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ABC SÁBADO 5 2 2005 Los sábados de ABC 99 EL GUINDO MÓNICA F. ACEYTUNO Predicciones para el Año del Gallo Xian Fen Yuan, lista para hacer frente a los 3.000 kilómetros que le esperan hasta llegar a su pueblo El gallo es el décimo signo del zodiaco chino y representa a uno de los doce animales que, según la leyenda, rindieron homenaje a Buda en su lecho de muerte. Según los astrólogos, todos los nacidos bajo el signo del gallo, como los ministros Jesús Caldera y Carmen Calvo, el golfista Severiano Ballesteros y la actriz Melanie Griffith, destacan por su franqueza, pero también por su vanidad, excentricidad y fanfarronería. Aparte del esperpéntico flechazo vaticinado por unos futurólogos de Hong Kong entre la consejera de Estado norteamericana, Condolezza Rice, y el líder comunista de Corea del Norte, Kim Jong Il, las predicciones para este año coinciden en que se tratará de una época de gran tenacidad y espíritu de lucha, pero marcada por los desastres naturales y la inestabilidad internacional. La amenaza radica en que, al repetirse los ciclos del horóscopo chino cada 60 años, 2005 podría ser similar a 1945, cuando se lanzaron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Por este motivo, algunos adivinos ya han advertido de que una catástrofe de estas características podría volver a ocurrir, de igual modo que interpretan el 11- S de 2001 como una reproducción del ataque a Pearl Harbour, acaecido seis décadas antes. ATERRIZAR EN MÉXICO N Los viajeros aguardan su turno en la estación de Pekín. Millones de personas quieren pasar con los suyos estas fiestas que otra moneda sorpresa, las familias rinden un homenaje a los ancianos del clan. Pero no por ello se olvidan de los niños, que reciben sobres de color rojo llenos de billetes cuyo importe, para dar buena suerte, siempre debe ser par, excluyendo, eso sí, al número cuatro, asociado con la muerte. glés que los jóvenes chinos suelen adoptar desde hace varios años. Esta universitaria, nacida hace 21 años en Pekín, estudia Derecho Marítimo en Shanghai, en una de las más prestigiosas y caras facultades del país, y suele escoger el avión para viajar de vuelta a casa por vacaciones, al igual que otros 12 millones de sus compatriotas. Los 1.000 yuanes (100 euros) que Xiao gana en un mes trabajando como asistente doméstica, Katherine, cuyos estudios cuestan 6.500 yuanes (650 euros) al año, se los gasta en un pasaje aéreo. Mientras una manda dinero a sus parientes en el campo, la otra recibe cada mes una asignación de su familia de 1.000 yuanes (100 euros) para que pueda pagarse el alquiler del apartamento que comparte con varias amigas y los libros con los que ir a clase. Xiao, la criada, tuvo que dejar la escuela a los ocho años y, a los doce, ya estaba acarreando el estiércol de los cerdos en su mísera granja familiar. Por su parte, Katherine es una hija única fruto de la política de control de natalidad y del reciente desarrollismo económico. Pero, aunque cada una de ellas representa a las dos Chinas en que se divide este enorme país que es más que un continente, el Año del Gallo las une a ambas en las mismas tradiciones ancestrales. Petardos contra espíritus Tras la medianoche, grandes y pequeños se lanzan a las calles para disfrutar de los fuegos artificiales y de los petardos que se tiran para ahuyentar a los malos espíritus, que son tan potentes y peligrosos que hasta la Policía debe intervenir para evitar que estas fiestas se salden, como suele ocurrir todos los años, con centenares de heridos por quemaduras. Al día siguiente, toca visitar los templos budistas y a los amigos y vecinos para intercambiar los buenos deseos del kung- hsi fa- tsai que significa felicitaciones y prosperidad y disfrutar con las danzas de las máscaras de dragones y leones que, portadas por virtuosos bailarines, inundan las calles para espantar al mal. Un espectáculo que la criada Xiao Fen Yuan verá en su pueblo y al que también acudirá, pero a miles de kilómetros de distancia, Qiunnan Zhao, también conocida como Katherine según el nombre in- AP Twan yuan fan en la que saborean numerosas delicias de la gastronomía asiática que, además, tienen un doble significado. En este sentido, destacan el yú o pescado, que entraña abundancia; los shiuchao o raviolis y empanadillas con forma de lingotes de oro, que implican riqueza; el nien- kao o pastel de arroz, que representa la salud, y los langostinos, que se ponen rojos al cocerse y encarnan la felicidad. Después de tan copiosos banquetes, en los que no faltan los dumplings o sabrosas bolas de harina rellenas de vegetales, carne y alguna o hay ciudad que me haya impresionado más que la ciudad de México. Diez minutos antes de sobrevolar esta ciudad, toda la tierra que la rodea es hermosa, salpicada de luces como en el fondo luminiscente de un océano, cada pueblecito con su casa y su luz y su universo dentro de cada hombre y cada mujer que sueña. Por más que digan que el hombre estropea la Tierra, al menos por la noche, son aún más hermosas estas aldeas iluminadas que las deshabitadas estrellas, desperdigadas sus luces por una oscuridad que, desde el aire, no se distingue si se corresponde con el agua negra de algún lago, o con un monte que duerme tapado por la sábana de algún bosque. Al pasar Pachuca, aparece de pronto la Ciudad de México y entonces se tiene la impresión de no estar en la Tierra, sino en Titán o en alguna otra luna de Saturno, de misión espacial, porque aquello no parece una ciudad sino un satélite o un mundo, al fondo de un cráter, todo interminable y cuadriculadamente iluminado, junto a un cielo que ya amanece anaranjado, rojo, azul claro y azul oscuro en lo más alto, con tres estrellas que casi dan pena junto al brillo de abajo y el contraste de los volcanes que, como el lago y los montes, se ven tan negros que parecen recortables contra el día que amanece. Al estar el aeropuerto en mitad del distrito, hay que sobrevolar a cámara lenta el manto de luces, bajo una nube negra que recuerda un poco a la de Madrid en los días de sol y calefacciones, pero esta nube es aún más espesa y oscura, como si alguien estuviera quemando ruedas por todas partes. Amanece al aterrizar y la ciudad que parecía naranja y negra como una mariposa monarca, con la luz del sol se colorea toda, y se llena de ruidos y de vida, y el aire parece claro y limpio, aunque su olor nos recuerde lo que vimos desde el cielo. Todo obedece a ese principio de que la ciudad que crece, crece hasta el infinito, aunque no sea el mejor asentamiento, y se va acumulando la gente, sale de sus pueblecitos, deja sus luces y su universo y se incorpora a este ir y venir, a este tráfago, sin preguntarse jamás si no estaría mejor en otro sitio.