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4 Opinión SÁBADO 5 2 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO MENSAJES CRUZADOS L OS dos principales partidos, PSOE y PP, han iniciado la campaña a favor del nuevo Tratado europeo conscientes de que la situación política actual está plagada de interferencias para un mensaje paralelo, pacífico y convincente, que busque tanto el apoyo de los ciudadanos como una alta participación. El hecho de que el referéndum del día 20 sea meramente consultivo no justifica llamamientos de baja intensidad ni libera a los dirigentes de ambos partidos de una actitud inequívoca. Si se pide el sí, porque se cree que el Tratado es bueno, en general, para España y para Europa, hay que hacerlo con todas las consecuencias. Y en esta premisa se encuentra mejor situado el PP que el PSOE, al que últimamente le brotan los escépticos del referéndum, aunque el empeño de los socialistas sea ir preparando el terreno para endosar al PP unos hipotéticos malos resultados. Está mejor situado porque Rajoy fijó posiciones desde el primer momento a favor del Tratado y porque quienes están atacando frontalmente al Tratado, pidiendo el no a los ciudadanos, son únicamente los socios del PSOE en el Parlamento nacional y en el tripartito catalán: Esquerra Republicana e Izquierda Unida. Cuando el PSOE pide al PP un sí, sin ambigüedades, está haciendo un ejercicio de ocultación de su responsabilidad política por la plataforma que diariamente entrega a los partidarios del no desde sus acuerdos parlamentarios y de gobierno. Lo que resulta ambiguo es que el PSOE pida el sí para el Tratado y gobierne en España con los dos grupos que piden el no. En algún momento tendrá que explicarse esta incompatibilidad de visiones y de principios, porque el PSOE dice no estar de acuerdo con sus socios ni en lo que significa Europa ni en lo que es España. El ambiente no es propicio para que ambos partidos, PP y PSOE, puedan ofrecer una imagen de concordia a los españoles ante el proyecto de una nueva Unión Europea. Puede ser ingenuo exigír- selo, más aún cuando uno de los frentes abiertos más virulento es el de política exterior. En esta parte de la acción del Gobierno, Rodríguez Zapatero no se ha privado de abandonar sistemáticamente, y con una celeridad digna de mejor causa, todas las posiciones ganadas para España por los Gobiernos del PP, sin gradualismo alguno. Como en Europa, en la que se estrenó Zapatero abrazando, con furor y sin ninguna contrapartida, al eje franco- alemán. Pronto se verá cómo funcionan estas nuevas prioridades de la diplomacia española cuando haya que negociar la reducción de fondos europeos y otros efectos de la ampliación. La gran amenaza de este referéndum, a tenor de las encuestas, es el aumento progresivo de los indecisos- -en mucha menor medida, pero visible, de los partidarios del no- probablemente en tránsito hacia posiciones de abstención, forzada por la tensión política general. En este sentido, la convocatoria anticipada de elecciones en el País Vasco va a absorber una buena parte de la atención de la sociedad española, como efecto inevitable del debate entre los partidos. Sobre todo, el Gobierno ha de ser consciente de que las urnas siempre son propicias para el desahogo de los ciudadanos y que la mejor manera de cortar esta tentación es actuando conforme a unas prioridades en las que se encuentre reconocida la gran mayoría de los ciudadanos. La mistificación de sentimientos en la voluntad del votante es incontrolable. La pedagogía política y la capacidad para simultanear discrepancias con consensos es lo que permite al ciudadano discriminar también su responsabilidad como votante de su afinidad partidista, cuando lo que se discute no es la alternancia en el Gobierno. Todavía es posible no defraudar más a los ciudadanos españoles y confirmarles en la seguridad de que una propuesta tan insolidaria e ilegal como el plan Ibarretxe, en vez de separar al PP y al PSOE, es capaz de reforzar sus coincidencias. Entonces, se entenderá mejor el apoyo a Europa. UN NUEVO BUSH L discurso sobre el estado de la Unión pronunciado por el presidente Bush, con quien hoy publicamos una entrevista en páginas de Internacional, evidencia que desea introducir cambios sustanciales en el diseño político exterior que caracterizó su primer mandato. No estamos ante una alteración de las líneas maestras, sino, más bien, ante una modulación de las mismas a partir de la experiencia cosechada durante la anterior administración. Los EE. UU. que emergen con la victoria de Bush parecen decididos a ejercer su liderazgo con maneras más flexibles. De hecho, su protagonismo hegemónico no está reñido con el ejerciciode una práctica multilateral que involucre a Europay al resto de los países que sintonizan con la longitud de onda que caracteriza la vigencia mundial de la sociedad abierta. La elección de Condoleezza Rice como secretaria de Estado avala este cambio de estilo. Es indudable que el mundo será más seguro mediante la propagación mundial de la democracia y sus formas institucionales y procedimentales. Pero para lograrlo es necesario alcanzar un difícil equilibrio entre la semántica de los principios y el ejercicio del realismo que ha de acompañar su consecución. Sobre todo cuando la amenaza del totalitarismo islamista es una trágica realidad que exige de quien aspire a derrotarlo un mínimo de coherencia entre los ideales que sostienen sus acciones y la materialización final de éstas. Con todo, el objetivo principal de los EE. UU. es sumar, no restar, para lo cual es imprescindible combinar una diplomacia firme con altas dosis de sutileza. Algo que en los dos últimos años se echó de menos debido a un cierto empecinamiento ideológico que restó credibilidad, por ejemplo, a su propósito de derrocar la cruel tiranía de Sadam Husein. La oportunidad que presenta Irak después del éxito de movilización democrática vivida durante las elecciones del pasado domingo confirma la nueva apuesta estratégica de Bush. Una apuesta que podrá salir triunfante si hace de la incipiente democracia iraquí un ejemplo para todo el Oriente Próximo. En realidad, la pacificación global de este escenario geoestratégico es el propósito final que está detrás del diseño querido por la administración Bush para toda la región. Un diseño poliédrico que trata no sólo de consolidar la democracia en Irak, sino de impulsar un acuerdo de paz definitivo entre Israel y Palestina al tiempo que no oculta su deseo de estimular la democratización de dos países clave, como son Egipto y Arabia Saudí, en la vertebración política y espiritual del mundo árabe. En fin, un nuevo estilo para que el aliento de la democracia consiga plasmar el sueño de Kant de que se alcance, por fin, una paz perpetua. E URGE LICITAR L A desconfianza es una costumbre nacional. Laprimera decisión de todo nuevo cargo electo es paralizar inmediatamente los proyectos de su antecesor. Más aún si era de otro partido político. Da igual si habían sido largamente negociados y gozaban de elevado consenso social. Pero parece que la ministra de Fomento se ha llevado la palma. Probablemente porque, cargada de prejuicios ideológicos, no pueda aceptar que los populares no lo hicieron todo mal o porque se creyó esa historia de que había que acabar con el modelo de crecimiento basado en el ladrillo. Lo cierto es que las constructoras han urgido al Gobierno a que licite ya los 3.800 millones de euros de obra pública paralizada y denuncian que el año pasado no se licitó ninguna inversión con financiación privada, frente a los 2.133 millones del año 2003. Seopan ha criticado también la falta de concreción del nuevo Plan de Infraestructuras (PEIT) que ya calificamos en estas páginas de mera declaración de buenas intenciones, muy del estilo de este Gobierno. La construcción representa el 18,2 por ciento del PIB y si el Ejecutivo se empeña en paralizar la vivienda y no concreta pronto sus planes en obra civil se corre el riesgo de un descenso brusco en la actividad del sector, con las graves consecuencias que ello comporta para el crecimiento económico, el empleo y la integración social de los inmigrantes. Ya ha habido tiempo más que suficiente para que la ministra, después de criticar la herencia recibida, se aclare, defina qué obras se van a acometer en el horizonte de esta legislatura y ponga en marcha los sistemas de colaboración con el sector privado contenidos en la propuesta de CEOE. Aunque el país se lleve una sorpresa con el reparto territorial de la inversión pública.