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98 Los sábados de ABC SÁBADO 5 2 2005 ABC TRADICIONES Con motivo del Nuevo Año Lunar, que se celebra el próximo miércoles día 9, más de 300 millones de personas recorren miles de kilómetros de una punta a otra de China para reunirse con sus familias y cumplir una tradición que equipara a todo el país por encima de las cada vez mayores diferencias entre ricos y pobres Apúntese al Año Nuevo... chino s chinos se consideran uno de los pueblos más afortunados del planeta porque, mientras el resto del mundo sólo celebra un día de Año Nuevo, ellos disfrutan de dos. El primero es el que marca el tradicional calendario gregoriano y que, fruto de la influencia occidental, se festeja el 1 de enero, mientras que el segundo se rige por el calendario lunar y, tras variar de un año a otro, ha caído en 2005 en el miércoles 9 de febrero. Ese día, o más bien a partir de esa medianoche, este inmenso país de 1.300 millones de habitantes despedirá al Año del Mono y dará la bienvenida al Año del Gallo con grandes muestras de júbilo y una estruendosa explosión de fuegos artificiales y petardos. No en vano, las fiestas con las que se conmemora el Nuevo Año Chino, el 4703 de su calendario, son comparables a la Navidad para los cristianos o al Ramadán para los musulmanes. Lo POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL EN PEKÍN tancia en la provincia de Sichuan, en el suroeste de China. A pesar de la antelación con que había previsto su marcha y de los 646 trenes que recorren el país estos días, Xiao no encontró un billete hasta la noche antes del viaje, cuando su patrón, el hotelero Charles Rhu, echó mano de sus contactos y le pagó los 500 yuanes (50 euros) que cuesta el pasaje. Arrastrada por la multitud que colapsaba la estación, una de las mayores del mundo, Xiao tuvo que pasar casi una hora en una de las gigantescas salas de espera en las que se hacinan los viajeros hasta que, en un incesante frenesí de salidas y llegadas, pueden acceder finalmente a los andenes. Una vez que esta marea humana se puso de nuevo en marcha en dirección a las vías, Xiao, cargando con sus pesadas bolsas de viaje, se lanzó a toda prisa hacia su vagón, abarrotado de pasajeros y atestado de bultos y maletas. Larguísimos viajes Por este motivo, más de 300 millones de personas se mueven estos días desde una punta a la otra de China para reunirse con sus seres queridos y pasar estas fechas en familia. Una de ellas es Xiao Fen Yuan, de 39 años que, como otros 145 millones de chinos, utiliza el tren para regresar a su hogar durante el Festival de la Primavera, como también se denomina al Año Nuevo Lunar. Como dichas fiestas se prolongan durante las tres semanas anteriores y posteriores al 9 de febrero, Xiao partió el pasado 18 de enero de la Estación Occidental de Pekín, ciudad en la que trabaja como criada, rumbo a su aldea natal, a 3.000 kilómetros de dis- Entre otros rituales, las familias se preparan con una limpieza a fondo de toda la casa Ya no pienso moverme de aquí ni para comer ni para beber ni para ir al baño comentó orgullosa a Los Sábados de ABC, anclándose a su asiento y suspirando con decisión, tratando de infundirse ánimos a sí misma por los inconvenientes de la promesa que acababa de formular. Y es que, a bordo de este desvencijado tren, Xiao tenía que pasarse aún más de 40 horas hasta llegar a la ciudad de Xin Wen, desde donde tomaría un autobús que la llevaría al remoto pueblo de Shan Jiao Xia. En esta aldea de no más de 500 habitantes, y en la que ni siquiera hay coches, la estaban esperando su marido, un pintor de 40 años llamado Xue Mzi, y sus dos hijos, de 18 y 11 años. Desde que su esposo enfermó por inhalar pintura mientras trabajaba en Pekín, Xiao mantiene a toda la familia y a sus padres, de 70 años, con los más de 1.000 yuanes (100 euros) que gana al mes como criada, casi el doble del salario medio en la capital china. Por este motivo, y según cuenta orgullosa, he podido construirme una casa de dos plantas que es la envida de todos, a pesar de que todavía no tengamos, como el resto de los vecinos, ni agua corriente ni una televisión en color Decoraciones callejeras para celebrar las fiestas. Estos días, los chinos echan la casa por la ventana en todos los aspectos sobre el comportamiento de la familia, por lo que, previsoramente, añadió un poco de azúcar a la boca del retrato con el fin de que éste no desvelara ningún amargo secreto. Una vez cumplido dicho ritual, la familia se dedicó de lleno a la limpieza de la casa, tirando todas las cosas viejas que ya no servían y procurando dejarlo todo impoluto para no tener que fregar en los seis días posteriores al Año Nuevo y evitar así que las fregonas y las escobas barran la buena suerte que suelen traer estas fiestas. Con la vivienda engalanada a base de coplas de primavera tiras rojas con bellos caracteres chinos que recogen palabras de felicidad y buenos deseos como prosperidad longevidad o riqueza los parientes de Xiao, como otros cientos de millones de compatriotas, ya se preparan para estrenar ropas nuevas durante la noche de Fin de Año. Rituales necesarios Allí, en compañía de los suyos, se disponía a disfrutar del Año Nuevo Lunar tal y como manda la tradición. Para empezar, justo después de su llegada, retiró la litografía que representaba al dios de la cocina, y que colgaba entre fogones y pucheros. A continuación, quemó el dibujo para que su espíritu acudiera a informar al Emperador de Jade Hay que estrenar ropa, rodearse de augurios y visitar a familia y amigos, sin olvidarse de acudir al templo La cena Twan yan fan Con toda la estirpe reunida en torno a una mesa redonda, símbolo de la perfección y eternidad que se le desean a los lazos familiares, los chinos celebran una gran cena llamada