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ABC JUEVES 3 2 2005 Nacional IBARRETXE LANZA LA CAMPAÑA ELECTORAL TRAS EL NO A SU PLAN 13 Mariano Rajoy se consolidó con un discurso de hombre de Estado, claro, duro, pero moderado en las formas, y centrado en la defensa de los intereses nacionales La oposición tiene jefe POR ÁNGEL COLLADO EFE Mientras Rajoy prefirió preguntar en un día como ayer sobre la presunta intervención del Gobierno en varias operaciones empresariales, en referencia implícita a Sacyr, BBVA y Aldeasa, Zaplana reprochó que Zapatero estuvo más preocupado de quedar bien con el lendakari que de defender la Ley y las normas de convivencia. De la Vega replicó que el martes quedó clara la firmeza del Gobierno y que esta no está reñida con el diálogo En su réplica, Zaplana advirtió que los intentos para desmontar el modelo de convivencia no se acabaron con la votación del martes por la noche y llegó a acusar al jefe del Ejecutivo de dar alas a las aspiraciones independentistas, representadas no sólo por el PNV sino también por formaciones políticas como ERC. Así, recordó cómo Zapatero dijo que la votación de ayer no suponía el final de un plan sino el comienzo de otro acuerdo. Tras advertir del peligro de poner en marcha un movimiento que nadie sabe dónde puede acabar Para De la Vega no hubo dudas sobre la posición del Gobierno: Lo que está fuera de la Constitución, que lo que nos separa, divide y fractura es rechazado por los cauces constitucionales, con argumentos, con debate y con diálogo dijo. Por primera vez desde que se puso oficialmente al frente del Partido Popular el pasado mes de octubre, Mariano Rajoy recibe felicitaciones sinceras de todos los sectores de su partido. Acertó en el fondo y la forma en su discurso de rechazo al plan secesionista de Ibarretxe, con una intervención de hombre de Estado que, a juicio de los miembros de su equipo, pero también de los dirigentes que empezaban a recelar de su capacidad para fajarse en la oposición, le consolida como líder del PP y de todos los sectores del centro derecha nacional en su conjunto. Aunque ahora todos son elogios, el jefe de la oposición empezaba a generar discretas dudas entre algunos dirigentes de su partido que echaban de menos el contundente estilo de su antecesor, José María Aznar. Miembros del núcleo duro del anterior jefe del Ejecutivo, aznaristas puros, ex ministros más independientes, veteranos del grupo parlamentario y promocionados de la nueva etapa coinciden en las felicitaciones y el análisis: Rajoy ha encontrado su sitio con un discurso claro, duro, moderado en las formas, pero fiel a los principios en defensa de los intereses nacionales. Rajoy, dicen en el PP, dejó en evidencia el discurso personal y simple, quizá efectivo para el mensaje audiovisual dirigido al convencido que practica Rodríguez Zapatero, pero que queda muy pobre en la tribuna del Congreso. Frente al tacticis- mo posibilista del secretario general del PSOE, siempre pendiente de no enojar a los nacionalistas y de sacar provecho de partido en las elecciones autonómicas vascas, Rajoy se ha decantado- -y quedado sólo con su partido- -como defensor de la vigencia plena de la Constitución de 1978. En el PP no preocupa en absoluto esa soledad. Al contrario, creen que si consiguen trasmitir al conjunto del electorado que son el garante del orden constitucional, los defensores del cumplimiento de la ley y de la estabilidad institucional frente al talante vacío de Zapatero tienen mucho que ganar ante el conjunto de las clases medias. De nuevo la batalla por el centro Rajoy carece del perfil duro de Aznar, para lo bueno y para lo malo. El problema es que por mucha imagen de hombre de Estado lleno de sentido común y moderado que cultiva sin problema- -porque lo es y lo tiene acreditado- -es el jefe de la oposición y está obligado a bregar en el desgaste del Gobierno. Los populares confían en que la opinión pública, evidentemente preocupada con la ofensiva nacionalista, acabe por cansarse de talante a palo seco de Zapatero, las frases bonitas pero huecas y ese hacer como si no pasara nada del Ejecutivo socialista. Rajoy, dicen, demuestra que tiene las ideas claras para gobernar. De momento, convence a todos los suyos. FERNANDO FERNÁNDEZ AL DÍA SIGUIENTE n un movimiento calculado para mantener la estrategia de confrontación, el Gobierno vasco ha decido convocar elecciones al día siguiente de que su propuesta de Estatuto fuera rechazada abrumadoramente en el Congreso. Pero no sin antes llamar a una manifestación de desagravio. Como hacía Franco en la Plaza de Oriente ante la conjura judeomasónica. Puede dar resultado, porque pocos dudan hoy que Franco hubiera ganado elecciones de haberlas convocado en los sesenta. Recuerden que convocó y ganó varios referéndum. Pero eso no le hizo un demócrata, ni a su régimen menos autoritario. Es el caso que los nacionalistas vascos quieren apurar el victimismo para E perpetuarse en el poder y remedar los XXV años de paz. Y es una necesidad democrática que se produzca la alternancia. Aunque sólo sea porque gobernar ininterrumpidamente entumece los reflejos, favorece la molicie y propicia los excesos clientelares. En esa necesidad coinciden socialistas y populares. Es desgraciadamente en lo único que coinciden esta vez. Porque la sustitución de Nicolás Redondo y Rosa Díez al frente del socialismo vasco ha traído un cambio de estrategia, apoyada por Zapatero e inspirada en el Molt Honorable Maragall. Se trata atraer el voto nacionalista moderado que se haya podido asustar de la deriva soberanista. Por eso hay que condenar a los populares y recordar constantemente la guerra de Irak, aunque no las elecciones del pasado domingo. Se confía en poder llegar así a gobernar en minoría. El poder une mucho, sobre todo cuando se alcanza de manera inesperada. Y nadie en su partido le discute al presidente su autoridad moral y su olfato político. Pero las dos almas socialistas siguen vivas y se hicieron notar en las diferencias de forma y fondo de los discursos de Rubalcaba y Zapatero. El acercamiento amable podría funcionar si el nacionalismo fuera un partido político, pero es un Movimiento Nacional. De hecho en Cataluña no funcionó. Maragall perdió las elecciones y, si gobierna en vez de estar jubilado, como se especuló ampliamente en la semana siguiente, es porque los socialistas supieron aprovechar hábilmente las divisiones en el seno del nacionalis- La voladura controlada de España recogida en el artículo 13 del plan seguirá adelante mo, la ausencia de un heredero indiscutido y las ansias de poder de ERC. Nada de eso existe en el País Vasco. A medida que las encuestas electorales vayan marcando la imposibilidad matemática de que los socialistas alcancen votos suficientes para gobernar en solitario, irá creciendo la presión a favor de una gran coalición. Esperemos que sea resistida y no se repita el gran error que entregó el País Vasco a los nacionalistas como si les correspondiera por Derecho Natural. En cualquier caso, las elecciones no serán más que una fecha en el calendario. La voladura controlada de España recogida en el articulo 13 del Proyecto Ibarretxe seguirá adelante. Y sólo algunos ingenuos e insensatos pensamos que si se puede discutir de todo, cabría también hacerlo de la lengua, la bandera, el himno, y el concierto, porque son símbolos nacionalistas que los demócratas españoles hemos hecho nuestros en un generoso esfuerzo de integración que ha resultado inútil. Aunque solo sea para dejar claro que rechazar el Estatuto de Guernica es muy caro.