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ABC DOMINGO 6 2 2005 Espectáculos 73 Para llegar hasta el día del estreno oficial han sido necesarios más de cinco meses de trabajo de toda la Compañía La escena es complicada, coral, todo tiene que cuadrar al milímetro, incluida la entrada en escena del 600 rojo da que el teatro es un oficio, un oficio tan viejo como el mundo. Mientras, un fuerte olor a detergente y a lava más blanco que inunda la sala: las lavadoras no paran, y es que como nos explican, los actores se cambian cada dos días, y además, de todo lo que está en contacto con el cuerpo hay más de un juego Igualmente, la ropa se plancha a diario. Escalera abajo nos cruzamos con la figurinista y responsable de vestuario. Además, ella es la que hace teatrales los trajes y las vestimentas, la que los atrezza, es decir los retoca con barro, con grasa, con una mancha de café, en fin, con lo que sea. Hoy, precisamente, los actores verán si sus ropas les sientan bien, y no por presumir, sino para comprobar si dentro de ellos pueden realizar todos los movimientos que les exige la directora. Camerino tras camerino una escena se repite: sobre las mesillas siempre hay pastillas strepsil. La principal herramienta, la voz, no puede fallar. Un receso duante uno de los ocho ensayos generales Eduardo Vasco: Nuestra forma de vivir está condicionada por los clásicos Eduardo Vasco, el nuevo director de la Compañía asume el puesto como un sueño. Cualquiera que ame los clásicos y el teatro siente un vínculo con esta institución, y dirigirla es un privilegio y algo emocionante Para empezar, no se han andado con chiquitas y comienzan con una obra poco conocida y una directora tan innovadora como Helena Pimenta. ¿Es una declaración de intenciones? Sí. La compañía debe simultanear los textos indiscutibles con aquella parte del repertorio menos conocida Además de los montajes, Vasco quiere que el Clásico multiplique la presencia de sus producciones, publicaciones y actividades complementarias. Es la casa común de los españoles, de los hispanohablantes Ya puestos, le pedimos al señor Vasco un poquito de autobombo, que nos venda el producto, que nos haga su propio spot: Dejando aparte el disfrute del mejor teatro de todos los tiempos, en los clásicos estamos todos, ahora y antes. De casi todo lo que ocurre ya se ha reflexionado, escrito y fantaseado. Nuestra forma de pensar, de vivir está condicionada por ellos. En estos tiempos de rapidez y tecnología, nada mejor que la sabiduría de los clásicos servida con el medio artesanal más directo y humano: el teatro Tablas y tablillas Ya abajo, entre bambalinas, Massó nos muestra la tablilla, el cuaderno de bitácora de la compañía, donde se expone toda la información oficial necesaria para sus miembros, desde horarios de ensayo hasta todo tipo de incidencias que va a surgir, como entrevistas o pases fotográficos. Incluso, en un día como éste se colgará la felicitación oficial para el actor que acaba de ser padre. Al lado, en un tablón, se cuelgan las felicitaciones, los telegramas, las enhorabuenas y las distintas críticas. Bajamos de nuevo al patio de butacas. Frente a nosotros está reunido todo el elenco casi en posición de firmes ante la directora, su ayudante, Celia Pérez, y una de las regidoras. Joaquín Notario intercambia impresiones con Helena, hace sus sugerencias, mientras aparece alguien de sastrería con unas cartucheras. La escena es complicada, coral, todo tiene que cuadrar al milímetro, incluida la entrada en escena del famoso 600 rojo. Dios mío- -dice Helena- estoy intentado ver qué hago ¿Alguien tiene mi chaqueta, quién ha cogido mi chaqueta? se oye entre bastidores, mientras Pimenta pide una silla (está en todo) para el actor lesionado, que ya ha regresado de urgencias. Un fuerte golpe en las costillas, eso es todo. Que no es poco. Quince minutos de descanso. Algunos salen al bar de al lado a por un cafelito. Otros (no lo cuenten, está prohibido) echan un cigarrito en el hall del teatro. Un utillero repasa el escenario con una aspiradora. La suerte está echada. O casi. Helena Pimenta y Joaquín Notario intercambian impresiones en una de las escenas más difíciles del espectáculo Cervantes y los ordenadores. Son las exigencias del guión de los nuevos tiempos que vive el teatro, incluido el clásico, por supuesto