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ABC DOMINGO 6 2 2005 Internacional 29 La inseguridad en Irak limita la capacidad de maniobra del informador, que no puede desempeñar la tarea de fiscal que se le supone. Apenas hace lo que está a su alcance: escucha a la gente e intenta comprender sus problemas Los suníes piden que se dé fecha a la salida de las tropas extranjeras AFP BAGDAD. El Comité de los Ulemas, principal asociación religiosa suní de Irak, que boicoteó las elecciones del 30 de enero, supeditó su participación en la redacción de la Constitución a la fijación de un calendario para la retirada de las tropas extranjeras. Según este Comité, el representante de la ONU, Ashraf Qazi, le pidió que participe en el proceso político y la redacción de la Constitución a lo que respondió que impone exigencias previas como un consenso entre los partidos políticos sobre las fechas para la retirada de las fuerzas extranjeras Cuatro soldados iraquíes murieron ayer al estallar una motocicleta bomba al paso de su vehículo en Basora, según el ejército iraquí. En Samarra, al norte de Bagdad, dos niños que jugaban en la calle murieron al estallar una mina y dos soldados perdieron la vida en la explosión de un artefacto artesanal. Ayer seguía sin tenerse noticias de la periodista italiana secuestrada el viernes, Giuliana Sgrena. Periodista en Irak TEXTO: ALBERTO SOTILLO ENVIADO ESPECIAL BAGDAD. Los periodistas del New York Times en Bagdad viajan en un coche blindado de medio millón de dólares que, en caso de problemas, cuando detecta fuego expulsa chorros de agua hasta apagar las llamas y que, si es tiroteado, abre automáticamente unos pequeños orificios para que se pueda disparar desde el interior del vehículo. Junto a los periodistas, claro, viaja una comitiva de guardaespaldas surafricanos que escoltan el coche del medio millón de dólares y a los informadores que viajan dentro. No todos los medios se pueden permitir semejante despliegue. Pero el ejemplo del New York Times es indicativo de las limitaciones del periodista en Irak. Las grandes cadenas de televisión son otro caso sintomático. El reporterismo corre a cargo de periodistas y técnicos iraquíes, que ponen sus imágenes a disposición de los periodistas occidentales, que las editan en el interior de sus habitaciones, de las que tienen prohibido salir. Barbara Schiavulli, una reportera free lance a quien telefoneó desde su móvil la periodista italiana Giuliana Sgrena cuando era secuestrada el pasado viernes que van por libre, sin escoltas ni coches blindados, y que intentan confundirse con el terreno y reducir al mínimo sus movimientos. Ellas, ocultas hasta las cejas en sus mantos chiíes; y ellos, convencidos de que, bajo su zamarra, pueden pasar por kurdos, iraníes, o algo parecido. A nadie se le ocurre salir de Bagdad. Parece, además, conveniente no pararse en mitad de cualquier calle a preguntar a diestro y siniesto a la gente. Pero la apreciación del peligro siempre es subjetiva, y depende en buena medida del guía que nos acompañe. Hay traductores que se pasan de temerarios, y los hay que se pasan de cautos. El nuestro es de los segundos. Una vez conseguimos convencerle de acercarnos a la sede de un partido religioso AFP Ni acercarse a la piscina Es tan radical la orden, que se dice que a los de la NBC no se les permite ni acercarse a la piscina del hotel. Lo mismo puede decirse de las grandes agencias de información, que se nutren de las informaciones y fotografías que les sirven sus decenas de corresponsales iraquíes. Ellos son los que asumen los mayores riesgos, y los que de verdad cumplen con la tarea de informar en las zonas más delicadas. Queda la alternativa de trabajar empotrado con las tropas que ofrecen jergón, rancho y un paseo con la patrulla. Pero éste es un reportaje hecho mil veces. El problema de trabajar con las tropas estadounidenses- -dilemas deontológicos aparte- -es que el repertorio se acaba pronto. Y al fin, quedan los informadores chií, un lugar poco recomendable contra el que ya se han estrellado dos coches bomba. La visita sirvió para poco, pero, cuando intentamos regresar, el guía se negó en redondo. Insistía en que seríamos tiroteados, atacados con coche bomba y, en último caso, secuestrados. Nos enfadamos, pero no nos quedó sino renunciar. Un par de días después vino con gesto triunfal. El conductor de otro periodista le acababa de contar cómo estuvieron a punto de ser secuestrados, tras ser interceptados en una carretera por tres vehículos. La historia era muy cierta. De lo que ya no estamos tan seguros es de la moraleja que extrajo nuestro traductor: Les pasó por ir al partido de Al- Hakim el lugar al que él jamás quiso ir. Nos quedamos con nuestro hipercauto guía, pero somos muy conscientes de las limitaciones de nuestro trabajo. Un periodista en Irak no es un hombre libre, ni un informador que pueda investigar y fiscalizar, como se le supone. Hace lo que puede: habla con la gente, intenta comprender sus problemas y comparte una mínima parte de su miedo. Tampoco es cuestión de acantonarse en el hotel. Pero prefiere prescindir de ciertos movimientos, por elementales razones de seguridad. Irak no es un sitio muy recomendable para periodistas de ningún tipo. Pero si tuviéramos que buscar el perfil del candidato idóneo, diríamos que éste no es un lugar para héroes, sino más bien para cobardes.