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ABC DOMINGO 6 2 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR MEDIA ESPAÑA IGNACIO CAMACHO su jefe de filas, el presidente Zapatero, volcado en el empeño de desarmar a su adversario a base de benévolos guiños de complicidad y amistosas discrepancias no sobre el fondo de su planteamiento, sino sobre el procedimiento y la forma excluyente de su puesta en marcha. Actitud que, como no podía ser de otra manera, dio pie a Ibarretxe para preguntarle, en insólita réplica electoralista y mitinera, si su única objeción era que el plan no contase con el concurso previo del Partido Socialista. La sensación que ofreció el debate en el Congreso no fue, pues, la del rechazo mayoritario de la Cámara a un proyecto delirante de ruptura del Estado democrático, sino la de una coyuntural negativa a la manera en que Ibarretxe ha planteado su delirio. En este sentido, resultó absolutamente desalentadora la constatación de que gran parte de los grupos minoritarios, de filiación nacionalista, se sumaban con mayor o menor grado de entusiasmo a la posibilidad de que los territorios que componen la nación española puedan autodeterminarse a su conveniencia siempre que lo hagan de una manera dialogante y civilizada. De repente, el edificio constitucional, la casa común de una España plural razonablemente organizada en instituciones de autogobierno solidario, quedó resquebrajado ante la pusilanimidad general, de la que sólo Rajoy y el Partido Popular emergían con la solidez necesaria para defender la configuración política que ha proporcionado a España la mayor prosperidad de su Historia. No es casual que numerosos diputados socialistas felicitasen al líder del PP tras su intervención, un discurso que reflejaba la posición ideológica de cualquier demócrata situado en las coordenadas de libertad establecidas en la Transición. Las ideas expresadas por Rajoy- -que hoy vuelve a defender en una excelente Tercera de ABC- -pueden acoger bajo su amplitud a liberales, conservadores, socialistas y hasta comunistas leales a la tradición unitaria de su partido, hoy arrastrada por el fango de la conveniencia de manos de una dirección política errabunda y desquiciada. Se trata, simplemente, de la defensa de un concepto de nación moderna, democrática y plural, comprometida con las libertades individuales de sus ciudadanos y la expresión de sus peculiaridades diferenciales en ámbitos de autogobierno tan avanzados que limitan con el concepto de Estado federal. Una nación tan descentralizada que ha convertido a numerosos ministerios del Gobierno en meros supervisores de la legislacióncomún, y cuyos delicados mecanismos de solidaridad apenas admiten ya más vueltas de tuerca sin Rajoy e Ibarretxe se saludan el martes pasado en el Congreso IGNACIO GIL que se quiebre la imprescindible cohesión que garantiza la igualdad de los derechos de los ciudadanos Se trata, simplemente, de la defensa de un cualesquiera que sean sus lugares de origen y resiconcepto de nación moderna, democrática y dencia. Por eso es sorprendente y entristecedor que sólo el plural, comprometida con las libertades PP- -y una parte silente del PSOE que no consigue, o no desea conseguir, que aflore su alma democrática individuales de sus ciudadanos y la expresión de nacional- -defienda en voz alta y con firmeza este modelo razonable y estructurado que ha convertido sus peculiaridades diferenciales en avanzados a España en una potencia económica. Frente al discurso desafiante y centrífugo de las llamadas nacioámbitos de autogobierno nes sin Estado, el poder opone una especie de Estado sin nación, que cada vez será más débil como Estado rretxe comportarse ante las Cortes como un jefe de Estado a medida que vaya soltando nuevos trozos de soberanía disfrazaextranjero que encima se permitió utilizar el Congreso como dos de cesiones competenciales. El nuevo pacto descentralizador plataforma para un mitin electoral en el que ninguneó con que propone Zapatero para apaciguar las tensiones secesionistas chulería el valor de la representación legítima del pueblo esdel País Vasco y Cataluña no es más que un reparto desigual de lo pañol. Al menos, a Tejero no lo recibió en la verja una vicepreque hasta ahora se ha repartido con criterios más o menos comsidenta del Parlamento. pensados. Es decir, cada vez menos Estado, menos nación, menos Con todo, lo peor de esa jornada no fue la presencia retadocohesión y menos igualdad. Ya no se trata siquiera de una idea ra de un secesionista embravecido, sino la ausencia casi comretórica de España o de lo español, sino del concepto de lo naciopleta de un concepto nacional en el debate con él entablado nal como garantía igualitaria de los derechos individuales. por el resto de las fuerzas políticas. Sólo el líder de la oposiY lo peor no es que, el pasado martes, en la ignominiosa tarde ción, Mariano Rajoy, en su más brillante y sólida intervenen que Ibarretxe despreció el concepto mismo de soberanía nacioción en la Cámara, fue capaz de levantar ante Ibarretxe un nal, sólo Rajoy levantara la barrera de una España que, en su dique político basado en la idea de nación española. Justo es soledad política y conceptual, parecía sólo media España. Lo peor consignar que también el portavoz socialista, Alfredo Pérez es la inquietante posibilidad de que esa España ya demediada por Rubalcaba, estuvo a la altura que se espera de un partido hisel coyunturalismo esté agonizando, como escribió hace dos siglos tóricamente comprometido en la defensa del hecho nacional ese dolorido español de progreso que fue Larra, a manos de la otra y la cohesión territorial como factor de progreso, pero su dismedia. curso quedó ensombrecido por el tacticismo desplegado por director abc. es L El plan Blair Tony Blair se convierte hoy en el laborista que más tiempo ha estado al frente del Gobierno de Londres, pero también quiere pasar a la historia por su revolucionaria propuesta, lanzada al G- 7, de perdonar buena parte de la deuda de los países más pobres. Quienes le condenaron por su papel en el conflicto iraquí no reconocen ahora este plan Marshall del siglo XXI. Toca silencio. Ayuda divina ¿No dicen que a quien madruga Dios le ayuda? A mí me lo enseñaron de pequeño dijo ayer José Luis Rodríguez Zapatero como respuesta al mensaje de la Conferencia Episcopal, que, contra su doctrina tradicional, ha admitido la abstención en el referéndum de la Constitución de la UE por considerarlo precipitado. Olvida el presidente otro refrán- -no por mucho madrugar amanece más temprano- -y envuelve de ironía una reacción que revela lo poco bien que le ha sentado el último mensaje de la Iglesia. No ha terminado de asimilar Zapatero que los obispos prediquen entre sus fieles una libertad tan amplia como incómoda. A tarde del 1 de febrero de 2005 puede considerarse ya histórica por diversos motivos, pero la mayoría de ellos resultan en extremo preocupantes para el futuro de la vida española. Sólo un optimista compulsivo como el presidente Rodríguez Zapatero es capaz de encontrar argumentos esperanzadores en una jornada en la que el Parlamento sirvió de escenario para un arrogante desafío a su propia soberanía, propiciado por la voluntad apaciguadora de un primer ministro convencido del poder devastador de su sonrisa. Por más que el resultado de la votación sobre el plan Ibarretxe arrojase la tranquilizadora oposición de una inmensa mayoría contra el delirio secesionista del lendakari, la sesión del martes arrojó serias dudas objetivas sobre el proyecto de nación española que en estos momentos permanece planteado en la agenda política. Y además, permitió la escenificación normalizada de un reto radical en el que un presidente de Comunidad Autónoma negó formalmente, desde la tribuna del Congreso, la validez del concepto de soberanía nacional establecido en la Constitución española. Este insólito desprecio a la voluntad colectiva de los ciudadanos no lo planteó un guardia civil lorquiano armado con una pistola, sino un dirigente público elegido con arreglo a los procedimientos establecidos en la propia Constitución y el Estatuto de autonomía correspondiente, cuyos principios pretende impugnar al margen del criterio de la mayoría. Y fue la decisión del presidente Zapatero la que permitió a Iba- Montañas y hombres En una entrevista que publicamos en páginas de Deportes, Luis Aragonés narra su particular calvario como presunto racista. El seleccionador nacional de fútbol exhibe el lado humano de una polémica interesada y hace balance de un proceso instruido a partir de unas palabras sobre las que algunos quisieron construir una montaña desproporcionada.