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36 Internacional DOMINGO 6 2 2005 ABC LA SEMANA INTERNACIONAL CHINA, EL GIGANTE AMABLE Se trata ante todo de convencer al Tío Sam de que no quiere ni puede desbancarle del primer lugar del ranking al menos por ahora MIGUEL SALVATIERRA Rose Mary Woods escenifica cómo pudo borrar la cinta de Nixon; sobre estas líneas Evelyn Lincoln, la asistente de Kennedy AP La reciente muerte de Rose Mary Woods, la legendaria asistente de Richard Nixon, ilustra la incondicional lealtad demostrada por algunas secretarias de los presidentes de Estados Unidos. Semper fidelis TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ, CORRESPONSAL WASHINGTON. Semper Fidelis Siempre Fieles es el lema aguerrido de la Infantería de Marina de Estados Unidos pero también debería aplicarse a algunas de las secretarias personales que han trabajado a la puerta del Despacho Oval. Este puesto de confianza, uno de los más antiguos en la historia de la Casa Blanca, fue en un principio monopolio de hombres o familiares de presidentes. Pero en tiempos modernos, algunas de las mujeres que vienen formando parte de este otro servicio secreto han demostrado con creces su lealtad hasta el final. John F. Kennedy con bastante humor negro solía bromear que si un día se le ocurriera decapitar en el Despacho Oval a su esposa Jackie, su veterana secretaria Evelyn Lincoln aparecería inmediatamente en la puerta con una sombrerera del tamaño adecuado para depositar la cabeza de la primera dama. El 22 de noviembre de 1963, en el Hospital Parkland de Dallas, sería Evelyn Lincoln la encargada de recibir los efectos personales del asesinado presidente, incluido su reloj Cartier. La reciente muerte a los 87 años de Rose Mary Woods, legendaria asistente de Richard Nixon, ilustra perfectamente ese historial de lealtad incondicional. Durante casi un cuarto de siglo, esta mujer casada con su trabajo acompañó a Nixon por diversos puestos públicos y privados hasta finalmente llegar en 1968 a la Casa Blanca. Irónicamente, Rose Mary vivía en un apartamento del complejo Watergate no muy lejos de las oficinas del Comité Nacional Demócrata donde un frustrado intento de colocar micrófonos degeneraría en la forzada dimisión de su jefe. Betty Currie, la secretaria de Bill Clinton AP Con diferencia, la imagen más famosa de Rose Mary Woods es una demostración práctica de como dañó una relevante grabación exigida como parte de las pesquisas del caso Watergate La escena muestra a la secretaria en una especie de contorsión para atender el teléfono con su mano izquierda mientras que supuestamente apretaba por error el botón de grabar en lugar del stop además de mantener el pie sobre un pedal para continuar avanzando la cinta que estaba transcribiendo. Conjunción de maniobras que crearon una laguna de dieciocho minutos y medio. La cinta dañada contenía una conversación confidencial en- Aún no está claro si el accidente de Rose Mary Woods al borrar la cinta de Nixon fue deliberado o fortuito tre el presidente Nixon y su jefe de gabinete, H. R. Haldeman, mantenida el 20 de junio de 1972, justo tres días después de la infiltración alevosa y nocturna en el cuartel general del Partido Demócrata. Por las fechas, los investigadores parlamentarios y judiciales del caso siempre creyeron que esos desaparecidos minutos podían contestar de forma incriminadora a la cuestión clave de qué sabía Richard Nixon y cuándo. Tres décadas después, aún no está claro si el accidente de Rose Mary Woods fue deliberado o fortuito. El presidente Nixon se limitó a recalcar su plena confianza en las explicaciones ofrecidas por su secretaria, supuestamente agotada por el trabajo de facilitar todas las evidencias solicitadas por el juez federal John Sirica. Como muestra de esta relación inquebrantable, cuando llegó el momento de dimitir, Nixon pidió a Rose Mary que avanzara la triste noticia a su esposa y dos hijas. Fuera como fuese, parece que la señora Woods se ha llevado su gran secreto a la tumba, sobre todo cuando hace dos años especialistas de los Archivos Nacionales se rindieron ante la imposibilidad de reconstruir con ayuda de moderna tecnología digital la inefable cinta sospechosamente borrada entre cinco y nueve veces. Con todo, Rose Mary no ha sido la única secretaria presidencial forzada a pasar por los tribunales en relación con la conducta de su jefe. Un trance compartido por Betty Currie, testigo encubridor de la saga Lewinsky que ella mismo empezó de forma inadvertida al anunciar a Bill Clinton: Señor presidente, la chica con la pizza ha llegado hina se ha convertido en el gigante amable. En el primo de Zumosol con el que todos quieren hacer negocios, ganar dinero y tener buenas relaciones. Un coloso de considerable tamaño y fuerza, pero todavía en fase de crecimiento y desarrollo. El gigante trata de caerle bien a todo el mundo y mantiene unas exquisitas normas de conducta. Rehuye las peleas que le puedan comprometer y en las que no ve ningún interés en juego- -Irak- -e incluso trata de mediar en aquellas en las que algún amigo enloquecido- -Corea del Norte- -pretende subirse a las barbas de otro gigante más crecido- -EE. UU. -y con el que conviene llevarse lo mejor posible. Sólo hay una cuestión que le exaspera sobremanera y que le lleva a alzar la voz y amagar con algún que otro bofetón: el enanito y hermanito taiwanés que osó un día hacerle la competencia. El gigante chino podría merendarse al pequeñajo de un bocado, pero causaría una nefasta impresión en sus amigos y le podría acarrear algún problemilla de imagen. Además sabe que el tiempo juega a su favor y que el enanito, mejor por las buenas que por las malas, acabará siendo víctima de la tremenda atracción de su poderoso estómago. Nuestro gigante quiere, ante todo, crecer tranquilo, de forma apacible, sin meterse en problemas. Ha conseguido hacerse muy amigo de los vecinos grandotes (Rusia, Japón, la India... y en general con todo su entorno. Es consciente de que para alcanzar su pleno desarrollo va a necesitar engullir ingentes alimentos y recursos de la más variada procedencia y para ello es fundamental tener muchos amigos. Su crecimiento no pasa desapercibido y también suscita recelos y miedos. El hoy gigante número uno, Estados Unidos, le vigila estrechamente con un respeto no exento de temor. Para el coloso yanqui una cosa es el músculo económico y otra el militar. El amigo americano habló estos días con sus colegas europeos para que no levantaran el embargo de armas impuesto por la matanza de Tienanmen. Al gigante chino no le ha gustado nada este gesto inamistoso, pero no por ello perderá las buenas maneras. Se trata ante todo de convencer al Tío Sam de que no quiere ni puede desbancarle de primer lugar del ranking al menos por ahora. Aún así y de forma disimulada se vende en el barrio asiático la imagen del gigante chino amable y amistoso frente al gigante estadounidense agresivo y matón. También se estrechan las relaciones económicas con toda la región para fomentar fidelidades y conjurar un posible movimiento antichino. Pero nuestro grandullón también tiene problemas y amenazas. Las profundas y crecientes desigualdades entre el campo y la ciudad amenazan con crear graves focos de inestabilidad. El recuerdo de las revueltas del campesinado del pasado son toda una advertencia. El activismo musulmán en extensas zonas del país y el nacionalismo tibetano junto a una imprevisible evolución del contencioso con Taiwán son focos de tensión que pueden estallar en cualquier momento. Pero, por ahora, la ascensión pacífica sigue su curso y puede que tengan razón algunos dirigentes al decir que, cuanto más fuerte sea el coloso y más reservas tenga, mejor podrá afrontar cualquier acceso febril o infeccioso. C