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ABC SÁBADO 5 2 2005 Los sábados de ABC 101 y la tisis es muy contagiosa. Una tarde de noviembre, antes de que la Reina regrese a Madrid para cumplir con las tareas mundanas que la política le exige, Alfonso la toma de la mano y, mirándola a los ojos, le dice: Qué buena eres, Crista. No merezco ser cuidado como tú me cuidas; pero esto me anima, porque cuando yo me haya ido, tú cuidaras de España como yo lo hubiera hecho. Estas espontáneas palabras son un bálsamo para el corazón de la Reina Deber y soledad A mediados de noviembre, los jefes del partido conservador y liberal, respectivamente, Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta, se reúnen a puerta cerrada para debatir sobre la política a seguir después la muerte del Rey. Toman la decisión de sostener la regencia pase lo que pase, contra toda facción minoritaria que trate de dar un vuelco político, aprovechando la tragedia. El 24 de noviembre Alfonso XII expira con tan sólo veintisiete años. El 17 de mayo de 1886, seis meses después de la muerte de Alfonso, nace por fin su ansiado hijo, don Alfonso XIII, que fue Rey desde que nació. Sin dejar de prestar atención a la educación de sus hijas- -Mercedes es la heredera de su hermano- la regente se entregará en cuerpo y alma a la educación y formación del Rey. Alfonso nunca se irá a dormir sin haber escuchado alguno de los cuentos de su madre y sin haberle dado antes un beso. Algunos consideran que la vida de corte durante este periodo se caracteriza por ser muy aburrida. A su servicio sigue teniendo las mismas damas de honor, ya entradas en años, que sirvieron a Isabel II y a María de las Mercedes. Se cuenta que durante una procesión del Corpus Christi en que la Reina salió de palacio con sus damas en pos del Santísimo Sacramento, una mujer del pueblo criticó en voz alta la fealdad de las damas de compañía de la soberana, a lo que la condesa de Puñoenrostro, que la había oído, le respondió: ¡Y bien que lo sentimos, hija! El 17 de mayo de 1902, el Rey festeja sus dieciséis años y su mayoría de edad constitucional. María Cristina puede al fin respirar. Al día siguiente, el Rey firma su primer decreto en estos términos: Queriendo dar a mi augusta madre un testimonio de entrañable afecto vengo en disponer que, durante toda su vida, conserve el rango, honores y preeminencias de Reina Consorte reinante... La Reina regente con sus hijos: Alfonso XIII, la Princesa de Asturias, María de las Mercedes, y la Infanta María Teresa silewsky. Ella, que fue educada con austeridad por unos padres nada ricos, se asusta un poco ante tanto lujo repentino. El buen corazón de la Reina Madre la conmueve pero su inestabilidad la despista. Y presiente que su relación con ella no será fácil. unido para cumplir su misión de llegar a ser Reina. Y no sólo le ama, sino que también le admira, a pesar de sus defectos. Don Alfonso sonríe ocultando su tristeza. Desde hace unos meses se siente casi siempre cansado. Para disimular los esputos de sangre que le produce su mal, usa grandes pañuelos rojos, que luego tira sin que nadie se dé cuenta. El Rey se muere de tuberculosis mientras el pueblo se feli- Enamorada de su marido, a veces tenía que aplaudir en la ópera a cantantes con las que éste mantenía relaciones Los celos, a raya Pero después de algunos meses de casados, la Reina, como toda mujer enamorada, percibe algunos cambios en la actitud de su esposo. Presiente que no es la única que comparte el lecho del monarca. Fácil es imaginar cuál puede ser el estado de ánimo de una mujer que a menudo se ve obligada a aplaudir en la ópera a las cantantes que le roban el amor de su marido, o a saber que existe una correspondencia entre su suegra, la reina Isabel II, y doña Elena Sanz, a quien la Reina Madre llama afectuosamente mi nuera ante el cielo desde que le dio al Rey dos hijos varones. Esperaba que un heredero varón pudiera devolverle a su marido. Aunque no ignora que su matrimonio ha sido un asunto de Estado sufre por no haber podido conquistar el corazón de Alfonso. No es que el Rey sea desagradable con ella; al contrario, siempre se muestra encantador, pero la trata con una galantería que denota la indiferencia Se ha enamorado profundamente del hombre al que se había cita por tener a la cabeza un monarca tan valiente. es necesario fingir y actuar como si nada pasara. María Cristina va al teatro, se hace ver en la ópera, realiza sus paseos habituales con sus hijas... Ello le obliga a ir y venir a El Pardo dos veces por día, ya que quiere ser ella quien se ocupe personalmente de su esposo. Los médicos le prohíben permanecer mucho tiempo a su lado, porque está embarazada Baile en honor del Príncipe Imperial alemán Federico Guillermo. Alfonso XII entre su madre y su esposa