casos como el del BBVA? -En esto somos muy claros. Ha habido un proceso en España de privatización de empresas que estaban en manos del Estado y podía tener algún sentido que el Gobierno decidiera quién era el gestor de esas empresas. Pero ahora hablamos de empresas del sector privado, que tienen sus reglas marcadas en los mercados, que tienen gestores a quienes probablemente no se les puede hacer ningún reproche en su gestión, habría que ser tremendamente exquisitos para producir la seguridad en los ciudadanos, en sus trabajadores y en sus propios accionistas de que el Gobierno se dedica a otros menesteres, y en ningún caso interferir en la actividad, y mucho menos en el control, de una determinada compañía. Sería pertinente que eso se produjera, y así lo afirmó el presidente del Gobierno en el Parlamento. Estaríamos felices de comprobar que eso se cumple al cien por cien. El BBVA está gestionado por un equipo a plena satisfacción de sus accionistas, de sus trabajadores y de sus clientes, y no tendría sentido que tuviera movimientos exógenos al margen de lo que son las propias reglas del mercado para cambiar ni el equipo que dirige el banco ni los consejos ni la presidencia.